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Nosotros somos la solución

La ineficacia de quienes están en el gobierno, los ministros de siempre, se ha comprobado día tras día desde que están montados en el poder. Ahora quieren hacer creer que los problemas que aquejan la vida diaria de los venezolanos les preocupan, como si fueran nuevos estos problemas. Y eso es una burla que nos indigna a todos los venezolanos.

De pronto Nicolás, luego de haber sido Vice-Presidente, se dio cuenta de que los hospitales no sirven. ¿Y por qué no sirven? No será por culpa de los trabajadores ni de las enfermeras que terminan comprando desinfectante y llevando comida a los enfermos. No será por culpa de los médicos que como pueden orientan a las familias para conseguir las cosas que su enfermo necesita y el hospital no tiene. No será por culpa de los técnicos que resuelven para que un ascensor medio funcione. No será por culpa de los enfermos, Nicolás. El problema eres tú y tus cómplices en este desgobierno. ¿O es que vas a prohibir por decreto que la gente se enferme?

De pronto Nicolás, luego de haber sido el segundo hombre con más poder en el país, se dio cuenta de que las escuelas que maneja el Ministerio de Educación se han convertido en una trampa más de la pobreza, dejando a quienes tienen menos recursos sin la tranquilidad de que sus muchachos están cuidados y seguros. ¿Y por qué no funcionan bien esas escuelas, Nicolás? No será por culpa de los docentes, que como pueden van a cumplirle a sus muchachos, aunque no tengan dotaciones de material escolar. No será por culpa de los trabajadores, que han tenido que ver cómo hacer con los baños inservibles y las instalaciones cayéndose. No será por culpa de los padres, que hoy viven angustiados porque los malandros en los barrios están afuera, esperando que el muchacho abandone la escuela para meterlo al mundo de la delincuencia. No será por culpa de los alumnos, Nicolás. El problema eres tú y el empeño en buscar siempre una excusa política para echarle la culpa a otro. ¿O es que vas a prohibir por decreto que la gente quiera progresar y vas a obligarlos a que se conformen con lo que haya?

De pronto Nicolás, luego de haber sido el segundo hombre con más poder en el país, se dio cuenta de que nueve de cada diez delitos no son castigados. Además del alto costo de la vida, resulta que a los malandros y delincuentes la muerte de personas de bien les sale baratísima. ¿Y por qué no ha funcionado la Gran Misión A Toda Vida, Nicolás? No será por culpa de los dolientes que hacen colas en la morgue esperando, llorando por el dolor y por saber que el sistema de justicia no va a castigar ese delito. No será por culpa de los policías honestos, que no pueden denunciar a las autoridades que están metidas en la cochinada de las mafias y el narcotráfico porque saben que nadie va a proteger su vida. No será por culpa de los familiares de los presos, que sufren las requisas más crueles y los vejámenes más inhumanos cada vez que quieren visitar a un privado de libertad. No será por la prensa, que reseña cómo cada cierto tiempo arman su propia guerra y ustedes terminan negociando con los delincuentes de mayor jerarquía. No será por culpa de los venezolanos a los que atracan a diario, Nicolás. El problema eres tú y el empeño en distraer con la polarización tu incapacidad para darnos soluciones. ¿O es que vas a prohibir por decreto que a la gente le duelan los miles de venezolanos que ha matado la violencia, sin preguntarles de qué partido eran?

¿Cómo explicas este desgobierno, Nicolás? ¿Cuándo es que tú le vas a pedir disculpas a los venezolanos por haberlos hecho más pobres en apenas semanas de encargado? ¿Cuándo vas a terminar de aceptar que te conviene mantener a nuestros hermanos más necesitados secuestrados por la pobreza y sus trampas? ¿Cuándo vas a explicar cómo es que todavía dependemos del petróleo y de las importaciones? ¿A cuenta de qué te vistes con la bandera nacional, si tus políticas sólo benefician a los que están afuera y a los que tienen más plata?

Vives con la palabra “oposición” y con el nombre del presidente, que en paz descanse, puestos en la boca. Lo único que tienes son excusas y embustes, porque ni siquiera eres capaz de representar una evolución del modelo político de tu partido. Eres una mala copia que repite cosas por escrito, igualito que ahora que repiten los programas de televisión en el canal del Estado, haciendo que una misma promesa sea incumplida dos y tres veces. Mentiroso.

Durante años han tenido secuestrado el voto de quienes más necesitan ayuda. Pero la gente se cansó, Nicolás. Tu militancia se cansó y ya no te creen. Así de sencillo. El partido de gobierno, a punta de chantaje, les secuestró el voto a muchos venezolanos y los extorsionó cada vez que hay elecciones, porque eso es lo único que tienen: poder y dinero. Pero el buen gobierno es más que eso. Y es lo que quiere ver la gente.

Y nosotros no nos oponemos al buen gobierno, si lo hubiese, sino a la corrupción y al chantaje, a la mentira, a la pobreza, al abandono del pueblo. Síguenos llamando oposición, que así queda más claro qué es lo que representan tú y tu candidatura. Por nuestra parte, nosotros sabemos que somos la solución. Y eso es algo, Nicolás, que tú no puedes decirle ni a tu propia militancia. Mucho menos a quienes has excluido por no compartir tus ideas.

 

¡Venezuela somos todos!

La Grita 2

En más de una ocasión he dicho que la política es un oficio que debe ejercerse para servir a los demás y no para exigir obediencias ni lealtades. Mucho menos para servirse a uno mismo o para engañar a los demás haciéndoles creer que uno es un enviado.

La palabra “elegido” en la política no tiene nada que ver con ser señalado por una persona, sino electo por muchas más que están de acuerdo con unas propuestas y unas directrices que fueron capaces de captar su voto. Pero esas personas que votan por uno no deben convertirse en cómplices ni en alcahuetas de los errores que puedan cometer los funcionarios, sino precisamente en quienes defiendan y custodien que los compromisos se cumplan.

Algunos políticos como Nicolás, demasiado alejados del voto popular o demasiado cerca del nombramiento hecho a dedo, olvidan esto con mucha facilidad. Lo hacen por una sola razón: no se conciben sin tener el Poder. Son el poder que tienen y nada más. No son su voluntad, ni su vocación, ni sus ideas ni sus propuestas. Y eso tiene que ver con haberse alejado demasiado de quienes en verdad deberían tomar las decisiones: los venezolanos.

Por eso el único lugar que consiguen para hablar es el poder de otro. Y eso sucede porque no tienen piso propio ni ganas verdaderas de encargarse de un país que cada vez tiene más problemas y menos soluciones. Porque estas semanas de desgobierno de Nicolás no solamente han empeorado la economía y la calidad de vida de los venezolanos: también ha despreciado la esperanza y la confianza de un grupo mayoritario de venezolanos que votó por un proyecto y hoy ellos han traicionado.

Es evidente que Nicolás no pensó en ninguno de los venezolanos cuando, por ejemplo, devaluó nuestra moneda e hizo que todas las familias venezolanas fuesen más pobres de la noche a la mañana. Todas. Las que los apoyan y las que no. Las que votaron por ellos y las que no. Las que tiene dinero y las que no. Las que engañó diciéndoles que esa decisión la íbamos a tomar nosotros y las que nunca le creyeron y prefirieron votar por el Futuro.

Y si Nicolás no pensó en ninguno de los venezolanos antes de tomar esa decisión, y otras que en menos de cien días aumentaron los niveles de inflación y de escasez, es porque está donde está sin haber sido electo por el voto popular.

¿Por qué no sacan ahora aquel falso Paquetazo que utilizaron de una manera sucia en la campaña hacia el 7 de octubre? Porque su gente se daría cuenta de que son ellos los que han cumplido paso por paso lo que dijeron que iba a pasar si perdían.

Son ellos los que han aplicado su Paquetazo Rojo. Son ellos los que han preferido empobrecer a nuestras familias antes que parar la regaladera de recursos y resolver los problemas de los venezolanos antes que los de otros países a los que ya hemos ayudado lo suficiente como para que por una vez en catorce años le toque a Venezuela tener un gobierno para el que los venezolanos sean la prioridad.

A Nicolás. No le importa el pueblo, sino el poder. Y sus acciones lo delatan.

A muchos les conviene que el partido de gobierno logre mantenerse en el Poder a como dé lugar. Sobre todo a quienes el propio presidente Chávez, hoy fallecido, acusó de incompetentes y de ineficaces en más de una ocasión. Mientras el partido de gobierno controle todas las instituciones, cada uno de los casos de corrupción que involucran a algunas de las cabezas más visibles del gobierno de Nicolás estarán escondidos de la justicia que todos los venezolanos de bien, de la tendencia política que sean, esperan se aplique a quienes roban y mienten, a quienes usan las esperanzas ajenas, a quienes chantajean al pueblo con su dolor y sus necesidades.

Pero la mentira tiene patas cortas, Nicolás. Cada una de las mentiras ha ido saliendo a flote y han sido a los militantes de tu partido y a la gente que puso las esperanzas en un proyecto que no han podido cumplir. Desde la aplicación de tu Paquetazo Rojo hasta cómo has manipulado con algo tan delicado y sagrado como puede ser el dolor que resulta de la muerte de un ser humano.

El partido de gobierno fracasó y es el momento de que Venezuela deje de ser gobernada para cumplirle a una militancia y pase a dedicarse a hacer posible los sueños y la superación de todos los venezolanos de bien, sin importar su tendencia política. Este momento exige un liderazgo capaz de dar un buen gobierno a quienes confíen en la propuesta que verdaderamente los incluya. Pero verdadera inclusión, no simplemente nombrándolos y secuestrando su esperanza a cambio de un voto.

Los venezolanos pueden ver con claridad qué es lo que quieren: que el desarrollo de sus capacidades le permitan conseguir un trabajo para superarse, que lo que ganen gracias a su esfuerzo les alcance y permita ahorrar, que cada familia tenga asegurado su sustento y los servicios básicos para vivir tranquilos y que esa felicidad verdadera de estar en un país donde se puedan cumplir los sueños nos permita dormir tranquilos. Nosotros sabemos cómo hacerlo.

¡Venezuela somos todos! Volvemos a tener la oportunidad de construir el país que soñamos. Depende de nosotros y de nuestro voto el próximo 14-A. ¡Vamos a lograrlo Juntos!

Mentirosos y entrampados en sus mentiras

Como líder y gobernador de un estado, lamento enormemente que las víctimas de una cadena de engaños que ha caracterizado estas semanas en las que el país ha sido encargado al vicepresidente sean, precisamente, esos venezolanos a los que votaron por la reelección del Presidente Chávez.

Una de las más grandes faltas de respeto del gobierno central ha sido creer que hacer política se trata de conservar el poder a como dé lugar, solo por la ambición. Es lo que ha caracterizado al partido de gobierno y, a cuenta de eso, han ido acumulando una mentira tras otra para chantajear y encandilar a sus seguidores.

Fueron engañados quienes votaron esperanzados en un proyecto político que les prometió, una vez más, que no habría devaluación, que el hampa dejaría de matar venezolanos en las calles, que nuestra economía era fuerte o que el presidente estaba sano.

No hablo de quienes tienen los grandes negocios con el gobierno, porque esos son quienes se benefician con ese Paquetazo Rojo que desde ya pesa en la conciencia y en la carrera política del vicepresidente Maduro. Creo que tanto él como el ministro Giordani tendrán que rendir cuentas a muchos venezolanos que confiaron en esos embustes que han ido poniendo uno detrás de otro para mantener esta farsa política, este rotundo fracaso, esta mentira.

Pero la mentira tiene las patas cortas, como dicen las abuelas.

¿Por qué no se dedican a encontrar soluciones y dejan de preocuparse por el eterno asunto de buscar a quién echarle la culpa? Porque no saben cómo hacerlo, porque no pudieron, porque fracasaron dedicándose al espejismo de la polarización política y olvidaron que gobernar es mucho más que recitar frases ajenas y hablar por televisión.

Hoy los venezolanos tenemos la vergüenza económica de ser el único país de la región que ha devaluado su moneda. ¿De qué le sirve a este gobierno llenarse la boca diciendo que, supuestamente, lideran una revolución continental, cuando los otros países aumentan su producción y sus ganancias —muchas veces a expensas de la riqueza de los venezolanos— y nosotros amanecemos, por el capricho del Ejecutivo Nacional, mucho más pobres?

Se llenan la boca autoproclamándose líderes mundiales. Se llenan la boca diciendo que tenemos las mayores reservas de petróleo del Mundo. Se llenan la boca hablando de justicia social. Y al final, terminan como siempre: tramando todo en la sombra, en lo oscuro, lejos de los ojos del Pueblo.

Solamente la teme el que la debe. Y quienes están encargados del gobierno en este momento le deben mucho a los venezolanos. Se les olvidó que las decisiones que toman inciden en la vida de todos, incluso en la de su militancia. Esos errores históricos afectan la vida de quienes menos tienen y esos venezolanos no se comen el cuento de “los dólares del Pueblo” ni de llamar “ajuste” a esa catástrofe que se parece demasiado a lo que tanto critican.

Hasta una felicitación por parte del Fondo Monetario Internacional recibieron.

No me canso de decir que pertenezco a un liderazgo nuevo, que sabe que gobernar bien consiste en darle soluciones a los ciudadanos, sin importar su ideología, su tendencia política ni las diferencias con quienes hemos sido electos por el voto de la gente. Ellos convirtieron la política en un circo vacío, donde sólo se tienen discusiones infértiles que nada tienen que ver son el día a día de las familias venezolanas que, en tan sólo dos meses, son más pobres y siguen estando desprotegidas por un gobierno central que cada vez se endeuda más y resuelve menos.

Si tenemos los precios más altos del barril de petróleo en años, ¿cómo pretenden esconder que la devaluación es para intentar resolver la falta de dinero por culpa de un Estado que se gastó toda la plata en nombre del partido?

Si la economía va bien, ¿por qué prefieren empobrecer a las familias venezolanas, en vez de para la regaladera de dinero que el gobierno le hace a otros países para mantener las apariencias y algunas amistades políticas?

Si todo está bien, ¿cuál es el secreteo y la escondedera? ¿Hasta cuándo tendrán el embuste y el capricho como únicas políticas de Estado?

Nadie responde a esas preguntas. Prefieren hacerse los locos o inventarse embustes que no compran ni ellos mismos. Los simpatizantes del oficialismo con quienes he hablado recientemente, e incluso algunos que he leído opinando sobre el asunto, ponen en evidencia una sola cosa: le mintieron al Pueblo y eso tiene consecuencias inevitables.

Hoy están entrampados en sus mentiras. Pasadas las fechas electorales, abandonaron al Pueblo nuevamente, usándolo como si los venezolanos fuésemos sólo cifras y no seres humanos con necesidades, sueños y capacidades diferentes.

Lo que les pone más cuesta arriba el asunto es que los políticos del partido de gobierno se han convertido en enemigos de sí mismos, porque le han fallado demasiado a quienes por última vez confiaron en su palabra.

Mentirosos, dejen la cháchara y la politiquería y cúmplanle a los venezolanos. Ya va siendo hora de que ustedes mismos revisen los catorce años de promesas incumplidas que llevan a cuestas y se hagan responsables del fracaso que hoy es más evidente que nunca.

En esos catorce años los hemos visto cometer un error tras otro. Eso debería servir al menos para evitarlos a la hora de gobernar.

Gobernar es una tarea que requiere de voluntad y compromiso. Pero sobre todo de confianza. Y la confianza en ustedes cada vez está más rota, más devaluada.

Y si la tarea es demasiado grande para ustedes, háganse a un lado y dejen que un futuro mejor llegue a las vidas de los venezolanos. Un futuro que también los incluye a ustedes.

¡No devaluarán el futuro!

Seguimos en la calle, trabajando juntos por un futuro mejor.

Seguimos en la calle, trabajando juntos por un futuro mejor.

Nuevamente, como han hecho durante catorce años de ineficacia, las mentiras del gobierno central golpean a los venezolanos más pobres. El año pasado este gobierno llevó a cabo una costosísima campaña presidencial en la que se llenaron la boca hablando de la fortaleza de la economía. Tanto fue así que una promesa estuvo presente en el discurso del candidato que hoy es presidente, aunque lleve más de dos meses ausente: a los venezolanos nos dijeron que no habría devaluación. Sin embargo, aunque no hayan tenido la entereza de transmitirlo por todos los medios de comunicación en cadena nacional, los encargados de la Economía y las Finanzas de todos los venezolanos anunciaron una devaluación que hizo que el precio del dólar oficial pasara de Bs.4,30 a Bs. 6,30. Ya no es necesario poner la F de “fuerte” porque esta medida ha dejado en claro que si algo no tiene nuestra moneda es fortaleza.

Así estarán las cosas que, acostumbrados a maquillar cifras a su conveniencia, tuvieron que declarar un aumento de la inflación y de la escasez. Súmenle a eso que también aumentaron la unidad tributaria, encareciendo los costos de todos los trámites que los ciudadanos llevan a cabo día tras día. Y hacen todo eso justo antes de anunciar la devaluación del bolívar y reconocer públicamente el fracaso del SITME en una rueda de prensa exprés, en la que apenas dejaron que los periodistas hicieran las preguntas justas.

Dos meses a cargo del país y hasta sus propias mentiras se les va de las manos. Pero la irresponsabilidad de quienes están al mando del gobierno durante estas semanas parece no tener límite. El ministro Giordani, palabras más palabras menos, quiere hacernos creer a los venezolanos que la economía del país está bien y que por eso devalúan la moneda. ¿A quién quieren cortar con ese cuchillo de cartón de la especulación? Todos sabemos quiénes son los que se han vuelto cada vez más ricos. Nos han convertido en un país mucho más dependiente del petróleo y rentista que cuando llegaron al poder.

El asunto es que hoy les resulta imposible tapar el sol con un dedo, pues desde sus propias filas muchos de sus seguidores, incluyendo a sus opinadores de oficio, no han tenido otra salida que reconocer el profundo fracaso y la derrota económica que todo esto representa para el país. Si creen que a los venezolanos vamos a olvidar que todo esto es consecuencia, entre otras cosas, de una altísima corrupción y de que han sido incapaces de elevar la producción nacional, están equivocados. Por más ollas que monten y bombas de humo con las que quieran distraer a las familias venezolanas, el Paquetazo Rojo que le han puesto como un grillete al futuro de los venezolanos ha quedado en evidencia. No han podido darle al pueblo el país que merecemos.

Hoy el pueblo les reclama cada una de las promesas que se hicieron en la campaña presidencial. Cuando se gana una contienda electoral no se hace para seguir prometiendo ni manipulando a los seguidores que confiaron en su propuesta: si se gana es para gobernar y cumplirle a todos, a quienes votaron por uno y a quienes no. El problema es que este gobierno no ha salido de una campaña propagandística y politiquera. Yo creo que el buen gobierno es posible y Miranda es una muestra de eso, a pesar de los obstáculos que han puesto, ponen y pondrán desde Miraflores. Las regiones siguen siendo víctimas del centralismo.

Mientras el pueblo sigue esperando que la seguridad, el desempleo y el poder adquisitivo tengan soluciones eficaces, ellos hacen cadenas nacionales sobre una gorra tricolor que todavía les duele porque saben lo que representa. El buen gobierno es capaz de convencer hasta a quienes no comparten las mismas ideas políticas, porque el buen gobierno cree en las soluciones y no en la politiquería. Por eso la mayor de las consecuencias que tendrá el incumplimiento de los políticos del partido de gobierno es que sus propios militantes se han dado cuenta de que la ineficacia ha llegado a su punto máximo: después de los carnavales que utilizaron para esconderse y aplicar la devaluación, las familias venezolanas volvieron mucho más pobres, con el salario disminuido y las angustias aumentadas.

Quienes han gobernado la economía del país le deben al pueblo mucho más que explicaciones. Le deben sus ahorros, sus ilusiones y sus planes de un futuro que hoy ven interrumpidos. Nosotros seguimos trabajando, porque el liderazgo que cree en la nueva manera de hacer política debe mantenerse como una referencia, una esperanza, un punto de contraste. Mientras los ministros siguen actuando irresponsablemente, mientras la riqueza de los venezolanos sigue resolviendo problemas en otros países antes que los nuestros, mientras las políticas erradas siguen poniendo en evidencia a los mentirosos, nosotros nos mantenemos junto a los mirandinos y gobernando cerca de ellos. ¡Nadie le expropiará el futuro a los mirandinos! Y Miranda seguirá demostrando que un progreso para todos por igual es posible si lo construimos juntos. No perdamos el norte y pensemos en las elecciones municipales como una posibilidad real de echar el país adelante y ponerlo en dirección al futuro.

Ahora la responsabilidad de cada uno de nosotros es que ninguno de los venezolanos pierda la esperanza, porque si algo es cada vez más evidente es que el futuro es indetenible y nuestro. ¡Porque no podrán devaluar el futuro! Seguimos adelante.