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Nuestra independencia

Algunos siguen creyendo que tener patria es organizar viajar por el mundo, hacer que una pequeña parte del país se les arrodille sin exigir y armar un desfile. También creen que tener independencia es haber empeñado al país en una deuda feroz, importar casi todo lo que comemos y lanzar tres o cuatro insultos por televisión. Y quienes creen eso son los mismos que creen que al pueblo pueden engañarlo, manipulando la historia a punta de palabrería y cháchara politiquera.

Tener Patria es que nuestros hermanos y hermanas tangan seguridad social, un sueldo que alcance y la posibilidad de cumplir sus metas. Porque si “tener Patria” significa vivir bien, entonces aquí la Patria está secuestrada por los enchufados. El pueblo sabe que aquí son sólo unos poquitos los que están bien, porque la mayoría de las familias venezolanas en vez de tener un gobierno lo están padeciendo.

Aquí Nicolás no gobierna: aquí lo que está instalado en Miraflores es la improvisación, la corrupción y la ineficacia. Pero además la dependencia de quienes se instalaron en Miraflores —y los venezolanos sabemos que los hicieron engañando al pueblo— sólo les alcanza para mandonear pensando primero en los ciudadanos de los otros países y, si acaso lo hacen, de último piensan en los venezolanos. ¡Pero vaya que saben llenarse de plata los bolsillos y hacerse los locos con sus responsabilidades!

Todos sabemos que Nicolás realizó una paradita estratégica en su viaje para revisar, en la mesa de gobierno de La Habana, los ascensos de los militares. El asunto es que la torpeza política de Nicolás no le permite darse cuenta de que empeñando así nuestras instituciones lo único que gana es más y más descontento dentro de las Fuerzas Armadas que tanto respeto. Ya el 14 de abril le dieron una sorpresita pues cada vez son menos los que se dejan chantajear a cambio de prebendas que, además, nunca les llegan.

¡Y tienen los riñones de venirle a hablar al pueblo de Independencia!

Reiteró su apoyo a los militares que están comprometidos con la Constitución y manifestó su rechazo a la injerencia del gobierno cubano dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Es inaceptable que ningún otro país, ni su gobierno ni sus fuerzas militares, llámese como se llame, revise los ascensos de nuestros militares venezolanos. Ese ejército que durante el siglo XIX liberó nuestra Nación y a otras más tiene en sus filas a gente valiosa que está comprometida con el país y con la Constitución. Ellos saben que Nicolás tiene una responsabilidad y no la está cumpliendo. Y no la está cumpliendo porque no sabe, porque los venezolanos no le interesamos.

Por eso las elecciones municipales, que cada vez las tenemos más cerca, son fundamentales: porque es ahí donde le vamos a terminar de demostrar a los enchufados que ya las cosas no son como ellos quisieran y que se les acabó la impunidad, porque el pueblo entero ha decidido cobrarles el tiempo que le han hecho perder, el futuro que le han robado y las esperanzas con las que han estado jugando durante quince años.

Lo bueno es que tenemos la oportunidad de empezar ese proceso de justicia y recuperación del país dándoles otra lección electoral. Y esta vez debe ser tan contundente que ni siquiera sus cómplices en las instituciones podrán hacer algo para evitarlo. El futuro es una fuerza indetenible. En las propias bases de sus partidos tienen a líderes decepcionados que saben que no es posible seguir echando en un pozo vacío las ganas de trabajar. Así es como cada vez se suman más y más personas a la nueva manera de hacer política, al futuro, al Progreso.

A estas alturas no puedes hacer nada para evitarlo, Nicolás: el futuro ha vencido al miedo.

La gente sabe que las cosas no van bien y cuando las cosas no van bien se cambian. ¡Y Venezuela cambió y por eso somos más! Tú no puedes decir lo mismo, Nicolás: a ustedes sólo les queda seguir perdiendo apoyo, seguir quedando en evidencia, seguir hundidos en sus mentiras.

Es el momento de hablar con quienes durante algún tiempo confiaron en un modelo que ya fracasó, pero que habían puesto su esperanza en él. Tenemos que seguir haciéndoles saber que tienen cabida en nuestra idea de futuro. No sientan culpa, porque ni es culpa de ustedes ni se trata de buscar culpables. No hay nada más vil ni más bajo que lo que ha hecho el partido de gobierno con el pueblo necesitado que los apoyaba: jugaron con sus esperanzas y se las destrozaron a punta de corrupción e ineficacia.

Nosotros estamos aquí y ellos lo saben. Y nuestro proyecto de país los incluye a ellos desde siempre, no a partir del momento que decidan apoyarnos. A esta confianza y a esta honestidad que no discrimina sólo les queda seguir creciendo a medida que lleguen quienes se van sumando.

No hay que olvidar que lo que se logró el 5 de julio de 1811 se hizo gracias a dos cosas: la primera, es la convicción de ese grupo de hombres y mujeres de todas las clases sociales, quienes se opusieron a un poder que se creía todopoderoso y omnipotente; la segunda es que las cosas se hicieron bien y como debían hacerse, logrando que un acto de alta política civil como la firma del Acta de la Independencia le diera una causa a aquellos ejércitos libertadores.

Gracias a esas ideas claras, a tener pensado un futuro y a pensar en todo el país, sin discriminaciones, es que Venezuela obtuvo una independencia que hoy los que están en Miraflores han empeñado a cambio de asesorías baratas y rancias.

¡Pero seguimos siendo fuertes y tenemos bien clarito el país que merecemos! Y ese país es el que vamos a construir juntos. El futuro es una fuerza indetenible y los venezolanos sabemos que ese futuro nos pertenece.

¡Que Dios bendiga a Venezuela! Sigamos adelante.

Esta lucha es de todos

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Cuando los corruptos se desesperan y saben que se les empiezan a ver todas las costuras, buscan cómo distraer, engañar y evadir sus responsabilidades. Tenemos quince años viéndolo: Nicolás y su combo de enchufados forman parte de esa vieja y tramposa manera de hacer política en la cual nadie asume sus responsabilidades y se inventan culpables, saboteadores y bombas de humo.

Pero si hay un grupo de personas al cual los enchufados no van a poder engañar nunca más es a las madres venezolanas. Lo digo porque afortunadamente siempre he gobernado cerca de ellas, oyéndolas y atendiendo sus necesidades. Las madres venezolanas no paran y echan para adelante, pero no porque las condiciones del país se lo permitan, sino porque su empeño por sacar adelante a los suyos y su fuerza para hacerle frente a todos los obstáculos que la realidad y resolver son casi infinitos.

En un encuentro reciente con las Madres Cuidadoras, en los Valles del Tuy, pudimos conversar sobre eso. ¡Están tan claras que, como líderes, hablar con ellas nos fortalece y nos hace saber que vamos por el camino correcto! Pero es indignante saber que el gobierno nacional tuvo la oportunidad de brindarle calidad de vida a cada familia necesitada y no lo hizo, distrayéndose en discusiones absurdas y dándole palazos al viento para justificar un modelo que ya está más que agotado.

¿Hasta cuándo creían que les iba a durar esa estrategia de politiquería barata de echarle la culpa al otro? Ya el 14 de abril se dieron cuenta de que la mentira ha quedado al descubierto y han tenido que utilizar todas las estrategias habidas y por haber para distraernos de esa lucha. Pero ha sido imposible: lo que han hecho es sumar una causa con otra y otra más, hasta quedar entrampados en las consecuencias de su manera de gobernar.

A la crisis política se les sumó la económica, ambas con claros culpables. Luego les vino la escasez. Han sido incapaces de manejar de manera responsable el tema de la H1N1. Y, luego, las protestas de nuestros profesores universitarios han puesto evidencia lo poco que le importa al partido de gobierno el futuro del país. Pero, en cada casa de cada ciudad y cada pueblo de Venezuela, está cada una de las madres de familia que han sido castigadas por las políticas de Nicolás y su combo, mientras la Fiscalía se hace la loca con quienes cada vez tienen más y más plata, más y más escoltas, más y más negocios.

Nicolás está desesperado intentando que la gente mire hacia otro lado, para esconder su ilegitimidad. Pero lo que ha hecho es que incluso quienes aún confiaban en ese proyecto vean el tamaño de la irresponsabilidad de quienes siguen enchufados a Miraflores ante el abandono de la producción nacional, el desabastecimiento, las devaluaciones, la inflación, la escasez, que la plata no alcance, las muertes por violencia, la inseguridad, el desempleo, el pésimo estado de los servicios públicos, su incapacidad para atender una epidemia, la falta de divisas, la dependencia de las exportaciones y el abandono del sistema público de salud y las construcciones de obras y viviendas paralizadas.

Esa gente votó por un cambio. Esa gente sabe lo que pasó el 14-A. Ésa es nuestra gente, que no se va a dejar expropiar el futuro y que redoblará las fuerzas en las próximas elecciones del 8 de diciembre para hacerles cada vez más cuesta arriba el guiso y la trampa. Esa gente es la que va a cambiar la historia, Nicolás. No tú ni tus jalamecates. Tu partido ha cometido la salvajada de obligar a las madres de familia a resolver lo que la mediocridad de las políticas de un modelo agotado no resuelve. Y ésa es una verdad tan grande como son las madres venezolanas. Pero ellas también saben que nosotros sí sabemos resolver y dar soluciones. Y si amenazas con afectar nuestros recursos, o con invisibilizarnos en los medios de comunicación o con seguir montando ollas que terminan en puro humo, igual sabremos resolver junto al pueblo. Y eso es algo que ya ustedes no pueden hacer, porque perdieron la confianza del pueblo al jugar con su esperanza.

Y esas madres de familia con las cuales jamás he perdido contacto, llenas de fuerza y ganas de futuro, han sido las grandes iluminadoras del resto de nuestros hermanos y hermanas. Son nuestras principales movilizadoras. Son la fuerza que ha hecho posible que cada vez más venezolanos despierten.

Ustedes creían que desapareciéndonos de los medios iban a detener la fuerza del futuro que está en cada una de las casas del país. Pero a una madre, Nicolás, jamás vas a poder alejarla de su familia, ni de sus vecinos ni de su comunidad. Ellas están más cerca del país de verdad que tú y que tus ministros de palacio, que ahora están más pendientes de que en otros países te reconozcan.

Porque ahí es donde está el motivo de tu desespero: sabes muy bien que dentro de esas casas, en las familias, en las comunidades donde esas madres son ejemplo y motor, tus intentos por legitimarte no llevan vida, porque es ahí donde se siente el hambre, donde se llora a los muertos y donde el agua y la luz no llegan.

Tener patria no es montar un desfile y obligar a la gente a escucharte, Nicolás. La patria no son números maquillados. Tener patria es que cada madre pueda estar tranquila al saber que ella y los suyos tienen seguridad, que en el hospital más cercano a su casa hay recursos, que se puede ahorrar un poquito de la quincena y que nadie en toda su comunidad va a tener que acostarse sin comer ese día.

Y por eso cada una de esas madres seguirá haciendo crecer el respaldo electoral el próximo 8 de diciembre. Ellas le echan demasiado pichón cada día de su vida, así que ninguna de esas mujeres está dispuesta a ponérsela papayita a los corruptos ni a los tramposos. Yo confío en ellas y ellas han confiado, confían y confiarán en mí y en nuestro proyecto de futuro.

Qué Dios bendiga y les dé fuerza a cada una de nuestras madres. Sigamos adelante.

Venezuela somos todos

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Nuestra lucha es una lucha por la verdad. Y es así porque no se trata de la lucha de un solo hombre, ni la de un liderazgo político ni la de unos pocos. Es una lucha que ha emprendido cada venezolano y cada venezolana desde sus espacios de acción.

¡Y no hay poder que pueda contra un país que está determinado a conquistar su futuro!

En las casas, por ejemplo, las familias se han convertido en la más fuerte de las agrupaciones políticas que hayan existido en toda la historia del país. Se han convertido en nuestros comandos familiares, dando ejemplo y contagiando la esperanza y el deseo del futuro compartido, madres y padres saben que este país puede brindar algo mejor a sus muchachos y se los hacen saber. Con fuerza y mucha fe, los forman en las convicciones y los valores que necesitamos justo ahora para salir adelante.

En las comunidades se siente la fuerza de esas familias sumándose. Se acompañan, se celebran y se felicitan en los momentos buenos de la vida. Y en los momentos difíciles se cuidan, se protegen y se apoyan, sobre todo en esas vicisitudes en las cuales el gobierno nacional ha dejado desamparado al ciudadano. Juntas han decidido construir un país que hemos pensado juntos y que saben que quienes están ahora en Miraflores no pueden darle.

Esas comunidades ya demostraron que han decidido plantarse en contra de la ineficacia, de la corrupción y de la impunidad, también sumándose. Parroquias y municipios enteros han demostrado que el país que estamos buscando es el mismo y no se parece en nada al que han intentado imponer durante años desde las oficinas del palacio. Cada día queda confirmado que las políticas que han aplicado durante ya quince años han sido una equivocación tras otra.

Y así nos hemos ganado la confianza de la gente de bien y de progreso, que son mayoría en cada uno de los pueblos, ciudades y estados de este país que está decidió a cambiar las cosas, pero haciéndolo bien. Lo hemos hecho a punta de trabajo, de ganarnos la confianza de cada venezolano. Aquí a nadie le han regalado nada, todo ha sido el fruto del trabajo y del apoyo popular.

Si desde el poder creen que van a hacer que la gente se desvíe del futuro que ha decidido conquistar sacándonos de los medios, poniéndonos nuevos obstáculos o generando una falsa agenda política, llena de cortinas de humo, se equivocaron. Ya nuestro pueblo no cae en esos artificios, propios de la más rancia manera de hacer política.

Quienes han gobernado durante años lejos del pueblo y a punta de pantalla, instalados en sus oficinas, creen que eso que pasa en las familias, en las casas, en las comunidades y en los pueblos y ciudades de Venezuela va a detenerse porque tapen una pantalla o nos saquen de un medio.

Lo hemos dicho más de una vez: cuando las cosas se hacen bien, pasan cosas buenas.

Nicolás y su combo ya no pueden ocultar que son un mal gobierno, unos equivocados. La inflación, las devaluaciones, la inseguridad, la escasez, la impunidad, las muertes, los apagones. Y a eso se le suman los corruptos sapeándose entre ellos, la incapacidad para ejercer un liderazgo nacional y un partido que se les vino abajo, perdiendo a su militancia porque amor con hambre no dura.

No han podido cumplir ni una de las metas con las que se llenaron la boca en las dos campañas presidenciales pasadas, en las que sólo vieron una cosa: que la gente se les fue, que perdieron al pueblo, que no hay manera de mantenerse en el poder si no con trampas y chanchullos.

Ya hasta la plata con la que compraron a más de uno se les acabó. Se la robaron. Saquearon al país y ahora no saben qué hacer porque siempre gobernaron así: improvisando y a realazo.

Eso no es un buen gobierno. Eso es apenas un puñado de los mismos incapaces de siempre viendo cómo evadir responsabilidades porque no tiene ni la menor idea de por dónde hay que empezar a resolver las crisis que ellos mismos han generado.

Los líderes políticos tenemos la responsabilidad de leer el país con inteligencia, con respeto y pensando en el bien de todos. Pero ellos no terminan de entender que los cambios ya han tenido lugar y que día a día los venezolanos se dan cuenta de que los que hoy gobiernan, fracasaron.

Todas son verdades que le explotan en la cara y ponen en evidencia su incapacidad para resolverlas. Todavía no acusan la lección que les dio el pueblo el 14 de abril. Entonces sacan otra vez las armas más viles que puede usar un político: el miedo, la amenaza y el hambre. Porque se han transformado en eso, incluso para sus bases: en un gobierno amenazante, corrupto y hambreador.

Nosotros no permitiremos que sigan conduciéndonos a un abismo. Seguiremos trabajando y luchando por mantener los espacios que hemos alcanzado. No ha sido fácil, seguimos con un reto por delante: construir con bases firmes la Venezuela que todos soñamos.

¡Que dios bendiga a Venezuela!

 

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¡Estamos ganando!

Los venezolanos tenemos demasiado tiempo esperando. Hoy, las instituciones siguen poniéndonos por debajo de las prioridades partidistas que quienes las encabezan y exhiben sin ninguna vergüenza. Sin embargo, el pueblo ya no se deja engañar por esos enchufados, que ya empiezan a tener conciencia de que la justicia llega. Cada familia venezolana de cada pueblo y cada ciudad saben quiénes son los que quieren obstruir la justicia, el progreso y el futuro de Venezuela. Lo que no esperaban desde los altos puestos del partido de gobierno es que sus bases, cada vez más decepcionadas, iban a mantener encendidas sus esperanzas en tener un mejor país, a pesar de la ineficacia y la corrupción.

Creyeron que iban a cansar a un pueblo que es incansable. Creyeron que a punta de violencia y bravuconadas iban a asustar a los millones que queremos que las cosas cambien. Creyeron que iban a hacer que el pueblo se acostumbrara a vivir en condiciones inaceptables. Pero el 14 de abril se llevaron una sorpresa que todavía no saben dónde esconder.

Ni la complicidad de un CNE secuestrado por enchufados partidizados, ni siquiera un TSJ que se hace el loco delante de lo que todos los venezolanos vemos con los ojos bien abiertos, ni con un monopolio mediático que los ha llevado al desespero de casi llevar más cadenas que días de gobierno. Nada de eso ha logrado borrar de nuestros hermanos y nuestras hermanas la convicción de que este país cambió y de que quienes están cometiendo sus últimas arbitrariedades son una manada de corruptos que está por comenzar su estampida.

Intentaron esconderse detrás de la esperanza de la gente y detrás del dinero que pertenece a los venezolanos. Pero se les acabó el estado de gracia y se pusieron en una situación comprometida: hoy la principal víctima de sus propias trampas es Nicolás. Y ahora no saben qué hacer con eso.

Durante 14 años engañaron a un pueblo prometiendo y disponiendo. Hoy simplemente han demostrado que no pueden gobernar un país y que, peor aún, son incapaces de asumir las responsabilidades de este desastre. Siguen buscando culpables como quien busca fantasmas, cuando todos sabemos que los culpables son esos que están mal gobernando el país.

Nos condujeron a una crisis económica por su ineficacia y ahora no saben cómo sacarnos de ella. Construyeron esta crisis política por estar aferrados al poder y ahora no saben cómo legitimar una farsa que ya ni su militancia les cree. Armaron las condiciones para que haya una crisis en la que no se respeta la vida de los venezolanos y ellos mismos han visto cómo se les escapa de las manos el asunto de la inseguridad con 20 planes que han sido un fracaso tras otro.

Eso no se oculta con cadenas, Nicolás. Eso no se oculta con violencia. Eso no se oculta inventando fantasías de conspiración que nadie cree.

Las crisis se resuelven. Los problemas se atienden. Los obstáculos se superan. Pero para eso tiene que estar al mando alguien que sepa lo que debe hacerse, con un equipo capacitado y una planificación verdadera. Los venezolanos estamos esperando soluciones y Nicolás y su equipo no dejan de demostrar que son unos incapaces. Hoy en el gobierno central el único talento que se exige es la fidelidad a un proceso que se volvió puro humo. La preparación, la honestidad y la sensatez han pasado a un segundo plano. Venezuela no merece que la sigan gobernando una banda de incapaces que saben que llegaron ahí por repetir consignas y obedecer los caprichos de otro.

El pueblo lo sabe. Por eso el 14 de abril pasó lo que en Miraflores y en el CNE saben que pasó. Lo que nosotros sabemos que pasó. Lo que el Tribunal Supremo de Justicia sabe que pasó. Sin embargo, hoy los venezolanos estamos esperando una respuesta del TSJ, cuando desde hace rato se le vencieron los plazos para la admisión y el pronunciamiento. Esos que creen que el poder dura toda la vida terminan siendo castigados por la historia y por el pueblo, porque el poder es un préstamo del pueblo, del electorado, de las familias a las cuales hay que cumplirles y servirles, hayan votado por uno o no. Ellos olvidan eso porque en su partido creen que una tolda política es el Estado, y se equivocan de cabo a rabo: el Estado hoy está siendo usurpado por la complicidad y la trampa. Y, como dice la sabiduría de nuestro pueblo, la tramposería sale. Pero lo peor es que cada una de las decisiones equivocadas que toman afecta la vida y el futuro de los venezolanos y las venezolanas de bien.

¡Reconozcan que no pueden con el monstruo que ustedes mismos han creado, señores del partido de gobierno! Es más que evidente que en su equipo de trabajo, ese donde los mismos enchufados cambian de puesto cada vez que pueden, no es la gente que sabe hacer las cosas bien. Hoy están despilfarrando mucho más que el dinero de la nación, están derrochando las esperanzas y el futuro de los venezolanos, y ninguno de ustedes tiene el derecho de hacerlo. Basta del extravío en que tienen al país. Reconozcan que dejaron que el proyecto se les desgastara en las manos, revísense y dejen de impedir que a Venezuela llegue el futuro. Es lo mejor, incluso para ustedes, al menos para que tengan la oportunidad de ver cómo un buen gobierno sí puede llevar este país hacia adelante. Ese buen gobierno que los electores exigieron el 14 de abril y que ustedes se niegan a entender, porque no sabrían qué hacer al bajarse del poder donde hoy se encuentran encaramados.

¡Dejen que el progreso y el futuro lleguen a la vida de los venezolanos! Existe un nuevo liderazgo que sí sabe lo que hay que hacer para tener el país que merecemos. Somos millones y somos más, eso no podrán ocultarlo porque es una realidad palpable, no una fantasía más mostrada en televisión y en cadena nacional

Esta lucha que estamos llevando adelante es por la verdad, y la estamos ganando. ¡Que Dios bendiga a Venezuela!

¡Hoy todos podemos cambiar el país!

Estoy seguro de que la gran mayoría de los venezolanos queremos lo mismo: un país donde todos podamos vivir tranquilos, donde la posibilidad de crecer esté abierta para todos, un país cuyo futuro construyamos entre todos. Todos. Esa palabra es muy importante un día como hoy, cuando nuestro voto se convierte en la manera de cambiar a Venezuela y convertirla en el país que merecemos, que soñamos, que haremos realidad.

La participación de todos es fundamental. Ésa podría ser la primera lección que los venezolanos le demos al mundo como inicio de una nueva época, de una nueva era democrática, del futuro. Cada venezolano debe ir a votar y manifestar sus convicciones de una manera honesta y valiente. Sin dejarse manipular por chantajes. Sin odios. Sin miedo. ¡Hoy es el día para que cada uno haga posible el país que sueña!

Esperanza, fe y valentía

Esperanza, fe y valentía

Tengo mucho tiempo recorriendo el país. Pocos líderes políticos pueden decir lo mismo, pues a Venezuela entera le consta el esfuerzo que hemos puesto en recorrer todo nuestro territorio para concebir un proyecto que brinde una esperanza verdadera a cada uno de mis hermanos y mis hermanas. Conozco de cerca los problemas que vive nuestro pueblo y los conozco de su propio testimonio, de caminar junto a mis hermanos, de ver la realidad a los ojos y sin miedo.

¡Nadie puede tener miedo si sabe que el futuro va a ser mejor! Pero la ineficacia de décadas, agravada en estos últimos años, hace que los habitantes de los Andes, de los Llanos, de la Selva, de Guayana, de Oriente, de Occidente y de nuestras islas sigan teniendo los mismos problemas que hace años. Y sé que todos deseamos soluciones que permitan algo mucho más importante y más grande: poder imaginar un futuro.

Y hoy todos vamos a decidir entre dos opciones de futuro posibles. Por eso cada uno de nosotros debe asegurarse de que nuestros hermanos y hermanas hagan posible su participación en esta decisión que marcará nuestra vida por años. Votar es mucho más que sumar una cifra a un resultado: votar es creer que merecemos un país mejor, votar es manifestarse a favor de lo que merece nuestro país, votar es formar parte del futuro.

Imagine por un momento lo que quiere para usted y para los suyos y revise las condiciones del país donde vivimos ahora. Imagine cuanto puede hacer usted por convertirlo en un lugar que se parezca a lo que sus hijos merecen y revise cuál es el futuro que quiere para ellos. Imagine que todos podemos formar parte de un país sin exclusión donde la voz de cada uno sea respetada, escuchada e incorporada a una Venezuela a la que pertenezcamos todos.

¡Yo sé que una Venezuela unida y sin exclusiones es posible! Y sé que muchos de quienes tienen otra tendencia política también quieren ver esa Venezuela. Creo que el día de hoy es el que hemos estado esperando para demostrarle al mundo que hemos aprendido la lección, que sabemos qué es lo que tenemos y cuánto podemos hacer con eso. Creo que hoy es el día en que la esperanza dejará de ser un instrumento de la extorsión y que la valentía llenará el alma de quienes vayan a ejercer el voto para hacerlo a favor de su futuro.

Necesitamos que llegue la solución a cada problema de cada venezolano. Necesitamos construir el país entre todos. Necesitamos el apoyo y el esfuerzo de todos. Es hora de que un proyecto de futuro lo convoque y de eso se trata la decisión de hoy. Y esa decisión la tomaremos entre todos.

Es función de cada venezolano despertar en el otro el ánimo que lo involucre en esta decisión que nos incluye. Las naciones que han dejado sus decisiones en manos de alguien más, en manos de otro, en manos de un extraño, no han sido ejemplo de progreso sino de largos períodos de oscuridad. Por eso cada uno de nosotros se convierte en mucho más que un movilizador durante una fecha electoral: somos los custodios de la democracia, los protagonistas de la historia, los responsables del futuro.

Creo que hoy es el día en que Venezuela nos convoca a vencer el miedo. Pero para lograrlo todos somos imprescindibles. ¡Pueden llegar por fin los buenos tiempos que llevamos tanto tiempo esperando! Hoy todo se trata de confianza. Y la confianza es algo que ha sido determinante en mi vida política. Por eso la respeto tanto, por eso la fortalezco con cada compromiso, por eso me he dedicado a esto: a servirle al pueblo venezolano y dejar en eso mi vida.

Confío en cada uno de ustedes. Confío en que cada quien haga lo que le corresponde. Confìo en que somos más los que queremos un país mejor. Si todos asistimos a ejercer el deber del voto, si todos entendemos cuán importante es nuestra participación el día de hoy, entonces el futuro y Venezuela serán indetenibles y nuestros. No hay manera de detener a la verdad.

Todos a votar, porque Venezuela somos todos. Digamos con orgullo esa frase que nos llena por saber cuánto satisface el deber cumplido: ¡Yo soy venezolano!

Gracias por tu confianza, Venezuela. ¡Que Dios nos bendiga a todos! El futuro es nuestro.

Es la hora de acercar el poder a la gente

Fui Alcalde de Baruta durante dos períodos y sigo creyendo que es uno de los cargos públicos más hermosos de todos los que se pueden tener.

Piense en quién es la autoridad ejecutiva más cercana a usted y verá que es el alcalde. Un alcalde vive en el mismo municipio que usted, conoce sus problemas y está cerca de ellos. Por eso los países donde los ciudadanos más progresan creen en la descentralización y en acercar el poder y las soluciones confiando en las autoridades municipales y regionales, permitiendo que la vida de las familias mejore de manera inmediata y palpable.

Los venezolanos vivimos un modelo centralista que excluye y no soluciona. Más que vivirlo, este modelo actual lo estamos padeciendo y cada vez las consecuencias son más evidentes. Por eso hay que luchar más que nunca para que las soluciones estén cerca de las personas. Y eso sólo se puede lograr con voluntad y buen gobierno.

Quienes mantienen ese poder centralista insisten en que los gobiernos regionales no tengan autonomía. Y la razón es muy sencilla: a ellos no les conviene que los ciudadanos vean que existe una manera distinta de hacer las cosas y por eso asfixian a las Gobernaciones y Alcaldías, incluso a las que pertenecen a su propio partido.

A ninguno de los jerarcas del poder ejecutivo les conviene que un gobernador o un alcalde, sean del partido que sean, hagan un buen gobierno. Dicho en dos platos: a este gobierno no le convienen los contrastes porque saben que lo están haciendo muy mal y saben que los venezolanos podemos diferenciar entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto. ¡Y sabemos hacerlo porque de eso se trata pensar el futuro!

Entonces, sabotean la gestión de quienes tenemos otra visión del país y del futuro. Incluso, terminan contagiando con su propia ineficacia a quienes forman parte de su tolda política y quieren trabajar por las comunidades, porque el monstruo burocrático y las mafias que han dejado crecer dentro del Estado son su peor enemigo. Es como si, dentro de toda la obediencia que le exigen a sus militantes mediante el chantaje, también exigieran a sus alcaldes y gobernadores que sean tan ineficaces como el gobierno central para no hacerle sombra.

A veces parece que los alcaldes del partido de gobierno  compitan para ver quién es el peor. ¡Podemos cambiar esta realidad! Venezuela será un mejor país cuando tengamos alcaldes que no piensen que es el partido lo que va a resolver los problemas de la gente, sino su voluntad y su trabajo.

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Me enorgullece saber que en la Gobernación lidero un equipo de trabajo que lucha todos los días contra un modelo que le cierra las puertas a la vida y que no da oportunidades para progresar. Y esa lucha no la damos por obediencia ni porque nos lo mande a decir Fulano de Tal, sino porque tenemos voluntad y estamos comprometidos con el buen gobierno. Lo hacemos porque sabemos hacerlo y porque para eso me eligieron los mirandinos, con quienes cada uno de mis directores y yo hemos seguido gobernando de cerca. Y muchas alcaldías podrían funcionar así, porque es lo que los venezolanos merecen.

No creo que las cosas que van mal en Venezuela vengan simplemente de un pensamiento malvado, sino de la absoluta incapacidad que tienen algunos políticos para pensar el futuro. Esa incapacidad es propia de quienes se atornillan al poder por el poder mismo, sólo por el placer que les da mandar y nada más. Este país no merece seguir siendo gobernado por adictos al poder, ineficaces que se esconden detrás del chantaje.

Somos nosotros, los venezolanos que creemos en el futuro, quienes vamos a vencer democráticamente ese modelo ineficaz y cruel. ¡Pero para eso debemos empezar a trabajar ya! Cada vez está más cerca la oportunidad para lograrlo: las elecciones municipales de julio. ¡Ésta es una oportunidad de oro para acercarle el poder a la gente y para demostrar que se puede gobernar bien y con los venezolanos!

Yo creo en un modelo donde el Estado apoye al pueblo, no que le quite los recursos y los retrase en Miraflores. El gobierno central debe entender que el progreso de Miranda y el progreso de los municipios contribuyen con el progreso de Venezuela. ¡Y si los de Miraflores se niegan a darse cuenta, nosotros se lo seguiremos demostrando a las familias!

Intentaron uniformar a un país al que siguen decepcionando, traicionando e incumpliendo, pero no pudieron con Miranda. Los comicios electorales que vienen han sido retrasados, pero hoy podemos decir que ya tienen una fecha.

Sé que el partido de gobierno logra que las elecciones se adelanten o se posterguen según les convenga. Pero también sé que las pasadas elecciones regionales hicieron pensar a muchos venezolanos, quienes ahora tienen una mayor conciencia de cuán importante es su voto, de cuánto afecta sus vidas y de cómo ayuda a que el país evolucione o se mantenga paralizado.

Empecé hablando de lo cercano que es un alcalde en nuestra cotidianidad porque estas elecciones van más allá de colores políticos. Estas elecciones se tratan del futuro de nuestra familia, de nuestra casa, de nuestra calle, de nuestro barrio. Y estoy seguro de que tú quieres que eso mejore.

¡Hagamos que Venezuela progrese desde nuestros municipios! Podemos hacerlo: depende de nosotros y de nuestras ganas de construir un futuro mejor.

Nuestro compromiso es mayor

Hace unos días presté juramento con mi mano puesta sobre la Constitución de nuestro estado Miranda; juré y juro defender a nuestro pueblo y seguir trabajando por el progreso y beneficio de todos los mirandinos.

Juramentación como Gobernador de Miranda Comenzamos un nuevo período, que asumo sin olvidar que el anterior planteó retos
enormes y que ahora debemos superarnos a nosotros mismos. El compromiso es cada
vez más grande.

Por eso este período comienza con una fuerza mayor. El 16 de diciembre no sólo
ganamos una elección, ganamos la oportunidad de seguir trabajando por nuestro
pueblo mirandino, de seguir haciendo las cosas bien y para todos por igual.

En Miranda resistimos a los intereses de un gobierno que quiere atraso, nosotros, al
igual que todos ustedes, queremos progreso. Aquí vinimos a trabajar por la paz y la
tranquilidad de todos, porque sabemos que hay un pueblo que clama por un gobierno
que esté dispuesto a trabajar por ellos y en solucionar sus problemas.

Estamos seguros de que el pueblo mirandino no se deja expropiar su futuro. Por eso
debo repetir que cada mirandino está llamado a imaginar el país que quiere tener y ser
parte de la fuerza necesaria para que cumplamos ese objetivo. Todo lo que ha hecho el
ser humano ha tenido que ser imaginado primero. Tenemos que pensar qué nos toca
hacer a cada uno para que el país que merecemos los venezolanos sea una realidad.
Todos somos responsables del futuro.

Por eso hoy quiero pedirles que no pierdan la fe, porque por encima de cualquier
diferencia nosotros seguiremos pensando en el bien de nuestra Miranda y de nuestra
Venezuela. Ustedes saben que cuentan conmigo y yo cuento con todos ustedes para
seguir luchando.

Luchar es lo que hicimos el 16 de diciembre y seguiremos haciendo en estos 4 años
que nos quedan por delante en Miranda. Nuestra lucha es a diario, para que cada día
más mirandinos puedan atenderse en nuestra Red de Salud Francisco de Miranda que
construimos desde cero y hoy es ejemplo en toda Venezuela. Nuestra lucha es para
que ningún niño se nos quede fuera de la escuela y sin la posibilidad de progresar.
Nuestra lucha es para decirle a este gobierno central que sus políticas económicas
son completamente erradas y que nosotros estamos dispuestos a demostrarles que
en Venezuela tenemos suficiente talento y un pueblo emprendedor que quiere salir
adelante y tener un futuro mejor, y que sólo necesitan el impulso para lograrlo.
Nuestra lucha es para que todas las viviendas sean de bloque. Nuestra lucha es para atender a todos por igual y garantizar su tranquilidad.

Por eso le pido a nuestros Secretarios: J. Maragall, G. Villasmil, R. Velasco, R. López,
O. Salinas, J. Fernández, V. Lira y Comisario E. Guzmán, nuestros Secretarios por el
Progreso, que hoy el compromiso debe ser mayor y la lucha debe ser más grande, para
darle a nuestro pueblo ese futuro mejor que merece. Nosotros estamos aquí para que
la nuestra ayuda llegue a donde tiene que llegar. Por encima de cualquier diferencia
debemos pensar en nuestro pueblo.

Nuestra Secretaria de Gobierno Adriana D’Elia y yo tenemos la misma vocación de
vida: servir a los demás, y eso es lo que hemos hechos durante todos estos años.
Ella sabe que debemos atender a todos por igual, sin importar su tendencia política.
Porque en Miranda seguiremos haciendo el bien, sin mirar a quién. Vinimos a servir,
no a ser servidos.

Nuestro pueblo nos conoce. Los cuatro años que tenemos por delante serán de más
compromiso y más lucha. Estos cuatro años serán para seguir profundizando nuestra
lucha y objetivos. Estos cuatro años serán para que sigamos construyendo escuelas,
liceos y preescolares. Estos cuatro años serán para que nuestra Red de Salud siga
creciendo. Estos cuatro años serán para seguir apoyando a nuestros emprendedores
y para seguir generando empleos. Estos cuatro años serán para demostrar que pese
a nuestro problema presupuestario, estamos para trabajar por la seguridad, para que
nuestro pueblo no viva en una casa de latón y para seguir trabajando por Venezuela.

Miranda tiene una responsabilidad con Venezuela: mantener viva la posibilidad de
imaginar un futuro mejor para el país. Muchas familias que esperan un cambio en sus
vidas en otras regiones del país siguen viendo cómo el aparato centralista les mata sus
sueños. Lo digo sin temor a equivocarme: lo que hoy construimos para Miranda es una
esperanza para todo un país.

Yo estoy en la construcción de una Venezuela donde todos se levanten tranquilos,
donde todos tengan una mejor vida. Nunca renunciaré a la lucha por nuestro pueblo.
Ese seguirá siendo el compromiso. Sin divisiones ni peleas, la única polarización que a
mí me interesa es la de los problemas contra las soluciones, y resolver esos problemas.

Demostramos que los liderazgos no se construyen por decreto ni a la sombra de
otros, sino trabajando y asumiendo las responsabilidades de tener la confianza de los
venezolanos. Yo me comprometo con ustedes a que Miranda será esa esperanza que
necesitan nuestros hermanos y ese lugar para ser felices juntos. Venezuela tiene más
futuro que pasado.

¡Que Dios bendiga a Miranda! ¡Que Dios bendiga a Venezuela! Seguimos adelante.