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La responsabilidad de un gobernante

Esta semana hicimos la entrega de la memoria y cuenta de la Gobernación de Miranda. Hablo en plural porque el trabajo de un buen gobierno se hace en equipo, consultando a los mejores y entendiendo que ni la improvisación ni el ensayo y error tienen cabida cuando las decisiones inciden directamente en la vida de la gente.

Cuando se rinde memoria y cuenta desde una posición en la cual nos han puesto los votos de muchos venezolanos, un buen gobernante sabe que no sólo está hablándole a quienes confiaron sus votos, sino sobre todo a quienes no lo hicieron. Esto lo digo porque la labor de un líder es demostrar que lo que dijo durante una campaña tiene razón de ser y ha sido pensado para cumplirse y para mejorar la vida de quienes viven en el lugar que gobierna, sea un municipio, un estado o una nación.

Los gobernantes tenemos que hacer nuestro trabajo sin discriminar a nadie. Y parte de nuestro trabajo es rendir cuentas. Soy un practicante ferviente de gobernar para todos por igual y me atrevo a decir que, en buena medida, esta manera de gobernar me ha permitido ser reelecto en los cargos que he ocupado dentro del gobierno regional. Y les aseguro que quienes me han acompañado durante mis gestiones pueden decir lo mismo.

Memoria y Cuenta
Sin embargo, no todo el país cree en la descentralización y en la idea del buen gobierno. Hay quienes creen que la centralización y la obediencia ciega a lo que se dicta dese Miraflores es la manera de hacer política. Cada quien es libre de respaldar el modelo política que más le convenza o, en muchos casos, que más le convenga. Pero tengo claro que a ellos también va dirigida nuestra memoria y cuenta, porque es a ellos a quienes tenemos que demostrarles que existe una manera de gobernar que no precisa del chantaje. Yo más que nadie creo en la transparencia, la honestidad y la vocación de servicio de quienes servimos al pueblo de Miranda dese la Gobernación. Y anda se compara a tener la conciencia tranquila.

Las condiciones en las cuales recibimos la Gobernación de Miranda son conocidas por todos. Así como todos saben quién era el gobernador anterior –aunque haya desaparecido de la vida política mirandina, luego de haber perdido por los votos esta gobernación– y qué tipo de políticas llevó a cabo durante su paso por el estado.

También es sabido que muchos de los entuertos y casos de corrupción vinculados con esa gestión reposan, engavetados, en varias de las instituciones que han sido secuestradas por su partido político. Usan su poder para esconder las fechorías y se inventan espejismos para intentar que desaparezca de la memoria de los mirandinos tanta sinvergüenzura que se permitió en Miranda durante esa época oscura.

Sin embargo, los mirandinos han dado un par de lecciones con sus votos. La primera, cuando decidieron que el Progreso llegara a esta tierra bendita, a pesar del saboteo sistemático que ha tenido nuestra gestión desde Miraflores. La segunda, cuando demostraron que los liderazgos verdaderos no se construyen porque alguien nombre con su dedo  a quien quiere que gobierne a los mirandinos, reeligiendo nuestra propuesta pensada para todos por igual. Miranda no se dejó ni se dejará expropiar el futuro, porque el pueblo de Miranda conoce la diferencia entre cómo gobernaron ellos, siempre pensando en su propio beneficio, y en cómo hemos gobernado y gobernaremos nosotros, de la mano con la gente y  pensando en darle soluciones a sus problemas con verdadera voluntad, sin miedo a los obstáculos que ponen los poderosos y mucho, muchísimo trabajo.

Pero una de las diferencias más importantes en cómo el pueblo de Miranda cree en esta nueva manera de hacer política es que cuando nos han apoyado con sus votos no lo han hecho pensando en mí como una sola persona, sino en la vida de cada uno de los ciudadanos mirandinos, en sus sueños, en su futuro y en lo que quieren para sus hijos.

Nuestra memoria y cuenta, además de demostrar cómo no nos dejamos ni nos dejaremos asfixiar por el gobierno central, demuestra algo mucho más grande: los mirandinos reconocen una gestión que los involucra y que quiere mantener viva la esperanza del resto de los venezolanos, demostrando que el buen gobierno es posible. Y es posible con transparencia, honestidad y verdadero compromiso.

Ahora, en un intento más de enlodar la política y seguir polarizando al país, el mismo político que los mirandinos sacaron de la gobernación por los votos inventa casos, arma espectáculos y hace bulla en la televisión. Repiten las fórmulas de una vieja manera de hacer política que tanto criticaron y de la que ahora parecen la versión desmejorada, cuando el país ha ido entendiendo poco a poco que un futuro mejor es posible.

Siguen llamando a la división, a la fractura, a la pelea. Incluso, sus reacciones y la labor de sus asesores más cercanos han dejado cada vez más claro que su política más feroz es la polarización. Una polarización hueca, vacía, infértil, que no nos conduce a nada sino a eso que ellos quieren: que se siga distrayendo al pueblo con la política para no darle soluciones. Es una consecuencia de la frustración y el desespero que les ocasiona ver que millones de venezolanos se han sumado a esta nueva manera de hacer política, a una esperanza que tiene en Miranda uno de sus símbolos más poderosos.

Ya no se trata de un candidato caminando por el país afirmando que vale la pena luchar. Ahora somos millones convertidos en los ciudadanos capaces de demostrar que nosotros sí vamos a construir el país que merecemos: un país con oportunidades para todos y Miranda como un ejemplo.

La única polarización que nos interesa es la de los problemas versus las soluciones. Así gobernamos en Miranda y así hemos logrado convencer a millones de venezolanos de que un futuro mejor es posible. ¡Porque ésa es la responsabilidad de un gobernante!

Sigamos adelante.