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Mentirosos y entrampados en sus mentiras

Como líder y gobernador de un estado, lamento enormemente que las víctimas de una cadena de engaños que ha caracterizado estas semanas en las que el país ha sido encargado al vicepresidente sean, precisamente, esos venezolanos a los que votaron por la reelección del Presidente Chávez.

Una de las más grandes faltas de respeto del gobierno central ha sido creer que hacer política se trata de conservar el poder a como dé lugar, solo por la ambición. Es lo que ha caracterizado al partido de gobierno y, a cuenta de eso, han ido acumulando una mentira tras otra para chantajear y encandilar a sus seguidores.

Fueron engañados quienes votaron esperanzados en un proyecto político que les prometió, una vez más, que no habría devaluación, que el hampa dejaría de matar venezolanos en las calles, que nuestra economía era fuerte o que el presidente estaba sano.

No hablo de quienes tienen los grandes negocios con el gobierno, porque esos son quienes se benefician con ese Paquetazo Rojo que desde ya pesa en la conciencia y en la carrera política del vicepresidente Maduro. Creo que tanto él como el ministro Giordani tendrán que rendir cuentas a muchos venezolanos que confiaron en esos embustes que han ido poniendo uno detrás de otro para mantener esta farsa política, este rotundo fracaso, esta mentira.

Pero la mentira tiene las patas cortas, como dicen las abuelas.

¿Por qué no se dedican a encontrar soluciones y dejan de preocuparse por el eterno asunto de buscar a quién echarle la culpa? Porque no saben cómo hacerlo, porque no pudieron, porque fracasaron dedicándose al espejismo de la polarización política y olvidaron que gobernar es mucho más que recitar frases ajenas y hablar por televisión.

Hoy los venezolanos tenemos la vergüenza económica de ser el único país de la región que ha devaluado su moneda. ¿De qué le sirve a este gobierno llenarse la boca diciendo que, supuestamente, lideran una revolución continental, cuando los otros países aumentan su producción y sus ganancias —muchas veces a expensas de la riqueza de los venezolanos— y nosotros amanecemos, por el capricho del Ejecutivo Nacional, mucho más pobres?

Se llenan la boca autoproclamándose líderes mundiales. Se llenan la boca diciendo que tenemos las mayores reservas de petróleo del Mundo. Se llenan la boca hablando de justicia social. Y al final, terminan como siempre: tramando todo en la sombra, en lo oscuro, lejos de los ojos del Pueblo.

Solamente la teme el que la debe. Y quienes están encargados del gobierno en este momento le deben mucho a los venezolanos. Se les olvidó que las decisiones que toman inciden en la vida de todos, incluso en la de su militancia. Esos errores históricos afectan la vida de quienes menos tienen y esos venezolanos no se comen el cuento de “los dólares del Pueblo” ni de llamar “ajuste” a esa catástrofe que se parece demasiado a lo que tanto critican.

Hasta una felicitación por parte del Fondo Monetario Internacional recibieron.

No me canso de decir que pertenezco a un liderazgo nuevo, que sabe que gobernar bien consiste en darle soluciones a los ciudadanos, sin importar su ideología, su tendencia política ni las diferencias con quienes hemos sido electos por el voto de la gente. Ellos convirtieron la política en un circo vacío, donde sólo se tienen discusiones infértiles que nada tienen que ver son el día a día de las familias venezolanas que, en tan sólo dos meses, son más pobres y siguen estando desprotegidas por un gobierno central que cada vez se endeuda más y resuelve menos.

Si tenemos los precios más altos del barril de petróleo en años, ¿cómo pretenden esconder que la devaluación es para intentar resolver la falta de dinero por culpa de un Estado que se gastó toda la plata en nombre del partido?

Si la economía va bien, ¿por qué prefieren empobrecer a las familias venezolanas, en vez de para la regaladera de dinero que el gobierno le hace a otros países para mantener las apariencias y algunas amistades políticas?

Si todo está bien, ¿cuál es el secreteo y la escondedera? ¿Hasta cuándo tendrán el embuste y el capricho como únicas políticas de Estado?

Nadie responde a esas preguntas. Prefieren hacerse los locos o inventarse embustes que no compran ni ellos mismos. Los simpatizantes del oficialismo con quienes he hablado recientemente, e incluso algunos que he leído opinando sobre el asunto, ponen en evidencia una sola cosa: le mintieron al Pueblo y eso tiene consecuencias inevitables.

Hoy están entrampados en sus mentiras. Pasadas las fechas electorales, abandonaron al Pueblo nuevamente, usándolo como si los venezolanos fuésemos sólo cifras y no seres humanos con necesidades, sueños y capacidades diferentes.

Lo que les pone más cuesta arriba el asunto es que los políticos del partido de gobierno se han convertido en enemigos de sí mismos, porque le han fallado demasiado a quienes por última vez confiaron en su palabra.

Mentirosos, dejen la cháchara y la politiquería y cúmplanle a los venezolanos. Ya va siendo hora de que ustedes mismos revisen los catorce años de promesas incumplidas que llevan a cuestas y se hagan responsables del fracaso que hoy es más evidente que nunca.

En esos catorce años los hemos visto cometer un error tras otro. Eso debería servir al menos para evitarlos a la hora de gobernar.

Gobernar es una tarea que requiere de voluntad y compromiso. Pero sobre todo de confianza. Y la confianza en ustedes cada vez está más rota, más devaluada.

Y si la tarea es demasiado grande para ustedes, háganse a un lado y dejen que un futuro mejor llegue a las vidas de los venezolanos. Un futuro que también los incluye a ustedes.

Es la hora de acercar el poder a la gente

Fui Alcalde de Baruta durante dos períodos y sigo creyendo que es uno de los cargos públicos más hermosos de todos los que se pueden tener.

Piense en quién es la autoridad ejecutiva más cercana a usted y verá que es el alcalde. Un alcalde vive en el mismo municipio que usted, conoce sus problemas y está cerca de ellos. Por eso los países donde los ciudadanos más progresan creen en la descentralización y en acercar el poder y las soluciones confiando en las autoridades municipales y regionales, permitiendo que la vida de las familias mejore de manera inmediata y palpable.

Los venezolanos vivimos un modelo centralista que excluye y no soluciona. Más que vivirlo, este modelo actual lo estamos padeciendo y cada vez las consecuencias son más evidentes. Por eso hay que luchar más que nunca para que las soluciones estén cerca de las personas. Y eso sólo se puede lograr con voluntad y buen gobierno.

Quienes mantienen ese poder centralista insisten en que los gobiernos regionales no tengan autonomía. Y la razón es muy sencilla: a ellos no les conviene que los ciudadanos vean que existe una manera distinta de hacer las cosas y por eso asfixian a las Gobernaciones y Alcaldías, incluso a las que pertenecen a su propio partido.

A ninguno de los jerarcas del poder ejecutivo les conviene que un gobernador o un alcalde, sean del partido que sean, hagan un buen gobierno. Dicho en dos platos: a este gobierno no le convienen los contrastes porque saben que lo están haciendo muy mal y saben que los venezolanos podemos diferenciar entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto. ¡Y sabemos hacerlo porque de eso se trata pensar el futuro!

Entonces, sabotean la gestión de quienes tenemos otra visión del país y del futuro. Incluso, terminan contagiando con su propia ineficacia a quienes forman parte de su tolda política y quieren trabajar por las comunidades, porque el monstruo burocrático y las mafias que han dejado crecer dentro del Estado son su peor enemigo. Es como si, dentro de toda la obediencia que le exigen a sus militantes mediante el chantaje, también exigieran a sus alcaldes y gobernadores que sean tan ineficaces como el gobierno central para no hacerle sombra.

A veces parece que los alcaldes del partido de gobierno  compitan para ver quién es el peor. ¡Podemos cambiar esta realidad! Venezuela será un mejor país cuando tengamos alcaldes que no piensen que es el partido lo que va a resolver los problemas de la gente, sino su voluntad y su trabajo.

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Me enorgullece saber que en la Gobernación lidero un equipo de trabajo que lucha todos los días contra un modelo que le cierra las puertas a la vida y que no da oportunidades para progresar. Y esa lucha no la damos por obediencia ni porque nos lo mande a decir Fulano de Tal, sino porque tenemos voluntad y estamos comprometidos con el buen gobierno. Lo hacemos porque sabemos hacerlo y porque para eso me eligieron los mirandinos, con quienes cada uno de mis directores y yo hemos seguido gobernando de cerca. Y muchas alcaldías podrían funcionar así, porque es lo que los venezolanos merecen.

No creo que las cosas que van mal en Venezuela vengan simplemente de un pensamiento malvado, sino de la absoluta incapacidad que tienen algunos políticos para pensar el futuro. Esa incapacidad es propia de quienes se atornillan al poder por el poder mismo, sólo por el placer que les da mandar y nada más. Este país no merece seguir siendo gobernado por adictos al poder, ineficaces que se esconden detrás del chantaje.

Somos nosotros, los venezolanos que creemos en el futuro, quienes vamos a vencer democráticamente ese modelo ineficaz y cruel. ¡Pero para eso debemos empezar a trabajar ya! Cada vez está más cerca la oportunidad para lograrlo: las elecciones municipales de julio. ¡Ésta es una oportunidad de oro para acercarle el poder a la gente y para demostrar que se puede gobernar bien y con los venezolanos!

Yo creo en un modelo donde el Estado apoye al pueblo, no que le quite los recursos y los retrase en Miraflores. El gobierno central debe entender que el progreso de Miranda y el progreso de los municipios contribuyen con el progreso de Venezuela. ¡Y si los de Miraflores se niegan a darse cuenta, nosotros se lo seguiremos demostrando a las familias!

Intentaron uniformar a un país al que siguen decepcionando, traicionando e incumpliendo, pero no pudieron con Miranda. Los comicios electorales que vienen han sido retrasados, pero hoy podemos decir que ya tienen una fecha.

Sé que el partido de gobierno logra que las elecciones se adelanten o se posterguen según les convenga. Pero también sé que las pasadas elecciones regionales hicieron pensar a muchos venezolanos, quienes ahora tienen una mayor conciencia de cuán importante es su voto, de cuánto afecta sus vidas y de cómo ayuda a que el país evolucione o se mantenga paralizado.

Empecé hablando de lo cercano que es un alcalde en nuestra cotidianidad porque estas elecciones van más allá de colores políticos. Estas elecciones se tratan del futuro de nuestra familia, de nuestra casa, de nuestra calle, de nuestro barrio. Y estoy seguro de que tú quieres que eso mejore.

¡Hagamos que Venezuela progrese desde nuestros municipios! Podemos hacerlo: depende de nosotros y de nuestras ganas de construir un futuro mejor.