Archivos Mensuales: febrero 2013

Mentirosos y entrampados en sus mentiras

Como líder y gobernador de un estado, lamento enormemente que las víctimas de una cadena de engaños que ha caracterizado estas semanas en las que el país ha sido encargado al vicepresidente sean, precisamente, esos venezolanos a los que votaron por la reelección del Presidente Chávez.

Una de las más grandes faltas de respeto del gobierno central ha sido creer que hacer política se trata de conservar el poder a como dé lugar, solo por la ambición. Es lo que ha caracterizado al partido de gobierno y, a cuenta de eso, han ido acumulando una mentira tras otra para chantajear y encandilar a sus seguidores.

Fueron engañados quienes votaron esperanzados en un proyecto político que les prometió, una vez más, que no habría devaluación, que el hampa dejaría de matar venezolanos en las calles, que nuestra economía era fuerte o que el presidente estaba sano.

No hablo de quienes tienen los grandes negocios con el gobierno, porque esos son quienes se benefician con ese Paquetazo Rojo que desde ya pesa en la conciencia y en la carrera política del vicepresidente Maduro. Creo que tanto él como el ministro Giordani tendrán que rendir cuentas a muchos venezolanos que confiaron en esos embustes que han ido poniendo uno detrás de otro para mantener esta farsa política, este rotundo fracaso, esta mentira.

Pero la mentira tiene las patas cortas, como dicen las abuelas.

¿Por qué no se dedican a encontrar soluciones y dejan de preocuparse por el eterno asunto de buscar a quién echarle la culpa? Porque no saben cómo hacerlo, porque no pudieron, porque fracasaron dedicándose al espejismo de la polarización política y olvidaron que gobernar es mucho más que recitar frases ajenas y hablar por televisión.

Hoy los venezolanos tenemos la vergüenza económica de ser el único país de la región que ha devaluado su moneda. ¿De qué le sirve a este gobierno llenarse la boca diciendo que, supuestamente, lideran una revolución continental, cuando los otros países aumentan su producción y sus ganancias —muchas veces a expensas de la riqueza de los venezolanos— y nosotros amanecemos, por el capricho del Ejecutivo Nacional, mucho más pobres?

Se llenan la boca autoproclamándose líderes mundiales. Se llenan la boca diciendo que tenemos las mayores reservas de petróleo del Mundo. Se llenan la boca hablando de justicia social. Y al final, terminan como siempre: tramando todo en la sombra, en lo oscuro, lejos de los ojos del Pueblo.

Solamente la teme el que la debe. Y quienes están encargados del gobierno en este momento le deben mucho a los venezolanos. Se les olvidó que las decisiones que toman inciden en la vida de todos, incluso en la de su militancia. Esos errores históricos afectan la vida de quienes menos tienen y esos venezolanos no se comen el cuento de “los dólares del Pueblo” ni de llamar “ajuste” a esa catástrofe que se parece demasiado a lo que tanto critican.

Hasta una felicitación por parte del Fondo Monetario Internacional recibieron.

No me canso de decir que pertenezco a un liderazgo nuevo, que sabe que gobernar bien consiste en darle soluciones a los ciudadanos, sin importar su ideología, su tendencia política ni las diferencias con quienes hemos sido electos por el voto de la gente. Ellos convirtieron la política en un circo vacío, donde sólo se tienen discusiones infértiles que nada tienen que ver son el día a día de las familias venezolanas que, en tan sólo dos meses, son más pobres y siguen estando desprotegidas por un gobierno central que cada vez se endeuda más y resuelve menos.

Si tenemos los precios más altos del barril de petróleo en años, ¿cómo pretenden esconder que la devaluación es para intentar resolver la falta de dinero por culpa de un Estado que se gastó toda la plata en nombre del partido?

Si la economía va bien, ¿por qué prefieren empobrecer a las familias venezolanas, en vez de para la regaladera de dinero que el gobierno le hace a otros países para mantener las apariencias y algunas amistades políticas?

Si todo está bien, ¿cuál es el secreteo y la escondedera? ¿Hasta cuándo tendrán el embuste y el capricho como únicas políticas de Estado?

Nadie responde a esas preguntas. Prefieren hacerse los locos o inventarse embustes que no compran ni ellos mismos. Los simpatizantes del oficialismo con quienes he hablado recientemente, e incluso algunos que he leído opinando sobre el asunto, ponen en evidencia una sola cosa: le mintieron al Pueblo y eso tiene consecuencias inevitables.

Hoy están entrampados en sus mentiras. Pasadas las fechas electorales, abandonaron al Pueblo nuevamente, usándolo como si los venezolanos fuésemos sólo cifras y no seres humanos con necesidades, sueños y capacidades diferentes.

Lo que les pone más cuesta arriba el asunto es que los políticos del partido de gobierno se han convertido en enemigos de sí mismos, porque le han fallado demasiado a quienes por última vez confiaron en su palabra.

Mentirosos, dejen la cháchara y la politiquería y cúmplanle a los venezolanos. Ya va siendo hora de que ustedes mismos revisen los catorce años de promesas incumplidas que llevan a cuestas y se hagan responsables del fracaso que hoy es más evidente que nunca.

En esos catorce años los hemos visto cometer un error tras otro. Eso debería servir al menos para evitarlos a la hora de gobernar.

Gobernar es una tarea que requiere de voluntad y compromiso. Pero sobre todo de confianza. Y la confianza en ustedes cada vez está más rota, más devaluada.

Y si la tarea es demasiado grande para ustedes, háganse a un lado y dejen que un futuro mejor llegue a las vidas de los venezolanos. Un futuro que también los incluye a ustedes.

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¡No devaluarán el futuro!

Seguimos en la calle, trabajando juntos por un futuro mejor.

Seguimos en la calle, trabajando juntos por un futuro mejor.

Nuevamente, como han hecho durante catorce años de ineficacia, las mentiras del gobierno central golpean a los venezolanos más pobres. El año pasado este gobierno llevó a cabo una costosísima campaña presidencial en la que se llenaron la boca hablando de la fortaleza de la economía. Tanto fue así que una promesa estuvo presente en el discurso del candidato que hoy es presidente, aunque lleve más de dos meses ausente: a los venezolanos nos dijeron que no habría devaluación. Sin embargo, aunque no hayan tenido la entereza de transmitirlo por todos los medios de comunicación en cadena nacional, los encargados de la Economía y las Finanzas de todos los venezolanos anunciaron una devaluación que hizo que el precio del dólar oficial pasara de Bs.4,30 a Bs. 6,30. Ya no es necesario poner la F de “fuerte” porque esta medida ha dejado en claro que si algo no tiene nuestra moneda es fortaleza.

Así estarán las cosas que, acostumbrados a maquillar cifras a su conveniencia, tuvieron que declarar un aumento de la inflación y de la escasez. Súmenle a eso que también aumentaron la unidad tributaria, encareciendo los costos de todos los trámites que los ciudadanos llevan a cabo día tras día. Y hacen todo eso justo antes de anunciar la devaluación del bolívar y reconocer públicamente el fracaso del SITME en una rueda de prensa exprés, en la que apenas dejaron que los periodistas hicieran las preguntas justas.

Dos meses a cargo del país y hasta sus propias mentiras se les va de las manos. Pero la irresponsabilidad de quienes están al mando del gobierno durante estas semanas parece no tener límite. El ministro Giordani, palabras más palabras menos, quiere hacernos creer a los venezolanos que la economía del país está bien y que por eso devalúan la moneda. ¿A quién quieren cortar con ese cuchillo de cartón de la especulación? Todos sabemos quiénes son los que se han vuelto cada vez más ricos. Nos han convertido en un país mucho más dependiente del petróleo y rentista que cuando llegaron al poder.

El asunto es que hoy les resulta imposible tapar el sol con un dedo, pues desde sus propias filas muchos de sus seguidores, incluyendo a sus opinadores de oficio, no han tenido otra salida que reconocer el profundo fracaso y la derrota económica que todo esto representa para el país. Si creen que a los venezolanos vamos a olvidar que todo esto es consecuencia, entre otras cosas, de una altísima corrupción y de que han sido incapaces de elevar la producción nacional, están equivocados. Por más ollas que monten y bombas de humo con las que quieran distraer a las familias venezolanas, el Paquetazo Rojo que le han puesto como un grillete al futuro de los venezolanos ha quedado en evidencia. No han podido darle al pueblo el país que merecemos.

Hoy el pueblo les reclama cada una de las promesas que se hicieron en la campaña presidencial. Cuando se gana una contienda electoral no se hace para seguir prometiendo ni manipulando a los seguidores que confiaron en su propuesta: si se gana es para gobernar y cumplirle a todos, a quienes votaron por uno y a quienes no. El problema es que este gobierno no ha salido de una campaña propagandística y politiquera. Yo creo que el buen gobierno es posible y Miranda es una muestra de eso, a pesar de los obstáculos que han puesto, ponen y pondrán desde Miraflores. Las regiones siguen siendo víctimas del centralismo.

Mientras el pueblo sigue esperando que la seguridad, el desempleo y el poder adquisitivo tengan soluciones eficaces, ellos hacen cadenas nacionales sobre una gorra tricolor que todavía les duele porque saben lo que representa. El buen gobierno es capaz de convencer hasta a quienes no comparten las mismas ideas políticas, porque el buen gobierno cree en las soluciones y no en la politiquería. Por eso la mayor de las consecuencias que tendrá el incumplimiento de los políticos del partido de gobierno es que sus propios militantes se han dado cuenta de que la ineficacia ha llegado a su punto máximo: después de los carnavales que utilizaron para esconderse y aplicar la devaluación, las familias venezolanas volvieron mucho más pobres, con el salario disminuido y las angustias aumentadas.

Quienes han gobernado la economía del país le deben al pueblo mucho más que explicaciones. Le deben sus ahorros, sus ilusiones y sus planes de un futuro que hoy ven interrumpidos. Nosotros seguimos trabajando, porque el liderazgo que cree en la nueva manera de hacer política debe mantenerse como una referencia, una esperanza, un punto de contraste. Mientras los ministros siguen actuando irresponsablemente, mientras la riqueza de los venezolanos sigue resolviendo problemas en otros países antes que los nuestros, mientras las políticas erradas siguen poniendo en evidencia a los mentirosos, nosotros nos mantenemos junto a los mirandinos y gobernando cerca de ellos. ¡Nadie le expropiará el futuro a los mirandinos! Y Miranda seguirá demostrando que un progreso para todos por igual es posible si lo construimos juntos. No perdamos el norte y pensemos en las elecciones municipales como una posibilidad real de echar el país adelante y ponerlo en dirección al futuro.

Ahora la responsabilidad de cada uno de nosotros es que ninguno de los venezolanos pierda la esperanza, porque si algo es cada vez más evidente es que el futuro es indetenible y nuestro. ¡Porque no podrán devaluar el futuro! Seguimos adelante.

La responsabilidad de un gobernante

Esta semana hicimos la entrega de la memoria y cuenta de la Gobernación de Miranda. Hablo en plural porque el trabajo de un buen gobierno se hace en equipo, consultando a los mejores y entendiendo que ni la improvisación ni el ensayo y error tienen cabida cuando las decisiones inciden directamente en la vida de la gente.

Cuando se rinde memoria y cuenta desde una posición en la cual nos han puesto los votos de muchos venezolanos, un buen gobernante sabe que no sólo está hablándole a quienes confiaron sus votos, sino sobre todo a quienes no lo hicieron. Esto lo digo porque la labor de un líder es demostrar que lo que dijo durante una campaña tiene razón de ser y ha sido pensado para cumplirse y para mejorar la vida de quienes viven en el lugar que gobierna, sea un municipio, un estado o una nación.

Los gobernantes tenemos que hacer nuestro trabajo sin discriminar a nadie. Y parte de nuestro trabajo es rendir cuentas. Soy un practicante ferviente de gobernar para todos por igual y me atrevo a decir que, en buena medida, esta manera de gobernar me ha permitido ser reelecto en los cargos que he ocupado dentro del gobierno regional. Y les aseguro que quienes me han acompañado durante mis gestiones pueden decir lo mismo.

Memoria y Cuenta
Sin embargo, no todo el país cree en la descentralización y en la idea del buen gobierno. Hay quienes creen que la centralización y la obediencia ciega a lo que se dicta dese Miraflores es la manera de hacer política. Cada quien es libre de respaldar el modelo política que más le convenza o, en muchos casos, que más le convenga. Pero tengo claro que a ellos también va dirigida nuestra memoria y cuenta, porque es a ellos a quienes tenemos que demostrarles que existe una manera de gobernar que no precisa del chantaje. Yo más que nadie creo en la transparencia, la honestidad y la vocación de servicio de quienes servimos al pueblo de Miranda dese la Gobernación. Y anda se compara a tener la conciencia tranquila.

Las condiciones en las cuales recibimos la Gobernación de Miranda son conocidas por todos. Así como todos saben quién era el gobernador anterior –aunque haya desaparecido de la vida política mirandina, luego de haber perdido por los votos esta gobernación– y qué tipo de políticas llevó a cabo durante su paso por el estado.

También es sabido que muchos de los entuertos y casos de corrupción vinculados con esa gestión reposan, engavetados, en varias de las instituciones que han sido secuestradas por su partido político. Usan su poder para esconder las fechorías y se inventan espejismos para intentar que desaparezca de la memoria de los mirandinos tanta sinvergüenzura que se permitió en Miranda durante esa época oscura.

Sin embargo, los mirandinos han dado un par de lecciones con sus votos. La primera, cuando decidieron que el Progreso llegara a esta tierra bendita, a pesar del saboteo sistemático que ha tenido nuestra gestión desde Miraflores. La segunda, cuando demostraron que los liderazgos verdaderos no se construyen porque alguien nombre con su dedo  a quien quiere que gobierne a los mirandinos, reeligiendo nuestra propuesta pensada para todos por igual. Miranda no se dejó ni se dejará expropiar el futuro, porque el pueblo de Miranda conoce la diferencia entre cómo gobernaron ellos, siempre pensando en su propio beneficio, y en cómo hemos gobernado y gobernaremos nosotros, de la mano con la gente y  pensando en darle soluciones a sus problemas con verdadera voluntad, sin miedo a los obstáculos que ponen los poderosos y mucho, muchísimo trabajo.

Pero una de las diferencias más importantes en cómo el pueblo de Miranda cree en esta nueva manera de hacer política es que cuando nos han apoyado con sus votos no lo han hecho pensando en mí como una sola persona, sino en la vida de cada uno de los ciudadanos mirandinos, en sus sueños, en su futuro y en lo que quieren para sus hijos.

Nuestra memoria y cuenta, además de demostrar cómo no nos dejamos ni nos dejaremos asfixiar por el gobierno central, demuestra algo mucho más grande: los mirandinos reconocen una gestión que los involucra y que quiere mantener viva la esperanza del resto de los venezolanos, demostrando que el buen gobierno es posible. Y es posible con transparencia, honestidad y verdadero compromiso.

Ahora, en un intento más de enlodar la política y seguir polarizando al país, el mismo político que los mirandinos sacaron de la gobernación por los votos inventa casos, arma espectáculos y hace bulla en la televisión. Repiten las fórmulas de una vieja manera de hacer política que tanto criticaron y de la que ahora parecen la versión desmejorada, cuando el país ha ido entendiendo poco a poco que un futuro mejor es posible.

Siguen llamando a la división, a la fractura, a la pelea. Incluso, sus reacciones y la labor de sus asesores más cercanos han dejado cada vez más claro que su política más feroz es la polarización. Una polarización hueca, vacía, infértil, que no nos conduce a nada sino a eso que ellos quieren: que se siga distrayendo al pueblo con la política para no darle soluciones. Es una consecuencia de la frustración y el desespero que les ocasiona ver que millones de venezolanos se han sumado a esta nueva manera de hacer política, a una esperanza que tiene en Miranda uno de sus símbolos más poderosos.

Ya no se trata de un candidato caminando por el país afirmando que vale la pena luchar. Ahora somos millones convertidos en los ciudadanos capaces de demostrar que nosotros sí vamos a construir el país que merecemos: un país con oportunidades para todos y Miranda como un ejemplo.

La única polarización que nos interesa es la de los problemas versus las soluciones. Así gobernamos en Miranda y así hemos logrado convencer a millones de venezolanos de que un futuro mejor es posible. ¡Porque ésa es la responsabilidad de un gobernante!

Sigamos adelante.

Es la hora de acercar el poder a la gente

Fui Alcalde de Baruta durante dos períodos y sigo creyendo que es uno de los cargos públicos más hermosos de todos los que se pueden tener.

Piense en quién es la autoridad ejecutiva más cercana a usted y verá que es el alcalde. Un alcalde vive en el mismo municipio que usted, conoce sus problemas y está cerca de ellos. Por eso los países donde los ciudadanos más progresan creen en la descentralización y en acercar el poder y las soluciones confiando en las autoridades municipales y regionales, permitiendo que la vida de las familias mejore de manera inmediata y palpable.

Los venezolanos vivimos un modelo centralista que excluye y no soluciona. Más que vivirlo, este modelo actual lo estamos padeciendo y cada vez las consecuencias son más evidentes. Por eso hay que luchar más que nunca para que las soluciones estén cerca de las personas. Y eso sólo se puede lograr con voluntad y buen gobierno.

Quienes mantienen ese poder centralista insisten en que los gobiernos regionales no tengan autonomía. Y la razón es muy sencilla: a ellos no les conviene que los ciudadanos vean que existe una manera distinta de hacer las cosas y por eso asfixian a las Gobernaciones y Alcaldías, incluso a las que pertenecen a su propio partido.

A ninguno de los jerarcas del poder ejecutivo les conviene que un gobernador o un alcalde, sean del partido que sean, hagan un buen gobierno. Dicho en dos platos: a este gobierno no le convienen los contrastes porque saben que lo están haciendo muy mal y saben que los venezolanos podemos diferenciar entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto. ¡Y sabemos hacerlo porque de eso se trata pensar el futuro!

Entonces, sabotean la gestión de quienes tenemos otra visión del país y del futuro. Incluso, terminan contagiando con su propia ineficacia a quienes forman parte de su tolda política y quieren trabajar por las comunidades, porque el monstruo burocrático y las mafias que han dejado crecer dentro del Estado son su peor enemigo. Es como si, dentro de toda la obediencia que le exigen a sus militantes mediante el chantaje, también exigieran a sus alcaldes y gobernadores que sean tan ineficaces como el gobierno central para no hacerle sombra.

A veces parece que los alcaldes del partido de gobierno  compitan para ver quién es el peor. ¡Podemos cambiar esta realidad! Venezuela será un mejor país cuando tengamos alcaldes que no piensen que es el partido lo que va a resolver los problemas de la gente, sino su voluntad y su trabajo.

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Me enorgullece saber que en la Gobernación lidero un equipo de trabajo que lucha todos los días contra un modelo que le cierra las puertas a la vida y que no da oportunidades para progresar. Y esa lucha no la damos por obediencia ni porque nos lo mande a decir Fulano de Tal, sino porque tenemos voluntad y estamos comprometidos con el buen gobierno. Lo hacemos porque sabemos hacerlo y porque para eso me eligieron los mirandinos, con quienes cada uno de mis directores y yo hemos seguido gobernando de cerca. Y muchas alcaldías podrían funcionar así, porque es lo que los venezolanos merecen.

No creo que las cosas que van mal en Venezuela vengan simplemente de un pensamiento malvado, sino de la absoluta incapacidad que tienen algunos políticos para pensar el futuro. Esa incapacidad es propia de quienes se atornillan al poder por el poder mismo, sólo por el placer que les da mandar y nada más. Este país no merece seguir siendo gobernado por adictos al poder, ineficaces que se esconden detrás del chantaje.

Somos nosotros, los venezolanos que creemos en el futuro, quienes vamos a vencer democráticamente ese modelo ineficaz y cruel. ¡Pero para eso debemos empezar a trabajar ya! Cada vez está más cerca la oportunidad para lograrlo: las elecciones municipales de julio. ¡Ésta es una oportunidad de oro para acercarle el poder a la gente y para demostrar que se puede gobernar bien y con los venezolanos!

Yo creo en un modelo donde el Estado apoye al pueblo, no que le quite los recursos y los retrase en Miraflores. El gobierno central debe entender que el progreso de Miranda y el progreso de los municipios contribuyen con el progreso de Venezuela. ¡Y si los de Miraflores se niegan a darse cuenta, nosotros se lo seguiremos demostrando a las familias!

Intentaron uniformar a un país al que siguen decepcionando, traicionando e incumpliendo, pero no pudieron con Miranda. Los comicios electorales que vienen han sido retrasados, pero hoy podemos decir que ya tienen una fecha.

Sé que el partido de gobierno logra que las elecciones se adelanten o se posterguen según les convenga. Pero también sé que las pasadas elecciones regionales hicieron pensar a muchos venezolanos, quienes ahora tienen una mayor conciencia de cuán importante es su voto, de cuánto afecta sus vidas y de cómo ayuda a que el país evolucione o se mantenga paralizado.

Empecé hablando de lo cercano que es un alcalde en nuestra cotidianidad porque estas elecciones van más allá de colores políticos. Estas elecciones se tratan del futuro de nuestra familia, de nuestra casa, de nuestra calle, de nuestro barrio. Y estoy seguro de que tú quieres que eso mejore.

¡Hagamos que Venezuela progrese desde nuestros municipios! Podemos hacerlo: depende de nosotros y de nuestras ganas de construir un futuro mejor.