Archivos Mensuales: octubre 2011

Sí hay un camino y en Miranda lo demostramos con hechos

¡Qué inyección de energía hemos recibido estos días durante cada uno de los encuentros y recorridos en los que presentamos nuestra propuesta de progreso para Venezuela!

Muchas veces hemos dicho que entre las manos tenemos un país lleno de futuro, un país que no está condenado a repetir los errores ni del pasado del presente. Pues eso, precisamente, es lo que hemos visto reflejado en los rostros y voces de tantas personas que, pese a las muchas dificultades de sus vidas, expresan la alegría de saber que efectivamente hay un camino. Hablo de gente muy distinta entre sí; con tendencias políticas diferentes, pero todas con el convencimiento de que Venezuela debe entrar en un nuevo ciclo de desarrollo económico, con oportunidades reales para que nuestros hijos vivan en una Venezuela mejor.

En este recorrido por varias regiones del país, hemos visto cómo allí también se viven muchos de los obstáculos y problemas que nos ha tocado afrontar desde la Gobernación de Miranda. Un ejemplo es el atropello al derecho constitucional de la distribución oportuna y justa del Situado Constitucional, mal que se repite en cada uno de los estados sometidos a la arbitrariedad de la administración central, en perjuicio de todo el pueblo.

Una constante en la angustia de los ciudadanos es la falta de empleo y el deterioro de los existentes, obviamente en directa relación con la crisis de nuestro parque empresarial. En el interior, principalmente en sectores tradicionalmente dinamizados por la presencia de zonas industriales, este problema adquiere especial importancia por su profundo impacto en la calidad de vida.

Autobús del Progreso a su paso por Catia

El autobús del progreso, en su recorrido por Venezuela, fue a Catia

Hoy nuestras empresas, en promedio, están utilizando apenas la mitad de su capacidad de producción y, en los últimos dos años, han registrado una caída del 14% del llamado Producto Interno Bruto (PIB) manufacturero. Por la otra, el Gobierno central continúa en su afán confiscatorio: ¡Cerca de 400 empresas han sido expropiadas sólo en 2011! Así, en muchas regiones del interior, el Estado central se consolida como el patrono único; un patrono poco confiable, que condiciona el empleo a la lealtad partidista y que, por cierto, combate abiertamente cualquier sindicalismo independiente.

Transformar esta realidad, creando las condiciones para que más y más venezolanos accedan a empleos de calidad, es una tarea primordial del próximo gobierno. No sólo hay que recuperar y reactivar el parque industrial, sino que hay que aprovechar ese extraordinario capital que representa el espíritu emprendedor que existe en el país. Una de las tareas más satisfactorias en nuestra gestión en Miranda, por cierto, ha sido prestar el apoyo necesario para que jóvenes, madres y a menudo familias enteras cumplan el sueño de echar andar su propia pequeña empresa. Es una experiencia que debe multiplicarse a gran escala, pues ello representa multiplicar la independencia, el crecimiento y, en una palabra, el progreso.

Lograr esos empleos requiere, primero, elevar la calidad de nuestro recurso humano; es decir invertir los mayores esfuerzos en optimizar y ampliar el sistema educativo. Así lo hemos hecho en Miranda, construyendo escuelas que son modelo de excelencia, apoyando la formación de los maestros, y mejorando a fondo el proceso de enseñanza y aprendizaje.

En estos y otros tantos desafíos podemos, juntos avanzar hacia una Venezuela con oportunidades de progreso para todos. Que nadie se deje chantajear por quienes dicen que hay que conformarse con lo que hay, porque cualquier otra opción será un retroceso. No: este país tiene más futuro que pasado y más futuro que presente. Del pasado sólo lo bueno y lo útil: aprovechemos las lecciones aprendidas; rescatemos los valores y logros que dejamos el camino; conservemos y despoliticemos los avances sociales, y dejemos definitivamente atrás la confrontación estéril.

Es la hora de recuperar el orgullo de hacer bien las cosas. Los venezolanos sabemos hacerlo. Qué mejor ejemplo que el que nos acaban de dar nuestros jóvenes atletas en los Panamericanos de Guadalajara, con su extraordinaria demostración de voluntad y amor por su bandera. Hacer bien las cosas implica trabajar con los mejores y no con los que mejor repiten consignas políticas. Frente al estilo de una administración que gobierna de emergencia en emergencia, siempre en busca de un enemigo al cual achacar sus propias incompetencias -se trate de la electricidad, la vivienda, el abastecimiento o la inseguridad- impongamos una manera de gobernar con verdadero sentido de la responsabilidad, con respeto a los demás poderes e instituciones y verdadera voluntad de superar la pobreza y alcanzar el desarrollo.

El Autobús del Progreso ya arrancó: que se monten todos los que hoy quieren paz, justicia, bienestar y una Venezuela de progreso.

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Progreso

Si alguien quiere saber lo que significa el progreso, y en particular el sentido que le hemos dado en nuestra propuesta al país, no tiene más que salir a la calle y conversar un poco sobre aquello que los venezolanos y venezolanas sueñan para su futuro y para el de sus hijos.

Raro será escuchar una conversación en términos de “izquierda”, “derecha”, “escuálido” o “chavista”; y en cambio seguro que escucharemos expresiones como “echar pa´lante”, “verle el queso a la tostada”, “tener lo que yo no tuve”, “echarle pichón”, “conseguir una oportunidad” y muchas otras relacionadas con techo, trabajo, seguridad, educación o salud. Y es así porque nuestro pueblo está más claro de lo que algunos pudieran pensar en cuanto a sus verdaderos problemas y anhelos, porque sabe que los grandes discursos y los planes que le son anunciados, no significan nada si no se traducen en avances concretos en la mejora de su calidad de vida.

En Venezuela sabemos de progreso. Tanto hablar de cómo nuestra democracia perdió el norte en las últimas décadas del siglo XX, nos hace olvidar que Venezuela pasó de ser un país sumido en el mayor atraso, sin sistema alguno de salud y educación, disminuido por el paludismo y las dictaduras, para convertirse en una sociedad menos injusta, con una clase media que creció durante bastantes años, con una educación masiva y democrática, a la vanguardia en el control de diversas enfermedades, entre muchos otros logros que, lamentablemente, se diluyeron en los vicios de un sistema que, tal como ocurre ahora, fue perdiendo su conexión con las verdaderas necesidades y expectativas del pueblo.

Esa experiencia nos indica que el progreso, en cuanto a las condiciones esenciales para una vida de calidad, tiene que ser integral o sencillamente no existe. Podríamos lograr un magnífico sistema de salud, por ejemplo, pero de poco nos valdrá si no logramos atajar el fenómeno de la delincuencia desbordada, que esta administración dejó crecer a niveles insoportables, o si no logramos garantizar un servicio tan elemental como el eléctrico, que condiciona desde la comodidad básica en nuestro hogar hasta la posibilidad de que las empresas de cualquier tamaño desarrollen su capacidad de producción y de generación de empleo. Esto último, por cierto, representa un drama que hoy sigue sufriendo Venezuela, especialmente en el interior del país, donde el racionamiento eléctrico ya es cotidiano. ¿Quién rinde cuentas de las fabulosas inversiones que supuestamente se han hecho? ¿Acaso se han perdido, como tantas otras, en el desaguadero de la incompetencia y la politización?

En Maracaibo se unieron al autobús del Progreso

En Maracaibo se unieron al autobús del Progreso

De otras tantas áreas podríamos hablar para detallar la ruta de progreso que hoy le proponemos al país, incluyendo, muy a la cabeza, el desarrollo de un sistema educativo orientado no a multiplicar frustraciones a través de la profusión de títulos, sino a la generación de capacidades que permitan acceder al mercado laboral en las mejores condiciones, o mejor aún, desplegar con éxito el espíritu emprendedor de tantos potenciales empresarios que hay en nuestra juventud.

Sin embargo, más allá de los grandes desafíos en materias cruciales como salud, abastecimiento o servicios públicos, el verdadero punto de partida de nuestro viaje hacia el progreso será el dejar atrás las conductas sectarias y garantizar el respeto por las diferencias. Hablo de una Venezuela donde la separación de poderes y la institucionalidad deje atrás las arbitrariedades del caudillismo. Una Venezuela donde no exista divisiones entre los llamados “escualidos” y los “chavistas”. Una Venezuela donde el haber sido o seguir siendo chavista no sea motivo de exclusión a ningún nivel.

En Miranda construimos ese modelo de gobierno, un gobierno que trabaja para todos por igual. En Miranda puede verse un modelo de cómo esa transición es perfectamente posible, y de cómo se abrieron las puertas a una forma distinta de gobernar. Sigamos esa senda. El autobús del progreso, donde todos cabemos, ya está listo para partir hacia un futuro distinto y mejor.

Henrique Capriles: La ilusión del porvernir

Opinión en El Universal, Alexander Cambero

El recinto caraqueño quedó reducido en minutos. Un torbellino avasallante desbordó todos los espacios para testimoniar que la fuerza del cambio crece de manera espectacular. Que no existe la más mínima posibilidad de voltear la mirada hacia el pasado que tanto daño nos ha hecho. Lo que ambicionamos es poder contar con un jefe de Estado inteligente, moderno y que garantice una gestión para todos por igual.

En las miles de voluntades reunidas, se sentía una alegría tan contagiante como conmovedora. El fervor ataviado con el ímpetu de una juventud que no cesaba de corear su nombre. Entre la muchedumbre se fue acercando el precandidato presidencial, hasta un tarima con un marco de vibrantes colores. Henrique Capriles comenzó dando un discurso de un hombre que transmite éxito y futuro. Se paseó por una Venezuela con grandes posibilidades para emerger, dejando atrás esta coyuntura histórica de corrupción, separatismos y odios enfermizos; su mensaje viabilizó un camino por donde todos los venezolanos podemos caminar sin ser conminados a vestirnos de un color. Cada quien ocupando sus espacios para el trabajo fecundo.

El magnífico acto me hizo recordar un hecho personal, y fue cuando pude visitarlo en la cárcel. En medio de la desazón de los pocos minutos para conversar, me dijo: “Alexander, de aquí saldré sin odios” . Efectivamente, pudo hacerlo sin arrodillarse ante el poder y muchos menos transformándose en un hombre carcomido por la venganza. De aquel injusto episodio salió con un morral lleno de ilusiones. Su fortaleza interior lo hizo vencer aquella trampa del régimen chavista; en apenas días ya andaba trabajando por todos los vecinos con la dignidad de siempre. Sin recurrir a la lastima por lo sucedido, ni tampoco viviendo del cuento hasta el hartazgo. Mucho menos vomitando veneno contra todo aquel que se cruzaba en su camino.

Henrique Capriles muestra el rostro del país posible. Una Venezuela integral que crezca con un ritmo vertiginoso en donde la libertad y la lucha contra las terribles injusticias vayan de la mano. No puede haber desarrollo sustentable sin que los pobres tengan la posibilidad de salir del hoyo. Que se respete el pensamiento de cada quien, sin que por ello tenga que sufrir persecuciones o ser relegados cuando necesiten la ayuda del gobierno. Queremos dejar atrás trece años de acosamiento, corrupción y miedos. En donde un hombre se erigió en gendarme de nuestro destino. Ese liderazgo perverso debe quedar en el anecdotario. Para entender que jamás podemos volver a caminar por la cripta secreta del museo de cera.

Llegó la hora del país posible. Que germine del seno de la sociedad todo ese talento floreciente sometido por esta trituradora de ilusiones que es Hugo Chávez. En Henrique Capriles tenemos al gerente moderno que encabezará el futuro. La posibilidad de lograr la victoria el 12 de octubre del año 2012, son cada día más amplias, el pueblo ha despertado para acompañar un proyecto incluyente; aquí no cabe el hombre acariciándose la herida en el rostro planeando venganza. Con aire de matón de barrio planificando escenarios para derruir al adversario con aviesas actitudes. Mucho menos, aquellos que pretenden una refriega existencialista en las páginas amarillentas del pasado, buscando oxígeno en el arrumaco de ataúdes repletos de más leyenda que porvenir. La épica cruzada entre las huestes del formol y el oloroso ejército de la naftalina. Fragancias de huesos que deben descansar en la paz de los sepulcros. Sus hechos tuvieron un ciclo importante, que feneció como todas las cosas. Se trata de futuro, de una Venezuela para todos por igual. ¡Henrique Capriles presidente!

El apoyo del PPT a Capriles

Opinión en El Universal, por Vladimir Villegas

El PPT ha adoptado una difícil pero valiente decisión al anunciar su apoyo a Henrique Capriles Radonski, luego de una dura discusión interna en la cual surgieron, como es natural, diversos puntos de vista con respecto a lo que debería ser la conducta de la tolda azul de cara a las primarias opositoras.

Este partido, en el cual milité durante varios años desde su fundación, ha debido tomar decisiones complicadas a lo largo de su existencia, y por eso ha sido injustamente estigmatizado por los extremos de la política nacional. Dentro del chavismo fue una fuerza que reivindicó la diversidad y el derecho de disentir y acompañó a Henri Falcón en su deslinde de Chávez y el PSUV.

Hoy el PPT ha dado un paso significativo. No deja de ser una fuerza de izquierda porque acompañe a Capriles, así como éste no renuncia a su visión del mundo por aceptar este apoyo.

El encuentro del PPT con Henrique es la mejor señal de que Venezuela está transitando la ruta de la unidad superior que se requiere para abrir un nuevo ciclo histórico, en el cual impere el Estado de Derecho, la autonomía de los poderes, la igualdad de oportunidades, el respeto al contrario y a sus ideas.

La presencia del PPT en la unidad no sólo debe medirse a partir de los votos que este partido pueda aportar, sino en lo que significa que una fuerza hasta hace poco aliada del chavismo encuentra un espacio en medio del diverso conjunto de sectores que hoy convergen en la necesidad de darle un nuevo rumbo al país.

Conozco bien el PPT y sé que al acompañar a Capriles Radonski lo hará pensando en los trabajadores, en la defensa del proyecto de país que recoge la carta magna de 1999, y del cual se ha alejado el actual Gobierno. El apoyo a Capriles implica, además, un mayor acercamiento con otras fuerzas progresistas y de izquierda democrática, como Podemos, La Causa R y Vanguardia Popular, con las cuales ya tiene en común la presencia en el Frente Progresista por el Cambio.

El apoyo del PPT implica para Capriles y para Primero Justicia la responsabilidad de ampliar el nivel de consulta con los aliados en torno a los temas de mayor interés nacional. Lo importante es la búsqueda del consenso para presentarles a los venezolanos una propuesta progresista, sin retroceso hacia las aberraciones del pasado y sin repetir las perversiones del presente.

La llegada del PPT a esta alianza con Capriles y todos los factores que lo acompañan hará más fácil el camino hacia el cambio que hoy reclama la mayoría de los venezolano; le señala a los sectores tradicionalmente opositores que sin el pueblo chavista no es posible triunfar, y le dice al chavismo descontento y decepcionado que sí hay alternativa y que no debe ceder ante chantajes emocionales o ideológicos.

Junto con esta decisión de apoyar a Capriles se produce el relevo en la secretaría general del PPT. José Albornoz le cede la batuta a Simón Calzadilla para que este joven dirigente conduzca la organización en la nueva etapa.

Mientras otros líderes históricos del PPT lo abandonaron para irse al PSUV, a José Albornoz le tocó resistir junto con los cuadros que se quedaron y desobedecer la imposición de una unidad a la fuerza, y luego le correspondió la etapa de deslinde y ruptura con Chávez.

Ahora a Simón le sale la dura tarea de suturar las heridas internas que quedan en el PPT tras el debate del fin de semana, y liderar el proceso de acoplamiento de su partido a la nueva situación dada con el apoyo a Capriles.

El hecho de que Henrique Capriles, Henri Falcón, Ismael García y Andrés Velásquez estén unidos en el Comando Tricolor, con sus respectivos partidos, es una clara señal de que están pasando cosas buenas en el país, y de que hay razones para el optimismo.

La decisión del TSJ en el caso del Leopoldo López es una clara intervención en el ejercicio de la justicia

La decisión del Tribunal Supremo en el caso de Leopoldo López es una clara intervención de los intereses políticos del poder en el ejercicio de la ley y de la justicia.

La justicia debe impartirse para garantizar el orden y aclarar los procesos. Cuando la presidenta del TSJ dice que López puede postularse a cualquier cargo de elección popular pero que no puede ejercer ningùn cargo pùblico, el resultado es confusión y desórden.

En el Comando Tricolor que respalda a Henrique Capriles Radonski creemos que las leyes deben estar al servicio de la justicia y no al servicio del poder.  Los derechos de Leopoldo López deben ser reestablecidos plenamente. Eso establece la sentencia del sistema interamericano de justicia al cual pertenece Venezuela.

Apoyamos a Leopoldo y a todo ciudadano o ciudadana inhabilitados injustamente para que sigan luchando con fuerza en la defensa de sus derechos fundamentales como venezolanos.

Armando Briquet
Jefe del Comando Tricolor de Henrique Capriles Radonski

 

 

 

 

Gobernar es callar

Opinión Hoy en el diario El Nacional
Gobernar es callar
MILAGROS SOCORRO/@MilagrosSocorro

La avalancha de imágenes aportada por la modernidad ha favorecido la vista a expensas de otros sentidos (“el miedo de Chávez es evidente en su voz”, me decía una invidente en estos días, “y quien no se da cuenta es porque la visión ha empobrecido su percepción”), pero, ciertamente, nos ha aportado una inmensa cantidad de información que ha terminado favoreciendo la síntesis en todas las formas de expresión.

Me explico: si hace un siglo un autor necesitaba comunicar asuntos ajenos a la experiencia de la audiencia debía tomarse el trabajo de describirlos con detalle para que la cosa aludida se dibujara en la mente del lector. En la actualidad, basta con decir: muralla china, torre Eiffel, estampida en la selva, corales y barracudas, superficie de la luna… y todo el mundo sabe de qué se trata. No sólo no es preciso abundar en explicaciones, sino que éstas se hacen latosas porque hasta el último habitante del planeta sabe cómo es el fondo del mar y las cumbres nevadas.

El cine y la narrativa del último medio siglo han acelerado su ritmo gracias a esta masiva divulgación informativa (y hasta el cine francés se muestra menos remolón). ¿Por qué la política tendría que ser diferente? Si los aficionados a la novela leen en diagonal los párrafos detenidos en disquisiciones baladíes, ¿por qué la clientela de la política se habría quedado atascada en la época de las cotorras eternizadas en la tribuna? Hay muchas razones para pensar que las audiencias políticas están hasta el gorro de los bocazas, al tiempo que exigen obras, pruebas concretas de las promesas y más respeto a su tiempo libre. Lo que sí está claro es que los viejos paradigmas han sido relegados al rincón de las polillas.

Sobre estas dos certezas: la declinación del palabrerío y el fin de los catecismos ideológicos, se montó el lanzamiento de la candidatura de Henrique Capriles a las primarias de la unidad democrática. Quienes apostaron a que su preeminencia se desvanecería en cuanto tuviera que hablar, se equivocaron. El gobernador de Miranda logró convertir su escasa habilidad oratoria en una fortaleza: fue al grano, no empleó horas en inventarse una epopeya, no se degradó en ofensas, no imitó a los predicadores de ferias, en suma, no se puso en la cola de la charlatanería periclitada.

En vez de eso, compareció en un evento bien organizado, que, en el contexto del caos nacional, tuvo un gran impacto favorable.

No mencionó al pasado por su nombre propio, pero sí denunció sus acciones, las que han destrozado al país y lo han sumido en el actual desastre. “No hace falta quitarle nada a nadie para progresar”. “La tarea del gobierno es proteger, no quitar. La tarea del gobierno es promover, no confiscar”. “Basta de que en Venezuela uno tenga que ponerse una franela de un color para tener acceso a las misiones y a lo que es de todos”. “No es suficiente hablar de la pobreza, es preciso combatirla mediante la creación de empleos de calidad”. “Hoy les pregunto, ¿tenemos derecho a tener una vida mejor? Yo quiero, igual que todos ustedes, una vida mejor para cada uno de los venezolanos, una vida de progreso, sin temor a salir a la calle… hoy vengo aquí a decirles a todos que sí podemos tener esa vida mejor”.

No era necesario llamar perro a quien le mostraba el tramojo.

Así, jojoto como se le vio, torpón en el habla, muy lejos de ser un pico de plata, llamó las cosas por su nombre. Y lució sincero, genuinamente emocionado, además de estar autorizado por una excelente gestión, a la que hasta ahora se ha referido poco.

Capriles advirtió a los compatriotas que la reconstrucción del país pasa por el esfuerzo y el aporte de cada quien. El abanderado de 39 años trató a la gente como adulta.

Y lo más relevante es que se puso por encima de la polarización al recordar que: “No es la hora de la izquierda ni la derecha, sino de Venezuela”. Con este principio, Capriles se pone en sintonía con los objetivos de desarrollo del milenio de Naciones Unidas: Erradicar la pobreza extrema; Lograr la enseñanza primaria universal; Promover la igualdad entre géneros y la autonomía de la mujer; Reducir la mortalidad infantil; Mejorar la salud materna; Combatir el VIH, el paludismo y otras enfermedades; Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Ya todo está dicho. Falta gobernar.

Hay un camino para Venezuela

Si antes de esta semana teníamos la firme convicción de que existe un camino distinto para Venezuela, un camino ancho donde todos cabemos, hoy esa convicción se convierte en la certeza de que el cambio, además de posible, ya está en plena marcha.

Este miércoles 12 de octubre en Parque Miranda, experimentamos la alegría de saber que se está cerrando un ciclo que ya dio lo que podía dar. Allí se congregaron los que ya divisan la posibilidad de un futuro de progreso. Allí sentimos la energía transformadora de cuantos piensan que en Venezuela tenemos los recursos y los talentos para avanzar hacia una sociedad con oportunidades para todos, donde la justicia social vaya de la mano con la creación de empleo, la seguridad o la eficiencia de los servicios públicos.

Fue un acto profundamente ciudadano, expresión de una sociedad que quiere dejar atrás la hostilidad y el sectarismo, una sociedad que si bien valora la apuesta por lo social que caracterizó las primeras etapas del actual gobierno, y que nos tocará profundizar, ahora entiende que sin eficiencia en la gestión, y sin amplitud para trabajar con todos y para todos, vamos derecho al fracaso.

Esa fuerza del cambio que nos hizo vibrar en Parque Miranda es la que nos convence de que el oficialismo es derrotable. No importa que pretendan controlarlo todo, desde los medios de comunicación hasta las más altas instancias del poder judicial: su destino está cantado. Son tan derrotables como lo fueron en nuesro estado Miranda, cuando el electorado le dijo ya basta a la ineptitud de una de las figuras centrales del chavismo.

Unidos en un sentimiento nacional

Apenas unas horas antes, Venezuela toda había vibrado con el histórico triunfo de nuestra Vinotinto frente a Argentina. Ese gran momento de unidad nacional fue el mejor prólogo para la presentación de una propuesta de país que, en todas sus dimensiones, busca igualmente la unión de todos por una meta similar: colocar a Venezuela entre los mejores del mundo.

No creemos en un país dividido entre venezolanos de izquierda y venezolanos de derecha. Las diferencias de pensamiento existen y están para ser respetadas, pero a todos nos une el deseo de heredar a nuestros hijos y nietos una patria donde se viva realmente mejor. Ni a la izquierda ni a la derecha: ¡vamos hacia adelante!, con todo, abriéndole espacio a quienes con buena voluntad, talento y compromiso social quieran hacer las cosas bien, en beneficio de todo el pueblo, sin exclusiones y sin privilegios.

En Parque Miranda arrancó el autobús del Progreso

En Parque Miranda el pasado 12 de octubre

Tenemos mucho tiempo esperando una vida mejor. El acento sobre lo social en el discurso del Gobierno no es suficiente, necesitamos generar herramientas para que todos los venezolanos progresen. La tarea es que todos juntos construyamos un camino de tranquilidad y progreso para todos por igual.

Venezuela tiene un gran futuro, que no se parece ni a los males de la llamada “cuarta república” ni a los trasnochados delirios ideológicos que han encerrado al gobierno nacional en un círculo de ineficiencia y decepción. Ese futuro pasa por una verdadera identificación con las necesidades, problemas y anhelos de la familia venezolana.

Tenemos que dejar de pensar en el yo y empezar a pensar en el nosotros. Hay que transitar ese camino donde hay menos política y más trabajo. Un camino para todos, que ponga el acento en el compromiso que tenemos que tener con la educación, la salud, la vivienda, la seguridad integral y el empleo. Debemos rescatar el verdadero sentido que tiene la palabra compromiso.

El modelo que ofrecemos al país es un modelo progresista, que propone el rescate de palabras como independencia, libertad, patria o derechos humanos, que el discurso oficial ha vaciado de contenido de tanto trajinarlas, para que se encarnen en nuestra realidad más cotidiana.

Queremos independencia de verdad para ese joven que hoy vive con su pareja arrimado en casa de sus padres, víctima de la falta o precariedad de empleo, o para ese otro que no logra concretar el sueño de convertirse en un pequeño empresario. Queremos libertad para ese funcionario público cuyas posibilidades de crecer o incluso permanecer en su puesto de trabajo, depende de que manifieste públicamente una adhesión partidista. Queremos patria para ese joven profesional que ama a su país, pero se ve empujado a emigrar en busca de un lugar donde no sea tan difícil tener condiciones de vida mínimamente dignas. Queremos derechos humanos, empezando por el de la vida, para esos padres y madres angustiados al ver cómo el crimen no encuentra freno ni castigo.

Venezuela merece un gobierno que trabaje para hacernos más capaces y no más dependientes. Un gobierno que, al mismo tiempo que hace al Estado y al país menos dependiente de la renta petrolera, a su vez hace a cada individuo menos dependiente del Estado para acceder a mejores condiciones de vida.

Venezuela está convocada a una verdadera lucha contra la pobreza: tanto la de bienes y servicios de calidad, en una economía que no sea permanentemente devorada por la inflación, la improductividad y la carencia de empleo; como contra esa otra pobreza de bienes inmateriales pero indispensables, como son la tranquilidad, la libertad, la confianza en la sensatez de nuestros líderes y la certeza de que nuestros hijos vivirán en un país cada vez más próspero.

El autobús del progreso ya arrancó por toda Venezuela, móntense todos en este autobús, si alguien se nos queda en la parada, detenemos el autobús para que se monte. Es tiempo de seguir caminando juntos para abrirle las puertas al progreso. Nuestro compromiso es que nadie se quede atrás. Este es un camino que vamos a recorrer entre todos.