Archivos Mensuales: septiembre 2011

Que hablen los hechos

Un principio rector de nuestro trabajo en la gestión pública, ya fuera en el parlamento, en la administración municipal o ahora en el Gobierno de Miranda, ha sido siempre el no pararle demasiado a los ataques sin argumentos, ni a los insultos ni tampoco a las acciones de saboteo que nunca faltan, y más bien se multiplican a medida que aumentan los logros y se actúa con sentido de responsabilidad. ¿Para qué gastar el tiempo y energía que necesitamos para enfrentar los problemas de la comunidad?

¿Por qué aceptar que quienes nos confrontan coloquen en el plano personal lo que, en cualquier caso, debe ser debate de ideas y proyectos? Y lo más importante: dedicarnos a los dimes y diretes de una política mal entendida siempre trae la tentación de achacar a terceros la responsabilidad de nuestras propias fallas… Y si de algo están cansados muchos venezolanos es de líderes a los que nunca falta una excusa, ya sea el imperialismo, la especulación o las oligarquías, por no hablar del clima o las iguanas, como nos ha tocado escuchar en varias oportunidades.

Mantener el foco en la gente y sus necesidades es una tarea permanente, pero hay que poner el límite de la indiferencia allí donde las agresiones comienzan a afectar las posibilidades de cumplir cabalmente con nuestra tarea de servir a nuestro pueblo.

Es por ello que en el Gobierno de Miranda, por ejemplo, nos ha tocado salir a reivindicar con firmeza el derecho de los mirandinos a un presupuesto que, como mínimo, respete la norma constitucional; a exigir que, más allá de las diferencias políticas y aunque no nos presten la colaboración que debería existir hacia cada gobierno regional, por lo menos se abstengan de poner obstáculos, para nosotros poder seguir trabajando en beneficio de nuestras comunidades.

Y es que los que hasta hace pocos años convivieron en santa y muy cómplice paz con uno de los peores gobiernos en la historia del estado Miranda, ahora nos dedican ataques que, estoy seguro, provienen de la angustia que les despierta una gestión bien distinta, tanto en sus logros como en sus métodos e intenciones. La respuesta a esos ataques no es la que yo puedo dar con mi propia voz, sino la que cualquiera puede escuchar en las calles de los pueblos y barrios de Miranda.

Que hablen nuestras obras, porque, como bien dicen: obras son amores. Que hable nuestro ejemplo más que nuestras palabras. Así nos lo enseñaron sabiamente nuestros padres. Lo demás es, por decirlo en criollo, pistoladas.

Hogar Mirandino Guayacán en Petare

Inauguración del Hogar Mirandino Guayacán en Petare

Podrían ir y preguntarle, para ser más específicos, a Daniel Ramírez, un joven de Santa Teresa del Tuy que a sus treinta años ya no quería ser mesonero y se convirtió en un innovador empresario, ya con diez empleados, gracias al empujón que le pudimos dar desde el Gobierno de Miranda. Él nos cuenta que en su ánimo siempre estaban las palabras que le repetían sus padres: “no te conformes, no te limites”. ¡Toda una lección para estos tiempos que corren, en los que cada venezolano debería saber que hay un futuro mejor, un futuro que debemos forjar aprovechando y mejorando las cosas buenas del presente, pero dejando atrás las divisiones absurdas y la conflictividad estéril!

Sería estupendo que hablasen y se contagiasen con el entusiasmo de Ulises Espinoza, el director de la escuela de Marare, para que vean como la inversión en una infraestructura moderna y funcional, junto a un nuevo enfoque educativo y de atención integral al alumno, no sólo puede mejorar la calidad de la enseñanza y combatir la deserción escolar, sino tener también un impacto muy positivo en la convivencia ciudadana de toda una comunidad. O con su colega María Fernández, de la Escuela Jabillito, en Charallave, donde maestros y niños, con el respaldo de Ambiente Miranda, presentaron un proyecto ecológico que recibió el apoyo financiero del PNUD tras ganar un concurso al que acudieron otras 298 iniciativas.

Les invitaría también a conocer a Yamile Contreras, una de nuestras madres cuidadoras en el Hogar Mirandino Crisantemo de Carrizal, -¡Este año esperamos llegar a 60 hogares en todo el Estado!- para que vean como se siembran valores de convivencia ciudadana desde la más temprana edad, al tiempo que se brinda alimentación de calidad y los cuidados más esmerados. Podrían incluso contactar a cualquiera de las 2.600 personas que han recibido capacitación en nuestros talleres de artes y oficios; o a las más de 2.800 que han recibido ayudas médicas, a menudo para afrontar problemas de salud que no encontraron atención en ninguna otra instancia oficial.

Son sólo ejemplos de lo que hemos logrado a través de una gestión de gobierno que siempre ha querido ser para todos y con todos, una gestión que hoy representa nuestro mejor argumento, nuestra más clara respuesta y la mejor demostración de lo que todos juntos podremos construir para el progreso de Venezuela, para todos por igual.

Un equipo Para Todos Por Igual

Los mayores desafíos de la política y de los gobiernos no están en los “qué hacer”, sino en los “cómo hacerlo”. Sobre los primeros no hay mayor dificultad, pues están en el terreno de las promesas electorales, donde todo cabe, y en el mejor de los casos en el ámbito de las buenas intenciones que, como bien dice el refrán, a menudo son las que pavimentan los caminos del infierno. El reto está en cómo poner en práctica lo que queremos hacer, y es ahí donde está la diferencia.

Sin ir más lejos, podría hablarles de muchas coincidencias, particularmente en lo social, con el discurso del Gobierno Central y de sus gobernadores afines sobre el diagnóstico de nuestros problemas. ¿Quién podría rechazar la idea, por ejemplo, de que la salud y la educación en Venezuela requieren mayor equidad y calidad? Sería tan poco sensato como plantearse eliminar las correspondientes misiones que, por el contrario, lo que requieren es crecer, institucionalizarse, democratizarse y dejar atrás todo sentido al servicio de una ideología.

Pero apenas pisamos el terreno de la puesta en práctica, surgen enormes diferencias relacionadas con dos modelos y dos maneras muy distintas de entender lo que debe ser el papel de un servidor público.

Modelos que nada tienen que ver con esa lección aprendida que repiten ciertos voceros oficialistas cada vez que se quedan sin argumentos, según la cual todo aquel que se atreve a llevarles la contraria trabaja para el imperialismo. Por fortuna, eso es más un cuento que sólo se creen los que lo echan, porque los fracasos de su acción de gobierno son cada vez más evidentes.

No, los verdaderos modelos que han venido perfilándose estos años tienen que ver más bien con cosas como las prioridades (¿es realmente el pueblo y sus necesidades o el proyecto ideológico que se quiere establecer en la realidad venezolana?), como la participación (¿participación de verdad o sometida a la voluntad del Presidente?), como el concepto de desarrollo (¿seguiremos el modelo estatista a ultranza, teniendo por referente a regímenes autoritarios y míseros, o el del crecimiento económico con progreso para todos?) y en última instancia se relacionan con la diferencia entre el caudillismo de quienes a estas alturas se empeñan en ir “detrás de un  hombre a caballo”, como los hijos de la loca Luz Caraballo, y la de quienes pretendemos evolucionar hacia instituciones que funcionen para todos por igual.

Cuando en diciembre de 2008 el pueblo de Miranda nos dio su confianza, se nos presentó un gran reto. Para comenzar a realizar lo comprometido en nuestra campaña, primero había que recoger los pedazos de una institucionalidad destrozada por la anterior administración. Contemplar aquella falta de visión, aquel desapego por todo lo que implica una gestión mínimamente ordenada y efectiva, nos confirmó la idea de que hoy, como nunca, los venezolanos sabrían valorar una gestión que dejara atrás la palabrería y el conflicto permanente para enfocar sus energías en mejorar la vida del pueblo.

Miranda Unida Tiene VidaFue así como entendimos que un paso esencial era constituir un equipo ejemplar, con profesionales ampliamente reconocidos tanto por su experiencia en el área como por su vocación hacia lo público. Hablo de gente que, además de estar cualificada de forma específica, tuviese la entereza para soportar los ataques que obviamente se nos vendrían encima y la capacidad de comprometerse a fondo, con entusiasmo, en una dinámica de estrecha colaboración con las comunidades.

Nos propusimos construir un gobierno para todos por igual, que brindara acceso a todos los beneficios que por derecho pertenecen a los mirandinos, sin discriminación de ningún tipo, sin distingo de pensamiento político, y si llegamos dispuestos a gobernar sin sectarismos, había que hacer lo propio en cuanto a la selección de los titulares para ese gran equipo de gobierno que necesitábamos.

Es así como atrajimos personas a menudo poco conocidas en los ambientes de la política, pero muy respetadas en sus ámbitos profesionales, gente con angustias y sueños en lo colectivo, que encontraron en Miranda un gobierno dispuesto a dejarles trabajar, a convertir en hechos trascendentes sus ideas de avanzada, ya fueran en salud, seguridad, educación o economía.

Son ellos los auténticos protagonistas de una gestión que se logró sobreponer a la limitante de una administración central que nada más llegando arrebataron todo un conjunto de competencias que nos hubiesen permitido demostrar mucho más rápido que sí era posible tener servicios de mayor calidad.

Pese a ello, armados con este equipo lleno de talento y sentido de responsabilidad, en dos años y medio hemos logrado mucho más de lo hecho en los cuatro años anteriores, a pesar de que contaban con todas las competencias y recursos y con todo el apoyo del Ejecutivo Nacional a una de sus figuras fundamentales.

Los pusimos en evidencia. Por eso, cada vez que pueden juegan con mayor fuerza a nuestro fracaso, temerosos de que lo alcanzado sirva de espejo a nivel nacional, aunque quien se beneficia de todos nuestros planes es el pueblo mirandino. Que sigan intentándolo, nosotros nos mantendremos firmes en nuestras convicciones, sin pararle al saboteo, convencidos de que cuando hacemos las cosas bien, pasan cosas buenas.

Frente al estilo de un gobierno que sólo se ocupa tarde y mal de los problemas, cuando el agua le llega al cuello (se trate de la electricidad, la vivienda o la inseguridad), estoy seguro que el pueblo elegirá una manera de gobernar para todos y en equipo, con gente que sabe lo que hace e involucra al pueblo, como estos profesionales de los que nos sentimos tan orgullosos en el ejecutivo regional, que saben hacer equipo con la comunidad y mantienen la mente puesta es ese otro equipo del que todos formamos parte: el pueblo de Venezuela.

Diez años y un destino

Hace hoy exactamente diez años, el mundo contemplaba estupefacto lo inimaginable: Las emblemáticas torres gemelas de Nueva York colapsaban víctimas de un ataque terrorista. Para los Estados Unidos, que esa tarde descubrió su vulnerabilidad, comenzó una nueva etapa en su relación con el mundo y, entre otras cosas, un proceso de reflexión sobre su propio sistema de libertades, ahora sometido a controles cada vez más invasivos por parte del Estado. Casualmente, al sur del Río Bravo, la mayor parte de los estados del subcontinente suscribían, ese mismo 11 de septiembre, un documento de gran trascendencia histórica. Sí, Latinoamérica, la misma que apenas unas décadas atrás fue una región famosa por sus dictaduras feroces y folklóricas, la misma que fue escenario de masivas violaciones de derechos humanos en Centroamérica o Argentina, por nombrar sólo grandes casos, afirmaba ese día que la democracia no era una opción; sino que era “la” opción, el único camino legítimo y, más aún, que era una derecho inalienable de nuestros pueblos.

Democrática Interamericana, que hoy cumple su primera década, y digo “nuestra” porque se trata de un patrimonio común que, más allá de los límites que pueda haber encontrado en su aplicabilidad, nos debe llenar de orgullo. Pocas regiones del mundo cuentan con una declaración/compromiso tan clara en sus exigencias y tan integral en su concepto de la democracia. En efecto, al leerla encontramos el gran desafío de construir sistemas democráticos donde no exista contradicción alguna, como de hecho ocurre tan a menudo, entre libertad e igualdad, entre derechos económicos y sociales y derechos políticos, entre seguridad social y seguridad jurídica.

La Carta afirma que la democracia supone elecciones libres y transparentes, e incluso abre la posibilidad de implementar mecanismos eficaces de supervisión, pero establece con toda claridad que ellas son apenas un primer escalón para ascender a un sistema que realmente pueda llamarse democrático. Los gobernantes electos popularmente no están, por ello, eximidos de comportarse democráticamente en cada día y en cada acto de gobierno. Lo realmente importante de la democracia, llámese representativa como de hecho se la consagra en esta Carta o participativa y protagónica como la bautizamos en estos predios, es que toda ella impulse el cumplimiento de las libertades y los derechos humanos en su más amplia acepción: Desde la libertad de prensa hasta el derecho a una vivienda digna; desde el derecho a no ser perseguido o discriminado por pensar diferente hasta la libertad de salir a la calle con un mínimo razonable de seguridad para tu vida y la de los tuyos, entre otras tantas garantías.

Específicamente, la Carta incluye como dimensiones de lo democrático al desarrollo económico y social, así como a la lucha contra la pobreza, el analfabetismo y los bajos niveles de desarrollo humano. Más aún, reconoce a la educación como clave para fortalecer las instituciones democráticas.

Mucho ha criticado nuestro gobierno nacional a la OEA y, consecuentemente, a esta Carta que es hoy una de sus herramientas de acción fundamentales. Incluso han trabajado activamente para eliminar o sustituir a la organización. Olvidan que la Carta Democrática Interamericana ha sido aplicada en diversas situaciones de crisis, incluyendo la de Honduras que tan particularmente les interesó.

Por supuesto que tanto la OEA como la Carta y su aplicación deben someterse a la crítica y a la reforma; pero nunca al ataque maximalista que sólo busca retrocedernos a los tiempos en que nuestras democracias no contaban con ninguna protección supranacional. <A una década de vigencia, la Carta Democrática Interamericana debe revisarse su ejecución. La realidad ha demostrado que hacen falta mecanismos más efectivos para su aplicación, y no sólo en los casos extremos de quiebre del orden democrático, sino en aquellas violaciones graves de los derechos humanos, incluyendo los atropellos a la libertad de expresión y los casos de sometimiento de todos los poderes públicos a la voluntad de unas persona o partido.

Una democracia chucuta, que garantice unos derechos y nos confisque otros, siempre será como un puente a medio construir.Se trata de una tarea de gran magnitud, pero no hay otro camino y así nos lo pide este documento excepcional. Por eso, hay que andar muy advertidos contra los que, a estas alturas, después de haber visto tanto experimento fallido que confirma a la democracia como el mejor de los caminos, nos siguen ofreciendo supuestos y futuros paraísos a cambio de volvernos más flexibles o tolerantes ante el autoritarismo.

Esta Carta tiene un destinatario en cada ciudadano de Latinoamérica. Esta carta no es un “mensaje sin destino”, como el que nos escribió don Mario Briceño-Iragorry en su famoso ensayo. Esta Carta, más bien, es en sí misma un destino, el nuestro.

La Venezuela del Progreso

Venezuela es un país lleno de sorpresas y aunque muchos no lo crean, esas sorpresas son positivas y nos hablan de un pueblo que sigue creyendo en el valor del trabajo, en el mérito personal y en la posibilidad de progresar. Muchos, por ejemplo, se quedaron con la boca abierta  cuando se publicó, hace un par de años, un estudio internacional que situaba a nuestro país entre los 10 “más emprendedores” del mundo. A esa conclusión llegaron tras comprobar que un alto número de venezolanos deseaba, proyectaba o estaba en trámites de montar un negocio propio y que a diferencia de otras sociedades, la venezolana consideraba especialmente deseable y meritorio el camino del empresario.

¿Se imaginan lo que puede significar esto en términos del recurso humano necesario para el desarrollo económico y social de una nación? En muchos sentidos, ese espíritu emprendedor es un recurso más valioso que cualquier fondo de financiamiento o fuente de materias primas y, por supuesto, más útil que cualquier plan económico de esos que quieren lograr el crecimiento por decreto.

Como es de suponer, esos mismos estudios que identifican nuestro gran potencial empresarial, nos informan que paradójicamente también formamos parte del grupo de los 10 países con menos empresas establecidas, y probablemente de los que experimentan una mayor tasa de “mortalidad” empresarial.

Las razones todos las conocemos: contra esas ganas de superarse que expresan muchos venezolanos chocan fuerzas contrarias, algunas de vieja data y otras características de los años que corren como la inseguridad jurídica derivada de cambios de normas repentinos, la desaparición o deterioro de grandes empresas que son potenciales clientes de los pequeños emprendedores, el control de cambio, la inflación record y la falta de apoyo financiero y técnico para la formación de negocios sustentables.

A todo ello se agrega un factor terriblemente desmoralizante: el empeño del Gobierno central y su partido en el sentido de casi criminalizar todo lo relacionado con cualquier actividad económica que, de una u otra forma, no esté bajo control del Estado/patrón. No importa cuántas veces se fracase y cuántos millardos se desperdicien en la construcción del más delirante capitalismo de Estado que haya conocido Venezuela -por más socialista que quiera llamarse-, aun así el Ejecutivo nacional sigue desconociendo la necesidad de crear una verdadera estructura productiva, con todas las pequeñas, medianas y grandes empresas que hacen falta para recibir a los cientos de miles de personas que cada año se suman al mercado laboral. Claro, eso sólo se logra reconociendo, como lo hace nuestra Constitución, el sentido y valor de la propiedad privada en la dinámica económica.

Es así como, por lo pronto, en lugar de cuidar y alentar ese fantástico recurso del que hablábamos, en gran medida hoy se está desaprovechando. Afortunadamente, puedo decir que en nuestro estado Miranda otra cosa está ocurriendo, pues hemos hecho todo lo posible por reactivar e incentivar la actividad económica, con especial atención a los pequeños emprendedores.

Somos el primer estado del país en contar con una Ley para el Desarrollo de la Economía Popular. Sobre esa importante base jurídica hemos desplegado un amplio y bien articulado conjunto de programas. Los microcréditos productivos están sembrando a Miranda de pequeños nuevos negocios. Ya superamos los 3.000 beneficiarios y estimamos que la generación de nuevos puestos de trabajo por esta vía se acerca a los 19.000 empleos. Los financiamientos han permitido, por ejemplo, la creación de 140 bodegas en sectores populares, así como el apoyo a una gran cantidad de mujeres emprendedoras que han hecho de sus saberes y oficios la posibilidad de una mejor vida para sus familias. De hecho, el 57% por ciento de los emprendimientos que hemos impulsado están a cargo de mujeres.

Otra gran porción de los recursos crediticios (21%) los canalizamos hacia la repotenciación de nuestro transporte público, lo que hemos aprovechado para instalar en las unidades sistemas de seguridad y comunicación que brindan tranquilidad a choferes y usuarios.

Tan importante como el apoyo financiero, es todo lo implementado para desarrollar capacidades que den sustentabilidad a cada emprendimiento. Nuestra Escuela de Emprendedores ofrece herramientas básicas para gestionar eficientemente una empresa, así como nociones sobre aspectos estratégicos de planificación, calidad o competitividad.

En nuestro estado, lo crediticio va vinculado a procesos de asesoría, inducción, formalización y seguimiento. Para las pequeñas y medianas empresas que ya han alcanzado o tienen potencial para lograr altos niveles de calidad, hemos creado “Miranda Exporta” como un aliado que les permita afrontar el desafío de los mercados internacionales. En un sentido similar ha surgido el Clúster del Cacao, programa que impulsa alianzas estratégicas para dinamizar este cultivo de tan antigua tradición en Miranda. Reforzando éstas y otras iniciativas se va imponiendo el sello “Hecho en Miranda”, como una manera de enaltecer las cosas bien hechas, y alentar a otros a prestar más atención a la calidad en todos los aspectos.

Estas reflexiones tienen mucho que ver con lo vivido la semana pasada en Guarenas, donde estuvimos entregando 122 créditos a microempresarios de la economía informal

Allí vi una vez más a esa Venezuela que da lecciones de sensatez, madurez y ganas de prosperar, tan distinta a esa otra que afortunadamente está en retroceso y que se mantiene enfrascada en la confrontación estéril. Ese día en Guarenas se palpaba el cambio, ese que nos exige reconciliación, trabajo en equipo y foco en las cosas verdaderamente importantes para la gente y su calidad de vida.