Un paso al frente por el progreso

Todavía sentíamos los estragos de dos semanas de lluvias continuas al término de 2010 -más de 20 mil familias afectadas en nuestro Estado Miranda- cuando tuvimos que enfrentar el impacto de los recientes aguaceros de mayo, con un saldo de más de 2.300 viviendas afectadas severamente. En diciembre, sin sentarnos a esperar apoyo del gobierno central, dimos un paso al frente y realizamos un esfuerzo exitoso. Desplegamos todos los recursos disponibles para prevenir epidemias, restablecer las actividades escolares, reparar viviendas, restituir vialidad y otras tantas acciones que permitieron controlar la emergencia y evitar que se convirtiera en una tragedia humana de gran magnitud.

En aquellos momentos, como ahora, promovimos el trabajo en conjunto y nos mantuvimos abiertos a cualquier acuerdo que permitiera acelerar las soluciones en beneficio del pueblo. Un ejemplo muy valioso nos lo dio nuestra gente de Protección Civil Miranda, que viene trabajando en coordinación con Protección Civil Nacional, y que cuenta, por cierto, con una excelente sala de monitoreo. Esta últimaes un recurso en el que perfectamente se podría apoyar el Gobierno Nacional para cumplir el rol que le corresponde ante las situaciones de emergencia en nuestro Estado. Sin embargo, y por el contrario, lo que vemos es un claro empeño en ignorar estas posibilidades, y el resultado es la duplicación de esfuerzos y la baja efectividad.

En Venezuela se ha hablado tanto de polarización, de bandos supuestamente irreconciliables y de “batallas”, que muchos han terminado por creer que el país es algo así como un rompecabezas con piezas que nunca encajan. No; no es verdad. Aquí lo que abunda es gente con sentido de nación, gente que tiene muy claro que Venezuela es una sola y que juntos, respetando nuestras diferencias, tenemos la fuerza para lograr grandes cosas.

En Miranda, sin detenernos a mirar colores políticos, mantenemos una mano extendida a todo aquel que quiera sumar voluntades, talentos, tiempo o recursos a favor del pueblo. Si esa mano en algún caso no encuentra respuesta, no pasa nada: hay que seguir “echándole pichón” con las mismas ganas. Ahora, si encima nos ponen obstáculos, es parte de nuestra responsabilidad ante los electores el hacer las denuncias que hagan falta. Eso precisamente es lo que hemos hecho al expresar nuestra indignación por  la deuda que mantiene el nivel central con la Gobernación de Miranda. Se trata de recursos que hoy requerimos con urgencia para que nuestro Estado supere las actuales circunstancias y retome el camino de prosperidad que juntos hemos trazado. Negarnos los recursos es una de las tantas manifestaciones de un sectarismo que no descansa ni siquiera cuando el sentido común lo pide a gritos.

Por otra parte, ese mismo fanatismo les conduce aconvertirla emergencia en un instrumento de alguna agenda electoral…o de varias. En las recientes y publicitadas actividades que ha desplegado el Gobierno Nacional en torno al Estado Miranda, se distinguen varios objetivos de orden político, que van desde borrar el persistente recuerdo de una gestión regional fracasada, hasta conjurar el miedo creciente al escrutinio de 2012 o -¡insólito!- explorar un posible próximo candidato a la Gobernación de Miranda.

Pero, a fin de cuentas, lo importante es que se han movilizado. En lo personal aguantaremos con gusto cualquier “aguacero”de ataques si ese es el precio para que se canalicen algunos recursos adicionales en beneficio de la comunidad. Se trata de esfuerzos, sin embargo, que tendrían una eficiencia mayor si existiera la debida cooperación. En cuanto a los dividendos políticos, deberían saber que el pueblo intuitivamente rechaza que la politiquería enturbie hasta lo que merece más respeto: la necesidad de quien, de la noche a la mañana, queda a cielo descubierto o pierde lo poco que posee.

Ese respeto al pueblo y sus necesidades debería obligar a cualquier autoridad a preguntarse no sólo cómo puede ayudar; sino, y sobre todo, cual es la manera más eficiente de hacerlo. Y la eficiencia implica hacer equipoy abrir espacios de colaboración, en una palabra: sumar.

De esta manera, es posible hacer de la crisis una oportunidad para construir mejores realidades. Es lo que nos hemos propuesto con el Plan ¡Arriba Miranda!, que además de prestar ayuda inmediata, promueve la creación de empleo, el nacimiento de microempresas y la recuperación de la industria y el comercio.

Las complejas situaciones de estos últimos meses nos dejan lecciones que podemos aplicar más allá de los desastres naturales. ¿Acaso lo que ha vivido Venezuela durante tantos años, no es en cierto modo una permanente emergencia a la que hemos acabado por acostumbrarnos y considerar “normal”? ¿Si enfrentásemos los graves problemas del país con ese espíritu de equipo que se despierta en momentos de gran conmoción, es decir con una mezcla de solidaridad, urgencia y clara orientación a la solución de los problemas, no cantaría otro gallo en esta encrucijada de la historia?

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