Columna 15 de mayo

La desigualdad se ha definido como que unos tienen más y otros tienen menos, pero la verdadera causa de la desigualdad es el privilegio de unos al acceso de oportunidades. Oportunidades de educación, oportunidades de tener un empleo estable que permita proyectar, y oportunidades de tener una vivienda digna. Soy un convencido de que el cambio tiene que ser para todos por igual, sin importar credo, raza, género y más aun orientación política. El pueblo somos todos los venezolanos y todos los hombres y mujeres que siembran sus raíces en nuestra Venezuela.

Pasamos de una desigualdad entre ricos y pobres a una desigualdad entre favorecidos por el régimen y los que no. Es por eso que debemosluchar contra la desigualdad de oportunidades poniéndonos todos de acuerdo, el estado, el sector privado y cada uno de los venezolanos para convertir el progreso individual en progreso colectivo a través de la generación de empleos, mejor educación, más seguridad ciudadana, nuevas inversiones en infraestructura y un sistema de salud que nos beneficie a todos por igual.

Tenemos que pasar de las promesas a la realidad. No podemos seguir hablando de este término si no cumplimos con nuevos empleos, mejor educación, más seguridad, más inversión en infraestructura y un sistema de salud que nos beneficie a todos por igual.

La base para el progreso es la educación, porque esta nos abre las puertas del futuro. Un pueblo educado tiene mayores posibilidades para alcanzar sus metas propuestas.

En Miranda estamos logrando una pequeña revolución educativa que ha permitido la construcción y renovación de escuelas, un completo plan de alimentación para los estudiantes, la entrega de miles de bultos escolares, pasando por exámenes gratuitos oculares hasta por la reciente inauguración de rutas escolares para que los niños no falten al colegio. No tenemos que quedarnos en las promesas; el cambio es posible y así se ha demostrado en Miranda.

La educación también abre paso al acceso del mercado laboral. Todos los venezolanos tenemos derecho a un trabajo digno, bien sea por la solidez de un empleo o por el esfuerzo de emprender su propio negocio. Pero casi la mitad de nuestro pueblo trabaja en el sector informal, atrapados en la dinámica de lo diario, sin posibilidad de planificar ni pensar en el futuro. Los trabajadores venezolanos que se encuentran en el sector informal no están protegidos por la legislación laboral ni reciben los beneficios laborales con los que cuenta la mayoría de los empleados en el sector formal.

Cuatro de cada diez venezolanos están en el mercado laboral informal. ¿Podemos decir que nuestro país está progresando? ¿Podemos hablar de una disminución de la tasa de desempleo? La respuesta es no. Los venezolanos necesitamos trabajos que nos gusten y sueldos que nos permitan vivir y ahorrar para asegurarnos bienestar. Para crear un futuro con progreso para todos por igual debemos mejorar el presente y crear un futuro donde quepamos todos. Donde todos los venezolanos tengan derecho a mejorar sus condiciones de vida.

Venezuela necesita una economía sana y estable donde la relación salario-empleo tenga sentido y equilibrio. Donde mejoren las condiciones de vida de todos los venezolanos garantizándoles acceso a los recursos, adecuando la infraestructura para que los servicios básicos estén a disposición de todos. Por eso proponemos construir un sistema económico que produzca puestos de trabajo y bienes de consumo de calidad para todos los venezolanos. Donde el estado y el sector privado trabajen juntos empezando por lo más básico y necesario para un ser humano: una vivienda digna.

A inicios del 2011, el déficit habitacional alcanzaba la cifra de 2 millones de viviendas. Eso no es sólo un número, son dos millones de familias venezolanas que quieren tener progreso, una vida digna, su propio empleo, y que creen en la propiedad privada. Dos millones de familias que quieren dejar de ser un número en una estadística para darle un futuro a sus hijos. Es por ello, que las 150.000 viviendas prometidas por el gobierno nacional para este 2011 no deben responder a un partido, a una misión, a un color. Los venezolanos necesitan una vivienda digna sin distinción de color, sin divisiones, sin retaliaciones; respetando las posturas y las diferencias porque cada quien tiene derecho a pensar por si mismo. La construcción de viviendas deberesponder a un tricolorporque todos y cada uno de nosotros tenemos derecho a ser reconocidos en nuestro país.

Llevamos 12 años de confrontación y de promesas incumplidas. Es hora de un cambio. Un cambio más allá de quien esté sentado en Miraflores. Un cambio que nos permita construir una Venezuela para todos, donde trabajemos juntos y mantengamos lo que funciona pero desechemos lo que no. Necesitamos un acuerdo entre todos los venezolanos que nos permita soñar y construir esa Venezuela por y para todos por igual.

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