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Henrique Capriles Radonski, gobernador del estado Miranda, es un líder venezolano que a sus 40 años de edad ha podido demostrar que en Venezuela existe una nueva manera de hacer política. Siendo tan joven, ha logrado encabezar una visión alternativa de país que cree firmemente en que todos los venezolanos merecemos un buen gobierno y que un fututo mejor es posible. Gracias a la confianza de los venezolanos durante la campaña presidencial de octubre de 2012, Henrique obtuvo el respaldo de millones de personas que saben que sí hay un camino. Y ha sido precisamente desde la Gobernación de Miranda que esta esperanza adquirió toda esa fuerza capaz de convocar a tantos venezolanos en torno a una alternativa que piense en el futuro de todos. Pero esta carrera de liderazgo y servicio a los demás empezó muchos años atrás. Su vocación de servicio se hizo evidente desde muy temprano, traduciéndose en una vasta experiencia en el ejercicio público que muy pocos de sus contemporáneos tienen. Con sólo 25 años, Henrique fue electo como diputado al Congreso de la República en las elecciones parlamentarias de 1998, cuando Venezuela contaba con un Poder Legislativo bicameral. Su juventud nunca fue un impedimento para accionar políticamente y por eso fue nombrado, por consenso, Presidente de la Cámara de Diputados y Vicepresidente del Parlamento, convirtiéndose en el venezolano más joven en ejercer esos cargos en toda la historia democrática venezolana. Con la disolución del Congreso Nacional por la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, cesó en el ejercicio legislativo. Al año siguiente fue electo Alcalde del Municipio Baruta, una región cuyas injerencias político-administras corresponden al estado Miranda y a la vez forma parte del Distrito Metropolitano de Caracas, capital del país. Durante el ejercicio de la Alcaldía, en el año 2002, fue encarcelado injustamente por unos eventos vinculados con la Embajada de Cuba en Venezuela. Henrique se quedó en el país, defendiendo su inocencia y luchando por su libertad. Fue absuelto de todos los cargos, volvió a asumir las riendas de la Alcaldía de Baruta y salió fortalecido políticamente. Tanto es así que, terminado el primer periodo, fue relecto con índices históricos para el municipio: mientras en las elecciones del 2000 ganó con más del 60% de los votos, en las de 2004 fue ratificado en el cargo con casi el 80% del sufragio a su favor. Ambos periodos como Alcalde se recuerdan como una gestión hecha con una visión integral de la seguridad ciudadana. Gracias al trabajo de todos los sectores involucrados y a su capacidad para liderarlos, redujo el índice de criminalidad en casi un 80%, mejoró una vialidad que tenía casi cinco décadas sin mantenimiento y rescató y creó nuevos espacios públicos para hacer de Caracas una mejor ciudad. Al separarse del cargo en 2008, se postuló como Gobernador del Estado Miranda. En esa ocasión, su proyecto En Miranda algo bueno va a pasar triunfó en una importante lid política, por encima de uno de los personajes más representativos de lo que significa el oficialismo venezolano, quien entonces ejercía una de las gestiones de la Gobernación de Miranda peor recordadas por el pueblo mirandino. Gracias a la confianza del pueblo y al esfuerzo de un equipo de trabajo eficaz y especializado en las áreas vitales de las Políticas Públicas, el estado Miranda es una muestra de que un buen gobierno es posible cuando un líder como Henrique está dedicado a buscar soluciones, luchar contra las viejas prácticas corruptas y no gobernar desde la comodidad de una oficina sino recorriendo el estado y escuchando a los mirandinos. Con la experiencia, Henrique Capriles Radonski ha demostrado que sí es posible hacer las cosas de una forma distinta, incluso en las situaciones más adversas. Cuando el estado Miranda enfrentó las terribles inundaciones de 2010, luchó mano a mano con los mirandinos para proteger sus vidas y sus viviendas. Cuando el gobierno nacional negó los recursos que le corresponden al estado, Henrique levantó la voz para defender los derechos de la gente. Nuestro compromiso se mantiene: luchar para que todos tengan una vida mejor, sin importar a cuál partido político apoyan y creyendo fielmente en que el sitio donde nace una persona no debe determinar su futuro. Henrique Capriles Radonski lidera una nueva manera de hacer política, capaz de responder de una manera responsable y eficaz a las necesidades con soluciones integrales y verdaderas: “donde esté un venezolano que nos necesite, allí estaremos”. Por eso seguiremos en Miranda: ¡Juntos por un futuro mejor!

¡Sus errores no van a comprometer nuestro futuro!

2013-05-16 GABINETE PARROQUIAL NUEVA CUA (SECTOR SAN MIGUEL CALLE 9) FOTO LENIN MORALES (3)

La prueba más clara de que al gobierno central —es decir: al partido de gobierno— no le importan los venezolanos es cómo son capaces de desconocer la voluntad popular, saltarse las leyes y jugar con el futuro de una familia, de un pueblo, de una ciudad, de un estado, de un país.

Traicionar durante catorce años las promesas hechas al pueblo, impedir que los poderes trabajen de manera independiente, permitir que la corrupción sea campante e impune, someter al pueblo a una inflación grosera mientras los precios del petróleo están más altos que nunca, dejar que nuestra gente muera a manos del hampa, robarse elecciones, ignorar a la mitad de un país que no ha permitido —ni permitirá— que le expropien la esperanza.

Así están viviendo las familias venezolanas del presente, pero así no es como viviremos el futuro. Hemos aprendido y no seremos nosotros quienes cometamos los errores del pasado ni los del presente. A los cuarenta años que el fallecido presidente culpaba se le han sumado más de catorce años más de ineficacia, violencia y deterioro de la calidad de vida del venezolano.

¡Y más de medio siglo de políticas erradas son demasiados años de irrespeto al pueblo! Hoy vemos cómo, además de los nuevos errores, el partido de gobierno padece de los peores males de la política de estos tiempos: desconexión de los problemas reales del pueblo, incapacidad para conseguir soluciones, división, ilegitimidad, luchas intestinas por el poder, corrupción galopante y a los ojos del pueblo, ineficacia, falta de credibilidad, fractura del liderazgo nacional, conflictos entre los jerarcas de la capital y el liderazgo regional.

¡Por eso perdieron la mayoría popular desde hace rato! Esta farsa que pretenden es insostenible porque está fundada en mentiras, en irrespetos y en su incapacidad para gobernar.

En el partido de gobierno hay miedo y por eso huyen hacia adelante.

Por eso quiero recalcar que, en esta especie de tormenta de malas noticias a las cuales nos tiene acostumbrado el gobierno, no se nos olvide que el miedo a auditar las elecciones del 14-A es prácticamente lo que se llama una confesión de parte: saben que la elección no les da, saben que están allí en un “mientras tanto” que intentan alargar con mentiras y creen que generando otros escándalos y otras matrices harán que se nos olvide que somos mayoría.

Pero eso, Nicolás, hoy en día y con este pueblo es imposible.

Cada uno de los ciudadanos que votó por nuestra opción votó por el futuro, no por este gobierno que solamente remienda y pone parches a los síntomas del desastre pero resulta incapaz de reconocer sus errores y planificar, por una vez en su vida, la posibilidad de solucionar alguno de los problemas.

Pero ya ha quedado claro: no saben cómo hacerlo. La escasez, la falta de producción, el problema con las divisas, la crisis en PDVSA, las persecuciones a los empleados públicos, el embuste del sabotaje, lo que consiguieron en Corpoelec, las rotaciones ministeriales de los mismos irresponsables, el fracaso de veinte planes de seguridad, la crisis de viviendas, el desempleo, la crisis hospitalaria, tener al alcalde del municipio donde más matan y roban a los venezolanos como mandadero del CNE, el paquetazo Rojo que nos hizo mucho más pobres, el infierno en que se han convertido los puertos, la falta de servicios públicos, el estado de la infraestructura nacional, la cantidad de proyectos parados y atrasados, el aumento de la deuda, el alza de los precios de los alimentos, el gasto excesivo en armas, el sueldo de los profesores universitarios…

Cada una de esas cosas es una prueba de que el partido de gobierno no sabe lo que hace.

En apenas un mes de la imposición ilegítima de Nicolás Maduro por parte del CNE, hasta en sus propias filas han revivido la figura del revocatorio, porque el pueblo no puede seguir esperando por soluciones que sabe que no le van a llegar desde tamaña pandilla de incompetentes.

Por eso los verdaderos resultados del 14-A son los que tú y yo conocemos, Nicolás. Porque los venezolanos se cansaron de esperan un futuro que no ha sido otra cosa que mucha televisión, mucha viajadera, muchos regalos para el exterior y muy pocas soluciones.

El 14-A no se nos olvida. Ni a nosotros ni al pueblo, señores del partido de gobierno. Y para tranquilidad de todos, yo sé que el liderazgo que encabezo tiene bastante claro qué es lo que debe hacerse y cómo se debe hacer. Sus errores del presente no van a comprometer el futuro de todo un país. Pero eso sí: cada vez que hostigan, cada vez que dejan un crimen impune, cada vez que comenten un exceso, cada vez que ignoran al pueblo, cada vez que criminalizan la protesta y cada vez que inventan nuevos culpables del desastre que ustedes han generado pasa una sola cosa: nuestro camino crece, se llena de gente y se convierte en la verdadera opción de futuro para todos, sin exclusión y haciendo lo que se debe hacer.

El 14-A el pueblo lo dejó bastante claro. Y ellos, en el partido de gobierno, lo saben. Perdieron al pueblo porque les robaron la esperanza. ¡Y nosotros se la hemos devuelto! Y no vamos a permitir que el pueblo sea traicionado nuevamente. Esta lucha es por la verdad y por el futuro, y esas dos fuerzas son indetenibles.

¡Venezuela somos todos! Que Dios los bendiga…

¡Nadie detiene la verdad!

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En los recientes días todos los venezolanos hemos podido ver cómo los enchufados al Poder insisten en dos cosas: distraer la atención de los verdaderos resultados de las elecciones del 14-A e intentar imponer la violencia como mecanismo.

Pero no han logrado convencer al pueblo de ninguna de las dos cosas, porque los venezolanos queremos la verdad. ¡Y a la verdad no la derrota nadie!

Es lamentable que la torpeza política de Nicolás y su combo tenga en las familias venezolanas —sin importar el bando político— a sus principales víctimas. Ni siquiera fue capaz de leer lo que sucedió en las pasadas elecciones y han optado por la más ineficaz, costosa y violenta manera de enfrentar la crisis política: la polarización y la radicalización. Es la muestra más clara de que un liderazgo verdadero es el producto de una carrera en la que se ha aprendido de la victoria y de los errores.

Eso es lo que ha permitido que exista un nuevo liderazgo político venezolano. Y no está de más reafirmarlo: formado por venezolanos y respaldado por los venezolanos. A mí me honra, me llena de orgullo sentirme parte de quienes conducimos a buen puerto el deseo de futuro y progreso de cada uno de mis hermanos y de mis hermanas. Todo aquel que quiera que Venezuela crezca y se convierta en el país que hemos soñado está de este lado de la lucha. No de este lado de las tendencias políticas, que es algo muy distinto, sino de este lado del país: de los que miran hacia adelante. ¡Porque si hemos soñado el país que queremos es porque lo merecemos y porque es posible!

Fíjense bien en lo que ha sucedido con la auditoría chucuta que querían hacer. Fíjense cómo ninguno de los personajes del partido de gobierno ha dicho algo sobre el montón de veces que ellos mismos señalaron que los cuadernos son vitales para una auditoría. Fíjense cómo los mentirosos son víctimas de ellos mismos. ¿Saben por qué? Porque para mantenerse tanto tiempo en el poder siendo tan ineficaces han tenido que decir de todo, contradecirse y hasta desmentirse. Son los reyes a la hora de hablar pa’tras y pa’lante.

Es importante que cada uno de los venezolanos sepa cómo y por qué se está haciendo esta impugnación. Tanto los que votaron por nuestra propuesta como aquellos que decidieron darle un último voto de confianza a los enchufados. Esto no se trata de un antojo ni de que no nos guste el resultado, porque tanto en el PSUV como nosotros sabemos muy bien qué fue lo que pasó. Esto se trata de confianza y de mi compromiso con ustedes: yo le dije a cada uno de los venezolanos que iba a defender su voto y que la voluntad expresada, lo que cada venezolano eligió, tenía que ser el resultado.

Las elecciones del 14-A han sido impugnadas porque tenemos pruebas y razones suficientes. Se negaron a hacer una auditoría como Dios manda y arrancaron esa farsa que hicieron con el único fin de darse palmaditas en la espalda. El partido de gobierno ha tenido demasiado tiempo enquistado en las instituciones y se ha acostumbrado a esa manera de proceder. Nosotros, en cambio, hemos cumplido paso por paso los procesos necesarios y eso parece que los sorprende: sabemos qué hay que hacer y cómo debe hacerse para que la verdad salga a la luz. Y nada aterra más a los mentirosos que la defensa de la verdad.

Ahora resulta que hasta su misma militancia sospecha de la legitimidad que intentan posicionar. Y tienen todo el derecho de preguntarse por qué no quieren sacar los cuadernos y contar sus votos. Mientras tanto, intentan imponer a Nicolás a realazo limpio fuera de nuestras fronteras. Les importa más eso que el reclamo que las tres cuartas partes del país exigen. ¡Una muestra más de que a ellos lo que les interesa es cómo los ven en el exterior antes que la confianza de los venezolanos!

Sucesos condenables como la violencia contra nuestros diputados en la Asamblea Nacional o las acciones emprendidas contra el general Rivero no son más que nuevas manifestaciones de una manera de hacer política que glorifica la violencia y la promueve. Pero lo más preocupante es que es una muestra clara de que los enchufados han sido verdaderamente incapaces de leer lo que sucedió el 14-A: este país es otro, pero se repiten tanto sus propias mentiras que han sido incapaces de verlo. Han decidido mantenerse aferrados al poder a como dé lugar, incluso traicionando a sus propios militantes. Y eso el pueblo lo ha condenado históricamente.

Si creen que generando violencia resuelven el problema de la ilegitimidad, están equivocados. Si creen que amenazando y persiguiendo trabajadores resuelven el problema de la ineficacia del gobierno, están equivocados. Si creen viajando van a hacer que a la gente se le olvide la inseguridad, la inflación y la escasez en Venezuela, están equivocados. Si creen que abusando del poder y secuestrando las instituciones fortalecen su proyecto políticos, están equivocados. Con todo eso —además de herir al país y a los venezolanos—están haciéndose ellos mismos un gran daño, hundiéndose cada vez más en una manera de hacer política que los ha dejado ciegos y sordos de poder.

Y por eso voy a dejarme el pellejo defendiendo lo que sucedió el 14-A: porque es el reflejo de un cambio, de una nueva era para el país, del momento del progreso. ¡Y eso tiene que darnos fuerzas para recordar que cuando las cosas se hacen bien pasan cosas buenas!

Esa mayoría que logramos el 14-A hoy sigue creciendo. Y cada una de esas personas que se ha ido sumando lo hace porque saben que este liderazgo es para todos y no para un grupito. Mientras Nicolás viaja y se pasea por el mundo, acá estamos trabajando para defender a quienes creen en que hay un camino mejor y en ganar la confianza de los que han pensado de una forma distinta durante estos años y hoy se ven decepcionados una vez más.