Archivos Mensuales: enero 2012

Oposición y Proposición

Las elecciones primarias que se van a ejecutar el próximo 12 de febrero, son una oportunidad inédita en la historia de nuestro país, de nuestra democracia. Representan una gran asamblea que nos convoca a todos, donde todos los venezolanos tenemos la oportunidad de abrirle puertas y ventanas al futuro.

El próximo 12 de febrero nos reuniremos para elegir a aquel que tenga las mejores credenciales para conducir el país hacia un futuro con mayor justicia social y de progreso para todos por igual. Pero en realidad, las primarias significan un hito en esta ruta que nos ha llevado desde la oposición hasta la proposición.

Oposición y Proposición.

Con la primera me refiero a esa dinámica, tan del gusto del Gobierno actual, en la que muchos venezolanos terminaron creyendo que su identidad como ciudadanos se reduce a estar en contra o a favor de un partido político. Las consecuencias de eso, todos lo sabemos, ha sido una fisura que atraviesa todo el esqueleto social y ha llegado a dividir familias. Se trata de un juego agotador en el que todos salen perdiendo, salvo aquellos que quieren mantenerse en el poder. Es un proceso de enorme desgaste para Venezuela porque, como ciudadanos, en lugar de recibir oportunidades para el desarrollo de nuestras capacidades y para la mejora de la calidad de vida, somos permanentemente llamados a invertir una valiosa energía en la confrontación estéril, o incluso presionados de forma innoble a vestir de un color político en la insistencia de un Gobierno que pretende convertirse en el único empleador y el dueño de todos los recursos

Por fortuna, todo esto ha comenzado a formar parte del pasado. En nuestros recorridos por el país, compartiendo la confianza en ese camino distinto y posible que hoy se nos abre, hemos constatado un profundo cansancio frente a la violencia que se promueve desde el Gobierno. Con mucha razón, se intuye que el camino hacia el progreso implica todo lo contrario: diálogo, inclusión, construcción de alianzas que no se basan en fidelidades políticas y adulancia, sino en la voluntad para invertir, para crear nuevas empresas y generar empleos de calidad que no dependan del Estado.

A ese cansancio debemos sumar la frustración causada por las promesas incumplidas, la corrupción y el despilfarro de recursos en planes llenos de retórica y con resultados paupérrimos. Tenemos un claro ejemplo en las empresas eléctricas, que han multiplicado hasta el absurdo sus nóminas y, pese a los gigantescos presupuestos, se muestran incapaces de ofrecer un servicio básico de calidad que requiere cualquier plan de desarrollo industrial, ni siquiera pueden ofrecer el servicio necesario para mantener con electricidad los hogares de los mirandinos, muchos ya se han visto perjudicados con la pérdida de electrodomésticos gracias a los apagones que se han vivido en el país.

Podríamos incluir también el drama de los centros penitenciarios, intacto a pesar de la creación de nuevo ministerio; o el problema de la inseguridad, que no puede ser controlado en este contexto de desinstitucionalización del sistema jurídico; o nuestra seguridad alimentaria, al ver que hoy somos menos soberanos que nunca antes y, aunque les pese, más esclavos del dólar; y, entre tanto, palabras y más palabras.

Este es el momento de la Proposición.

En nuestra trayectoria como funcionarios al servicio del pueblo hemos aprendido que todo el cansancio y la frustración puede transformarse en soluciones. Las elecciones primarias son la primera parada de este autobús del progreso y todo aquel que comparta ese sentimiento debe acudir a votar con entusiasmo y esperanza.

El voto nos da el poder de cambiar las cosas. El voto es la fuerza que nos permite lograr el cambio. El voto es tu voz, y con tu voz te expresas.

Hay un camino que nos convoca a todos

La unidad pone en jaque las intenciones del Gobierno de eternizarse en el poder. Por eso vemos como enfilan ya su poderío mediático para desmoralizar y promover la indiferencia. Pero contra estas fuerzas negativas existe una pujante voluntad de cambio que anula cualquier duda sobre el éxito de las primarias. La tarea de movilizar las conciencias para que ese triunfo sea de la mayor cantidad posible de venezolanos es un trabajo de todos.

Más allá de esa campaña oficialista, no podemos ignorar el fantasma de la abstención, porque nuestra tradición presidencialista marca una clara tendencia a que esté presente en los procesos que no impliquen directamente la elección del primer mandatario. Estamos frente a un proceso sin precedentes en Venezuela y es inevitable que algunos posterguen su decisión y dejen que otros decidan.

Las elecciones primarias por sí solas son un logro de quienes buscamos una alternativa para Venezuela. Los convoco a todos a hacer de ellas una gran fiesta. Cuando este proceso acabe todos vamos a querer decir que fuimos parte del proceso que permitió a los venezolanos tomar esa importante decisión.

Al depositar nuestro voto este 12 de febrero estaremos dando un paso hacia el futuro. Un futuro en el que hablaremos menos y trabajaremos más, sin dejar a nadie de lado, especialmente a los más humildes que son quienes necesitan la solidaridad del Estado y de la sociedad para sumarse al paso de quienes han tenido más oportunidades. Nuestro camino hacia la Venezuela del progreso está lleno de bienestar y seguridad.

Hay un camino que nos convoca a todos

Hemos demostrado con los hechos, que vale la pena poner el acento en lo que nos une, porque eso nos hace más fuertes y más útiles. En esta oportunidad Leopoldo se monta en el Autobús del Progreso junto a su equipo y le brindamos una calurosa bienvenida, estamos comprometidos con servir al pueblo.

Estamos abiertos a recibir en el Autobús del Progreso a todos aquellos que quieran formar parte de este equipo. La unidad nos exige que pensemos menos en el yo y más en el nosotros. En la unión está la fuerza.

Reto ciudadano

Estamos recorriendo nuestro país y en cada lugar no deja de sorprendernos la clara intuición y a menudo la lucidez de tantas personas sobre las cosas fundamentales que cada familia y el país necesitan para desarrollarse y prosperar.

Desde su cotidiana batalla con la realidad –no la “realidad” edulcorada de la propaganda oficial, sino la del desempleo, la escasez, los apagones, la inflación o la inseguridad- me han hablado de lo que esperan encontrar en un nuevo gobierno. Un gobierno de menos política y más trabajo; que sepa poner orden y evitar los abusos; que deje trabajar, producir y echar adelante; que se obsesione con ofrecer soluciones concretas y no con promover e imponer su ideología; de más y mejor educación.

Entre toda esa gente para la que cada día se convierte en un desafío, encuentro posiciones que superan las pasiones partidistas y que ponen en el futuro la mirada, esperando encontrar en él esa Venezuela del progreso que todos aspiramos. Muchos valoran, en mayor o menor medida, determinados aspectos en la trayectoria del presente gobierno, pero al mismo tiempo sienten que ha llegado a su nivel de incompetencia, dando ya vueltas en círculo para resolver los problemas más básicos, con altos porcentajes de corrupción y que despilfarra sin detenimiento nuestros recursos naturales.

A esta creciente corriente de cambio apuesto mi firme esperanza de que este año será realmente histórico para Venezuela, de que marcará el momento no de un simple cambio de administradores, sino de una auténtica evolución hacia un gobierno capaz de sorprender positivamente a los venezolanos con un estilo de gestión inédito en la historia del país.

Un gobierno de profunda vocación social, de inequívoca solidaridad con los más vulnerables, y al mismo tiempo moderno en su enfoque económico, empeñado en generar a todos los niveles alianzas que apunten al progreso, incluyendo desde el inversionista extranjero hasta el más modesto de los microempresarios venezolanos, porque todos cuentan y suman a la hora de crear oportunidades para el empleo y la calidad de vida.

Un gobierno, además, que se imponga con seriedad absoluta, sin excusas, sin echarle la culpa a terceros y sin falsas promesas, la tarea de cumplir con sus objetivos fundamentales en materias como seguridad, educación, servicios públicos, vialidad o salud.

La esperanza vence al miedo

A esa conciencia en aumento sobre la necesidad y la posibilidad real de un país distinto, apuesto también mi convicción de que el oficialismo fracasará en los ataques que, con nerviosismo muy mal disimulado, viene desplegando contra el éxito de las ya próximas elecciones primarias y, en consecuencia, contra la imparable unidad de amplios sectores del país.

Lo que pretenden hacer es meter miedo con mitos sin fundamento. Uno de ellos es el de la supuesta intención de eliminar las misiones y otras reivindicaciones sociales que, por el contrario, lo que nos proponemos es reforzar y despolitizar. Otro es el del revanchismo contra los simpatizantes del oficialismo, cuando en realidad, como lo hemos demostrado claramente en nuestra gestión de gobierno regional, nosotros sí creemos en la inclusión y la tolerancia, pero como dicen por ahí: cada ladrón juzga por su condición.

Otro de los mitos es el de la supuesta irreversibilidad del “proceso”, que se expresa por ejemplo en el trasnochado eslógan de “No volverán”. La realidad, como ya se ha demostrado en circunstancias incluso menos propicias, es que son absolutamente derrotables y que una clara voluntad de los votantes no puede ser ni será desconocida por el árbitro electoral, ni por las instituciones civiles y militares.

En su mitología llegan también a predecir una supuesta reacción popular contra el triunfo opositor, otro escenario falso, como también demostramos cuando llegamos a Miranda, con una transición ejemplarmente pacífica de la mal recordada gestión de uno de los más connotados representantes del chavismo a una gestión que apuesta al progreso de todos por igual, hemos dado ejemplo de nuestro respeto por la diversidad y el derecho a pensar diferente.

El reto ahora está en manos de los venezolanos

En lo inmediato tenemos ante nosotros unas elecciones primarias que nos da la gran oportunidad, no de aceptar o rechazar a un único candidato auto-impuesto, sino de elegir entre varias opciones a aquel que mejor nos represente o el que creamos tiene en sus manos y en sus ideas la mejor opción para construir la nueva Venezuela.

Luego vamos la meta que tenemos podelante, unas elecciones presidenciales que estoy seguro abrirán un ciclo realmente nuevo en nuestra historia y que serán el banderazo de salida para la construcción de una Venezuela más justa, libre y próspera.

¡Sigamos adelante! ¡Arriba Venezuela!