Las elecciones primarias que se van a ejecutar el próximo 12 de febrero, son una oportunidad inédita en la historia de nuestro país, de nuestra democracia. Representan una gran asamblea que nos convoca a todos, donde todos los venezolanos tenemos la oportunidad de abrirle puertas y ventanas al futuro.
El próximo 12 de febrero nos reuniremos para elegir a aquel que tenga las mejores credenciales para conducir el país hacia un futuro con mayor justicia social y de progreso para todos por igual. Pero en realidad, las primarias significan un hito en esta ruta que nos ha llevado desde la oposición hasta la proposición.
Oposición y Proposición.
Con la primera me refiero a esa dinámica, tan del gusto del Gobierno actual, en la que muchos venezolanos terminaron creyendo que su identidad como ciudadanos se reduce a estar en contra o a favor de un partido político. Las consecuencias de eso, todos lo sabemos, ha sido una fisura que atraviesa todo el esqueleto social y ha llegado a dividir familias. Se trata de un juego agotador en el que todos salen perdiendo, salvo aquellos que quieren mantenerse en el poder. Es un proceso de enorme desgaste para Venezuela porque, como ciudadanos, en lugar de recibir oportunidades para el desarrollo de nuestras capacidades y para la mejora de la calidad de vida, somos permanentemente llamados a invertir una valiosa energía en la confrontación estéril, o incluso presionados de forma innoble a vestir de un color político en la insistencia de un Gobierno que pretende convertirse en el único empleador y el dueño de todos los recursos
Por fortuna, todo esto ha comenzado a formar parte del pasado. En nuestros recorridos por el país, compartiendo la confianza en ese camino distinto y posible que hoy se nos abre, hemos constatado un profundo cansancio frente a la violencia que se promueve desde el Gobierno. Con mucha razón, se intuye que el camino hacia el progreso implica todo lo contrario: diálogo, inclusión, construcción de alianzas que no se basan en fidelidades políticas y adulancia, sino en la voluntad para invertir, para crear nuevas empresas y generar empleos de calidad que no dependan del Estado.
A ese cansancio debemos sumar la frustración causada por las promesas incumplidas, la corrupción y el despilfarro de recursos en planes llenos de retórica y con resultados paupérrimos. Tenemos un claro ejemplo en las empresas eléctricas, que han multiplicado hasta el absurdo sus nóminas y, pese a los gigantescos presupuestos, se muestran incapaces de ofrecer un servicio básico de calidad que requiere cualquier plan de desarrollo industrial, ni siquiera pueden ofrecer el servicio necesario para mantener con electricidad los hogares de los mirandinos, muchos ya se han visto perjudicados con la pérdida de electrodomésticos gracias a los apagones que se han vivido en el país.
Podríamos incluir también el drama de los centros penitenciarios, intacto a pesar de la creación de nuevo ministerio; o el problema de la inseguridad, que no puede ser controlado en este contexto de desinstitucionalización del sistema jurídico; o nuestra seguridad alimentaria, al ver que hoy somos menos soberanos que nunca antes y, aunque les pese, más esclavos del dólar; y, entre tanto, palabras y más palabras.
Este es el momento de la Proposición.
En nuestra trayectoria como funcionarios al servicio del pueblo hemos aprendido que todo el cansancio y la frustración puede transformarse en soluciones. Las elecciones primarias son la primera parada de este autobús del progreso y todo aquel que comparta ese sentimiento debe acudir a votar con entusiasmo y esperanza.
El voto nos da el poder de cambiar las cosas. El voto es la fuerza que nos permite lograr el cambio. El voto es tu voz, y con tu voz te expresas.
La unidad pone en jaque las intenciones del Gobierno de eternizarse en el poder. Por eso vemos como enfilan ya su poderío mediático para desmoralizar y promover la indiferencia. Pero contra estas fuerzas negativas existe una pujante voluntad de cambio que anula cualquier duda sobre el éxito de las primarias. La tarea de movilizar las conciencias para que ese triunfo sea de la mayor cantidad posible de venezolanos es un trabajo de todos.
Más allá de esa campaña oficialista, no podemos ignorar el fantasma de la abstención, porque nuestra tradición presidencialista marca una clara tendencia a que esté presente en los procesos que no impliquen directamente la elección del primer mandatario. Estamos frente a un proceso sin precedentes en Venezuela y es inevitable que algunos posterguen su decisión y dejen que otros decidan.
Las elecciones primarias por sí solas son un logro de quienes buscamos una alternativa para Venezuela. Los convoco a todos a hacer de ellas una gran fiesta. Cuando este proceso acabe todos vamos a querer decir que fuimos parte del proceso que permitió a los venezolanos tomar esa importante decisión.
Al depositar nuestro voto este 12 de febrero estaremos dando un paso hacia el futuro. Un futuro en el que hablaremos menos y trabajaremos más, sin dejar a nadie de lado, especialmente a los más humildes que son quienes necesitan la solidaridad del Estado y de la sociedad para sumarse al paso de quienes han tenido más oportunidades. Nuestro camino hacia la Venezuela del progreso está lleno de bienestar y seguridad.
Hay un camino que nos convoca a todos
Hemos demostrado con los hechos, que vale la pena poner el acento en lo que nos une, porque eso nos hace más fuertes y más útiles. En esta oportunidad Leopoldo se monta en el Autobús del Progreso junto a su equipo y le brindamos una calurosa bienvenida, estamos comprometidos con servir al pueblo.
Estamos abiertos a recibir en el Autobús del Progreso a todos aquellos que quieran formar parte de este equipo. La unidad nos exige que pensemos menos en el yo y más en el nosotros. En la unión está la fuerza.

