Archivos Mensuales: octubre 2011

Sí hay un camino y en Miranda lo demostramos con hechos

¡Qué inyección de energía hemos recibido estos días durante cada uno de los encuentros y recorridos en los que presentamos nuestra propuesta de progreso para Venezuela!

Muchas veces hemos dicho que entre las manos tenemos un país lleno de futuro, un país que no está condenado a repetir los errores ni del pasado del presente. Pues eso, precisamente, es lo que hemos visto reflejado en los rostros y voces de tantas personas que, pese a las muchas dificultades de sus vidas, expresan la alegría de saber que efectivamente hay un camino. Hablo de gente muy distinta entre sí; con tendencias políticas diferentes, pero todas con el convencimiento de que Venezuela debe entrar en un nuevo ciclo de desarrollo económico, con oportunidades reales para que nuestros hijos vivan en una Venezuela mejor.

En este recorrido por varias regiones del país, hemos visto cómo allí también se viven muchos de los obstáculos y problemas que nos ha tocado afrontar desde la Gobernación de Miranda. Un ejemplo es el atropello al derecho constitucional de la distribución oportuna y justa del Situado Constitucional, mal que se repite en cada uno de los estados sometidos a la arbitrariedad de la administración central, en perjuicio de todo el pueblo.

Una constante en la angustia de los ciudadanos es la falta de empleo y el deterioro de los existentes, obviamente en directa relación con la crisis de nuestro parque empresarial. En el interior, principalmente en sectores tradicionalmente dinamizados por la presencia de zonas industriales, este problema adquiere especial importancia por su profundo impacto en la calidad de vida.

Autobús del Progreso a su paso por Catia

El autobús del progreso, en su recorrido por Venezuela, fue a Catia

Hoy nuestras empresas, en promedio, están utilizando apenas la mitad de su capacidad de producción y, en los últimos dos años, han registrado una caída del 14% del llamado Producto Interno Bruto (PIB) manufacturero. Por la otra, el Gobierno central continúa en su afán confiscatorio: ¡Cerca de 400 empresas han sido expropiadas sólo en 2011! Así, en muchas regiones del interior, el Estado central se consolida como el patrono único; un patrono poco confiable, que condiciona el empleo a la lealtad partidista y que, por cierto, combate abiertamente cualquier sindicalismo independiente.

Transformar esta realidad, creando las condiciones para que más y más venezolanos accedan a empleos de calidad, es una tarea primordial del próximo gobierno. No sólo hay que recuperar y reactivar el parque industrial, sino que hay que aprovechar ese extraordinario capital que representa el espíritu emprendedor que existe en el país. Una de las tareas más satisfactorias en nuestra gestión en Miranda, por cierto, ha sido prestar el apoyo necesario para que jóvenes, madres y a menudo familias enteras cumplan el sueño de echar andar su propia pequeña empresa. Es una experiencia que debe multiplicarse a gran escala, pues ello representa multiplicar la independencia, el crecimiento y, en una palabra, el progreso.

Lograr esos empleos requiere, primero, elevar la calidad de nuestro recurso humano; es decir invertir los mayores esfuerzos en optimizar y ampliar el sistema educativo. Así lo hemos hecho en Miranda, construyendo escuelas que son modelo de excelencia, apoyando la formación de los maestros, y mejorando a fondo el proceso de enseñanza y aprendizaje.

En estos y otros tantos desafíos podemos, juntos avanzar hacia una Venezuela con oportunidades de progreso para todos. Que nadie se deje chantajear por quienes dicen que hay que conformarse con lo que hay, porque cualquier otra opción será un retroceso. No: este país tiene más futuro que pasado y más futuro que presente. Del pasado sólo lo bueno y lo útil: aprovechemos las lecciones aprendidas; rescatemos los valores y logros que dejamos el camino; conservemos y despoliticemos los avances sociales, y dejemos definitivamente atrás la confrontación estéril.

Es la hora de recuperar el orgullo de hacer bien las cosas. Los venezolanos sabemos hacerlo. Qué mejor ejemplo que el que nos acaban de dar nuestros jóvenes atletas en los Panamericanos de Guadalajara, con su extraordinaria demostración de voluntad y amor por su bandera. Hacer bien las cosas implica trabajar con los mejores y no con los que mejor repiten consignas políticas. Frente al estilo de una administración que gobierna de emergencia en emergencia, siempre en busca de un enemigo al cual achacar sus propias incompetencias -se trate de la electricidad, la vivienda, el abastecimiento o la inseguridad- impongamos una manera de gobernar con verdadero sentido de la responsabilidad, con respeto a los demás poderes e instituciones y verdadera voluntad de superar la pobreza y alcanzar el desarrollo.

El Autobús del Progreso ya arrancó: que se monten todos los que hoy quieren paz, justicia, bienestar y una Venezuela de progreso.

Progreso

Si alguien quiere saber lo que significa el progreso, y en particular el sentido que le hemos dado en nuestra propuesta al país, no tiene más que salir a la calle y conversar un poco sobre aquello que los venezolanos y venezolanas sueñan para su futuro y para el de sus hijos.

Raro será escuchar una conversación en términos de “izquierda”, “derecha”, “escuálido” o “chavista”; y en cambio seguro que escucharemos expresiones como “echar pa´lante”, “verle el queso a la tostada”, “tener lo que yo no tuve”, “echarle pichón”, “conseguir una oportunidad” y muchas otras relacionadas con techo, trabajo, seguridad, educación o salud. Y es así porque nuestro pueblo está más claro de lo que algunos pudieran pensar en cuanto a sus verdaderos problemas y anhelos, porque sabe que los grandes discursos y los planes que le son anunciados, no significan nada si no se traducen en avances concretos en la mejora de su calidad de vida.

En Venezuela sabemos de progreso. Tanto hablar de cómo nuestra democracia perdió el norte en las últimas décadas del siglo XX, nos hace olvidar que Venezuela pasó de ser un país sumido en el mayor atraso, sin sistema alguno de salud y educación, disminuido por el paludismo y las dictaduras, para convertirse en una sociedad menos injusta, con una clase media que creció durante bastantes años, con una educación masiva y democrática, a la vanguardia en el control de diversas enfermedades, entre muchos otros logros que, lamentablemente, se diluyeron en los vicios de un sistema que, tal como ocurre ahora, fue perdiendo su conexión con las verdaderas necesidades y expectativas del pueblo.

Esa experiencia nos indica que el progreso, en cuanto a las condiciones esenciales para una vida de calidad, tiene que ser integral o sencillamente no existe. Podríamos lograr un magnífico sistema de salud, por ejemplo, pero de poco nos valdrá si no logramos atajar el fenómeno de la delincuencia desbordada, que esta administración dejó crecer a niveles insoportables, o si no logramos garantizar un servicio tan elemental como el eléctrico, que condiciona desde la comodidad básica en nuestro hogar hasta la posibilidad de que las empresas de cualquier tamaño desarrollen su capacidad de producción y de generación de empleo. Esto último, por cierto, representa un drama que hoy sigue sufriendo Venezuela, especialmente en el interior del país, donde el racionamiento eléctrico ya es cotidiano. ¿Quién rinde cuentas de las fabulosas inversiones que supuestamente se han hecho? ¿Acaso se han perdido, como tantas otras, en el desaguadero de la incompetencia y la politización?

En Maracaibo se unieron al autobús del Progreso

En Maracaibo se unieron al autobús del Progreso

De otras tantas áreas podríamos hablar para detallar la ruta de progreso que hoy le proponemos al país, incluyendo, muy a la cabeza, el desarrollo de un sistema educativo orientado no a multiplicar frustraciones a través de la profusión de títulos, sino a la generación de capacidades que permitan acceder al mercado laboral en las mejores condiciones, o mejor aún, desplegar con éxito el espíritu emprendedor de tantos potenciales empresarios que hay en nuestra juventud.

Sin embargo, más allá de los grandes desafíos en materias cruciales como salud, abastecimiento o servicios públicos, el verdadero punto de partida de nuestro viaje hacia el progreso será el dejar atrás las conductas sectarias y garantizar el respeto por las diferencias. Hablo de una Venezuela donde la separación de poderes y la institucionalidad deje atrás las arbitrariedades del caudillismo. Una Venezuela donde no exista divisiones entre los llamados “escualidos” y los “chavistas”. Una Venezuela donde el haber sido o seguir siendo chavista no sea motivo de exclusión a ningún nivel.

En Miranda construimos ese modelo de gobierno, un gobierno que trabaja para todos por igual. En Miranda puede verse un modelo de cómo esa transición es perfectamente posible, y de cómo se abrieron las puertas a una forma distinta de gobernar. Sigamos esa senda. El autobús del progreso, donde todos cabemos, ya está listo para partir hacia un futuro distinto y mejor.