¡Qué inyección de energía hemos recibido estos días durante cada uno de los encuentros y recorridos en los que presentamos nuestra propuesta de progreso para Venezuela!
Muchas veces hemos dicho que entre las manos tenemos un país lleno de futuro, un país que no está condenado a repetir los errores ni del pasado del presente. Pues eso, precisamente, es lo que hemos visto reflejado en los rostros y voces de tantas personas que, pese a las muchas dificultades de sus vidas, expresan la alegría de saber que efectivamente hay un camino. Hablo de gente muy distinta entre sí; con tendencias políticas diferentes, pero todas con el convencimiento de que Venezuela debe entrar en un nuevo ciclo de desarrollo económico, con oportunidades reales para que nuestros hijos vivan en una Venezuela mejor.
En este recorrido por varias regiones del país, hemos visto cómo allí también se viven muchos de los obstáculos y problemas que nos ha tocado afrontar desde la Gobernación de Miranda. Un ejemplo es el atropello al derecho constitucional de la distribución oportuna y justa del Situado Constitucional, mal que se repite en cada uno de los estados sometidos a la arbitrariedad de la administración central, en perjuicio de todo el pueblo.
Una constante en la angustia de los ciudadanos es la falta de empleo y el deterioro de los existentes, obviamente en directa relación con la crisis de nuestro parque empresarial. En el interior, principalmente en sectores tradicionalmente dinamizados por la presencia de zonas industriales, este problema adquiere especial importancia por su profundo impacto en la calidad de vida.
Hoy nuestras empresas, en promedio, están utilizando apenas la mitad de su capacidad de producción y, en los últimos dos años, han registrado una caída del 14% del llamado Producto Interno Bruto (PIB) manufacturero. Por la otra, el Gobierno central continúa en su afán confiscatorio: ¡Cerca de 400 empresas han sido expropiadas sólo en 2011! Así, en muchas regiones del interior, el Estado central se consolida como el patrono único; un patrono poco confiable, que condiciona el empleo a la lealtad partidista y que, por cierto, combate abiertamente cualquier sindicalismo independiente.
Transformar esta realidad, creando las condiciones para que más y más venezolanos accedan a empleos de calidad, es una tarea primordial del próximo gobierno. No sólo hay que recuperar y reactivar el parque industrial, sino que hay que aprovechar ese extraordinario capital que representa el espíritu emprendedor que existe en el país. Una de las tareas más satisfactorias en nuestra gestión en Miranda, por cierto, ha sido prestar el apoyo necesario para que jóvenes, madres y a menudo familias enteras cumplan el sueño de echar andar su propia pequeña empresa. Es una experiencia que debe multiplicarse a gran escala, pues ello representa multiplicar la independencia, el crecimiento y, en una palabra, el progreso.
Lograr esos empleos requiere, primero, elevar la calidad de nuestro recurso humano; es decir invertir los mayores esfuerzos en optimizar y ampliar el sistema educativo. Así lo hemos hecho en Miranda, construyendo escuelas que son modelo de excelencia, apoyando la formación de los maestros, y mejorando a fondo el proceso de enseñanza y aprendizaje.
En estos y otros tantos desafíos podemos, juntos avanzar hacia una Venezuela con oportunidades de progreso para todos. Que nadie se deje chantajear por quienes dicen que hay que conformarse con lo que hay, porque cualquier otra opción será un retroceso. No: este país tiene más futuro que pasado y más futuro que presente. Del pasado sólo lo bueno y lo útil: aprovechemos las lecciones aprendidas; rescatemos los valores y logros que dejamos el camino; conservemos y despoliticemos los avances sociales, y dejemos definitivamente atrás la confrontación estéril.
Es la hora de recuperar el orgullo de hacer bien las cosas. Los venezolanos sabemos hacerlo. Qué mejor ejemplo que el que nos acaban de dar nuestros jóvenes atletas en los Panamericanos de Guadalajara, con su extraordinaria demostración de voluntad y amor por su bandera. Hacer bien las cosas implica trabajar con los mejores y no con los que mejor repiten consignas políticas. Frente al estilo de una administración que gobierna de emergencia en emergencia, siempre en busca de un enemigo al cual achacar sus propias incompetencias -se trate de la electricidad, la vivienda, el abastecimiento o la inseguridad- impongamos una manera de gobernar con verdadero sentido de la responsabilidad, con respeto a los demás poderes e instituciones y verdadera voluntad de superar la pobreza y alcanzar el desarrollo.
El Autobús del Progreso ya arrancó: que se monten todos los que hoy quieren paz, justicia, bienestar y una Venezuela de progreso.

