Archivos Mensuales: agosto 2011

Unidad nacional para alcanzar la tranquilidad

El tema de la seguridad ciudadana es un problema que nos afecta a todos, sin distingo de raza, posición económica o política, y requiere de un gigantesco esfuerzo de unidad nacional, un esfuerzo generoso, sincero, totalmente desprovisto de mezquindades partidistas o cálculos electorales.

Para nosotros, en Miranda, la seguridad es un gran desafío y lo hemos asumido con la mayor seriedad. La lucha por la paz y la tranquilidad de los venezolanos tiene que ser integral, va mucho más que el aspecto policial.

Todos queremos una policía de primera y hay que trabajar duro para tenerla, pero de poco nos servirá si el sistema judicial es incapaz de juzgar oportunamente y sentenciar a los culpables. Más de una vez hemos visto a nuestros policías de Miranda vivir la frustración que significa la liberación injusta de un delincuente en cuya captura se jugaron la vida. Se estima que 80% de los hechos punibles en el país quedan sin respuesta por parte del Estado.

Luego, aunque el sistema judicial trabajara a la perfección, tampoco sería suficiente si las cárceles continúan siendo infiernos donde la delincuencia se multiplica. Supongamos incluso que todos estos nudos se desatan, ¿qué sentido tendría si no logramos superar la crisis de valores que ha conducido a que muchos jóvenes no vean otro horizonte para sus vidas que el de la delincuencia? Ni siquiera con estupendos policías, jueces y cárceles podremos hablar de verdadera seguridad si en este país no comenzamos por ofrecer una educación de gran calidad y un entorno laboral y productivo donde la vida honrada sea cada vez más viable y deseable.

Es por todo ello que desde el Gobierno de Miranda y a pesar de las limitaciones presupuestarias, afrontamos el problema de la inseguridad en todos los frentes posibles. Nuestra primera y mayor apuesta es por la educación, a la que dedicamos más de la mitad de nuestro presupuesto. Buena parte del esfuerzo lo dirigimos a reforzar la calidad de los docentes, porque son ellos los principales aliados en la siembra de los valores de convivencia y honestidad que tanta falta hacen. Unido esto a la construcción de nuevas escuelas y a la ampliación y mejora de las ya existentes. Estamos cerca de cumplir la meta de las 350 nuevas aulas.


Mano a mano con el desarrollo educativo va la promoción de la actividad económica productiva y generadora de empleo. Este es otro de nuestros objetivos. Ya superamos los 3.000 créditos a microempresarios, emprendedores y cooperativistas, sumando más de 36 millones de bolívares fuertes. La entrega de estos créditos productivos le ha generado en nuestro estado más de 18.800 empleos directos e indirectos. Adicionalmente a nuestros productores agrícolas les damos el impulso que necesitan para seguir fortaleciendo el cultivo mirandino, que pocos saben todo lo que producimos en Miranda.

Paralelamente, avanzamos con un amplio proceso de mejoras en nuestra Policía de Miranda. Nos sentimos cada vez más orgullosos porque a través del proceso de selección más riguroso de cuantos se aplican en los cuerpos policiales del país, junto al trabajo de nuestra nueva Academia de Policía, estamos construyendo progresivamente un equipo de excelencia.

Quisiéramos tener cuatro veces más efectivos, que es lo que necesitamos en nuestro estado, pero mientras avanzamos hacia ese objetivo nuestra prioridad es que los actuales efectivos de nuestra policía sean unos verdaderos servidores públicos, aliados del ciudadano.

Hablando de esa alianza, tengo que referirme al gran arranque que ha tenido nuestro Servicio de Policía Comunal de Miranda. Hemos hecho un cambio radical en las relaciones de nuestra policía con las comunidades. Estos funcionarios, en contacto directo con las comunidades organizadas, llevan información y asesoría en temas como violencia intrafamiliar, prevención de delitos y violación de derechos en general.

En cada caso se diagnostican problemas y se desarrollan talleres que conducen a planes de acción concretos. La efectividad de su actuación ha superado ya importantes pruebas, como la que representó la unidad educativa Ricarda Tovar, de Caucagua. Allí la propia comunidad educativa decidió suspender las clases tras la irrupción de sujetos armados que, entre otras cosas, le causaron un conato de infarto a una maestra. Nuestros policías comunales investigaron el hecho, hicieron contacto con familias vinculadas al problema y finalmente se generaron los acuerdos necesarios para que el plantel volviese a la normalidad. La resolución de un problema en algo tan vital como es la educación.

Es un sólo ejemplo de un enfoque que está dando buenos resultados. Con más recursos y mayores competencias –incluyendo la descentralización del sistema penitenciario, que tantas veces hemos señalado- avanzaríamos más rápidamente en esta lucha por la tranquilidad de los mirandinos.

El Estado venezolano ha perdido un tiempo muy valioso durante la última década, permitiendo que los indicadores de inseguridad se dispararan de forma brutal. Desde Miranda, con la confianza de que la seguridad es posible en Venezuela, mantenemos a la orden nuestra cooperación y experiencias para cualquier esfuerzo serio por revertir esas cifras.

La inseguridad es el enemigo común, no distingue entre colores políticos. Sólo juntos la derrotaremos y, más que con represión, será construyendo un presente de progreso, con educación y empleo para todos, con oportunidades reales para mejorar nuestra vida y la de nuestros hijos, obteniendo esa verdadera independencia que todos queremos.

Sumar y construir para el futuro

Hay un atleta que, sin haber ganado una competencia regional y mucho menos nacional, anuncia no sólo que irá a las Olimpiadas, sino que arrasará con todas las medallas de oro. Uno, por supuesto, no quisiera bajarle todo ese ánimo, pero tampoco es cosa de pasar por tonto y venir a creerse algo tan improbable. Lo razonable, más bien, es decirle a este deportista que, en vez de prometer metas tan ambiciosas, vaya haciendo en su propio patio algunos pequeños méritos que demuestren su capacidad.

Me perdonan si alguien creyó que el tema de esta columna era de deportes, pero la verdad es que este cuento me parece el mejor para ilustrar lo que viene haciendo la administración central en torno al grave problema de la vivienda. Para seguir en la onda deportiva: han llegado detrás de la ambulancia en todas las carreras previas, encima, se han gastado una fortuna, nadie sabe muy bien en qué, y ahora dicen que ganarán el gran maratón.

Se nos hace cuesta arriba creerles porque, desde nuestra perspectiva, el problema de la vivienda en Venezuela es un asunto que por su magnitud y complejidad, nos muestra de forma clara la necesidad urgente de reconstruir la unidad nacional, y esa necesidad, no es la prioridad del Gobierno Central.

Hay cosas que debemos hacerlas como un gran equipo o sencillamente no las podremos lograr, ni siquiera con todos los miles de millones que proporciona un barril de petróleo en torno a los 100 dólares.

Con ese ánimo excluyente, el Gobierno Central lleva años en su empeño de que la solución al problema es suya y sólo suya, apenas compartida por aquellos que políticamente no representan una competencia.

Fue así como se desarrolló una historia que comenzó con las Unidades Cívico-Militares del Plan Bolívar 2000,cuyas promesas de viviendas acabaron en sonadas acusaciones de corrupción que, a su vez, no acarrearon los debidos castigos. Luego hemos tenido casi más misiones que la NASA: la Misión Hábitat (2004), la Misión Villanueva (2006), la Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor (2009) y ahora la Gran Misión Vivienda Venezuela (2011), que con el respaldo y la credibilidad que puede quedar tras una larga cadena de promesas incumplidas, anuncia que multiplicará casi por ocho el promedio de la producción anual de viviendas. Es decir que pasarán de las modestas 33.000 de los últimos 12 años a nada menos que 250.000.

Paralelamente, el Tesoro Nacional ha sufrido una serie de convenios binacionales para el desarrollo de viviendas. Uno de los más antiguos se firmó en 2006 con Uruguay para la construcción de 12.193 casas. De éstas, a diciembre de 2010, se habían construido 11; es decir un éxito del 0,09%. Todo un anti-record. El mismo año se estableció un convenio con Bielorrusia para un complejo de más de 7.000 casas en Aragua, de las cuales sólo han sido parcialmente terminadas 900 a un costo de 300 millones de dólares. Otros acuerdos similares se han establecido posteriormente con Portugal, China, Rusia y Brasil.

Todo lo anterior representa una cantidad de millones que ya hubiéramos querido tener en Miranda para administrarlos con el cuidado con que hemos gastado lo que han dejado estos casi tres años de práctica congelación del Situado Constitucional. A la fecha, más de 106.000 mirandinos se han beneficiado del programa de Certificados Mirandinos de Materiales de Construcción sin deuda, que ha resultado una fórmula muy efectiva para motorizar soluciones habitacionales, donde los mismos mirandinos deciden cómo la quieren y dónde la quieren, esa es la verdadera independencia.

Miles de familias han recibido apoyo para adquirir viviendas en el mercado primario o secundario, para levantar una Vivienda Semilla, para ampliar sus propias viviendas o para acondicionar espacios productivos en el hogar. Hemos dado el respaldo a cientos de mirandinos que quedaron sin vivienda a causa de las lluvias que han caído en los últimos meses.

Más que en grandiosos planes hemos apostado por el protagonismo y la cooperación de los propios mirandinos. Por eso en 2010 emprendimos el plan Soy Propietario, mediante el cual los mirandinos obtienen los documentos de propiedad o títulos supletorios de vivienda. También creamos la Escuela de Constructores Populares de Miranda, en alianza con la Universidad Central de Venezuela (UCV), de la cual este viernes egresaron 59 nuevos Constructores Populares, vecinos que además de convertirse en parte fundamental de la solución para su propio problema de vivienda, han adquirido un oficio productivo, con el que pueden ingresar al mercado laboral.

En Miranda hemos comprobado que más allá de las limitaciones presupuestarias se pueden lograr avances significativos cuando se trabaja con la mente abierta a las alianzas, sin prejuicios políticos de ningún tipo, con el ánimo de sumar y construir y no el de dividir y vencer.

Si se cambia el enfoque que hoy reina, si las instituciones desarrollan la capacidad de prevenir y castigar a quienes convierten los programas de vivienda en fuentes de corrupción, si se suman talentos y voluntades, lo que hoy es un gran problema estoy seguro se podría convertir en una nueva oportunidad para que los venezolanos, sin distinciones de color político, alcancemos un éxito extraordinario del cual todos podamos sentirnos orgullosos.