El tema de la seguridad ciudadana es un problema que nos afecta a todos, sin distingo de raza, posición económica o política, y requiere de un gigantesco esfuerzo de unidad nacional, un esfuerzo generoso, sincero, totalmente desprovisto de mezquindades partidistas o cálculos electorales.
Para nosotros, en Miranda, la seguridad es un gran desafío y lo hemos asumido con la mayor seriedad. La lucha por la paz y la tranquilidad de los venezolanos tiene que ser integral, va mucho más que el aspecto policial.
Todos queremos una policía de primera y hay que trabajar duro para tenerla, pero de poco nos servirá si el sistema judicial es incapaz de juzgar oportunamente y sentenciar a los culpables. Más de una vez hemos visto a nuestros policías de Miranda vivir la frustración que significa la liberación injusta de un delincuente en cuya captura se jugaron la vida. Se estima que 80% de los hechos punibles en el país quedan sin respuesta por parte del Estado.
Luego, aunque el sistema judicial trabajara a la perfección, tampoco sería suficiente si las cárceles continúan siendo infiernos donde la delincuencia se multiplica. Supongamos incluso que todos estos nudos se desatan, ¿qué sentido tendría si no logramos superar la crisis de valores que ha conducido a que muchos jóvenes no vean otro horizonte para sus vidas que el de la delincuencia? Ni siquiera con estupendos policías, jueces y cárceles podremos hablar de verdadera seguridad si en este país no comenzamos por ofrecer una educación de gran calidad y un entorno laboral y productivo donde la vida honrada sea cada vez más viable y deseable.
Es por todo ello que desde el Gobierno de Miranda y a pesar de las limitaciones presupuestarias, afrontamos el problema de la inseguridad en todos los frentes posibles. Nuestra primera y mayor apuesta es por la educación, a la que dedicamos más de la mitad de nuestro presupuesto. Buena parte del esfuerzo lo dirigimos a reforzar la calidad de los docentes, porque son ellos los principales aliados en la siembra de los valores de convivencia y honestidad que tanta falta hacen. Unido esto a la construcción de nuevas escuelas y a la ampliación y mejora de las ya existentes. Estamos cerca de cumplir la meta de las 350 nuevas aulas.

Mano a mano con el desarrollo educativo va la promoción de la actividad económica productiva y generadora de empleo. Este es otro de nuestros objetivos. Ya superamos los 3.000 créditos a microempresarios, emprendedores y cooperativistas, sumando más de 36 millones de bolívares fuertes. La entrega de estos créditos productivos le ha generado en nuestro estado más de 18.800 empleos directos e indirectos. Adicionalmente a nuestros productores agrícolas les damos el impulso que necesitan para seguir fortaleciendo el cultivo mirandino, que pocos saben todo lo que producimos en Miranda.
Paralelamente, avanzamos con un amplio proceso de mejoras en nuestra Policía de Miranda. Nos sentimos cada vez más orgullosos porque a través del proceso de selección más riguroso de cuantos se aplican en los cuerpos policiales del país, junto al trabajo de nuestra nueva Academia de Policía, estamos construyendo progresivamente un equipo de excelencia.
Quisiéramos tener cuatro veces más efectivos, que es lo que necesitamos en nuestro estado, pero mientras avanzamos hacia ese objetivo nuestra prioridad es que los actuales efectivos de nuestra policía sean unos verdaderos servidores públicos, aliados del ciudadano.
Hablando de esa alianza, tengo que referirme al gran arranque que ha tenido nuestro Servicio de Policía Comunal de Miranda. Hemos hecho un cambio radical en las relaciones de nuestra policía con las comunidades. Estos funcionarios, en contacto directo con las comunidades organizadas, llevan información y asesoría en temas como violencia intrafamiliar, prevención de delitos y violación de derechos en general.
En cada caso se diagnostican problemas y se desarrollan talleres que conducen a planes de acción concretos. La efectividad de su actuación ha superado ya importantes pruebas, como la que representó la unidad educativa Ricarda Tovar, de Caucagua. Allí la propia comunidad educativa decidió suspender las clases tras la irrupción de sujetos armados que, entre otras cosas, le causaron un conato de infarto a una maestra. Nuestros policías comunales investigaron el hecho, hicieron contacto con familias vinculadas al problema y finalmente se generaron los acuerdos necesarios para que el plantel volviese a la normalidad. La resolución de un problema en algo tan vital como es la educación.
Es un sólo ejemplo de un enfoque que está dando buenos resultados. Con más recursos y mayores competencias –incluyendo la descentralización del sistema penitenciario, que tantas veces hemos señalado- avanzaríamos más rápidamente en esta lucha por la tranquilidad de los mirandinos.
El Estado venezolano ha perdido un tiempo muy valioso durante la última década, permitiendo que los indicadores de inseguridad se dispararan de forma brutal. Desde Miranda, con la confianza de que la seguridad es posible en Venezuela, mantenemos a la orden nuestra cooperación y experiencias para cualquier esfuerzo serio por revertir esas cifras.
La inseguridad es el enemigo común, no distingue entre colores políticos. Sólo juntos la derrotaremos y, más que con represión, será construyendo un presente de progreso, con educación y empleo para todos, con oportunidades reales para mejorar nuestra vida y la de nuestros hijos, obteniendo esa verdadera independencia que todos queremos.