Archivos Mensuales: mayo 2011

Columna 29 de mayo

Una vez escuché a una persona decir que se sentía terriblemente mal, que sufría diversos dolores y una creciente debilidad, pero que su médico le decía que no veía nada anormal en los exámenes, y que se quedara, pues, tranquilo. Entonces, con la agudeza y el humor que nos caracteriza, dijo: “A este ritmo, me voy a morir en perfecto estado de salud”.

¿Será ese el destino que pretenden para Venezuela quienes la someten hoy a una permanente disonancia entre la realidad y las cifras; disonancia que llegó a niveles de extrema creatividad con el reciente informe del 4,5% de crecimiento del PIB en el primer trimestre de 2011?

Algunos podrían especular que la razón de tal disonancia es la falsificación de los datos; la manipulación fraudulenta de la información. La verdad puede, en realidad, ser mucho peor en cuanto a sus consecuencias para el país. La verdad tiene que ver, más probablemente, con el ciego empeño en ignorar el desabastecimiento, el colapso de la infraestructura, la crisis eléctrica, el deterioro de la calidad de vida; en pocas palabras: los problemas más sentidos por los venezolanos, aferrándose exclusivamente a aquellas cifras y datos que permiten legitimar como triunfo lo que en verdad es el fracaso de un modelo económico y político. Sí, ese fracaso que se evidencia en cada promesa incumplida o en cada iniciativa que, típicamente, arranca como caballo y frena como burro. ¿Un ejemplo reciente? Visiten cualquiera de las menguadas areperas socialistas; símbolo claro de lo que ocurre cuando desaparecen los estímulos reales a los emprendedores. Cualquier pequeño negociante de Río Chico, por ejemplo, les podría dar claras lecciones que expliquen en qué han fallado.

Hacer fiesta con cifras que hablan de una Venezuela boyante y próspera, parece suicida en lo político, pues representa un insulto para cada venezolano  y venezolana que vive en el país real: el del desempleo o el del empleo de pésima calidad; el de la inflación, la escasez y la inseguridad. Cuesta entenderlo, pero así es: al lugar común según el cual “el poder absoluto corrompe absolutamente”, tendríamos que añadir que, además, desconecta absolutamente.

Lo que vimos fue un gran alborozo, como si nuestros ministros de la economía regresaran del colegio con una boleta llena de “veintes” para enseñársela al orgulloso padre. ¿Cuál es entonces el problema? ¿Son falsas acaso estas “notas”? El problema, como decíamos, es que apenas reflejan una parcela de los hechos.

 Es cosa reconocida por los expertos del desarrollo, y desde hace mucho, que indicadores macroeconómicos como el PIB son de muy poca utilidad para determinar el avance real de una sociedad en la búsqueda de su bienestar. Estas críticas a los enfoques basados en indicadores macroeconómicos como el PIB, dieron precisamente lugar al concepto de “desarrollo humano” y a su hoy famoso Índice que regularmente publica el PNUD. Ese Índice de Desarrollo Humano, tan aludido por el gobierno, es reconocido por el  PNUD como una herramienta para identificar condiciones materiales mínimas para el desarrollo; condiciones que de poco sirven –lo dicen los propios creadores del concepto- si se cumplen a costa de  las libertades políticas, la participación en la vida comunitaria y la seguridad física; es decir, algunos de esos “detalles” que no son ni quieren ser medidos por el gobierno. ¿No es, en el fondo, el mismo error y el mismo drama de Cuba, con sus estupendas cifras en salud, educación y deporte, tan reales quizás como las penurias crónicas de su población?

¿Cómo se habla de una Venezuela en crecimiento con gremios en huelga pidiendo reconsideraciones salariales? ¿Cómo una madre alimenta a sus hijos si enfrenta diariamente la escasez?¿Cómo se juega con la esperanza de los  venezolanos con promesas de vivienda? Debemos promover soluciones para un pueblo reconciliado, con acceso a los recursos para todos por igual. Y, lamentablemente, el crecimiento económico anunciado semanas pasadas no se ha traducido, precisamente, en progreso para nuestro pueblo.

El verdadero desarrollo humano es el que nos hace más capaces y no más dependientes; es decir no el que hace al Estado y al país en su conjunto más dependiente de la renta petrolera y a cada individuo, a su vez, más dependiente del Estado. Mucho menos aún es el que crea servidumbre ideológica a un estamento en donde caudillo, gobierno y partido se funden en una sola cosa. Hablamos, pues de no repetir los mismos errores cometidos durante décadas y décadas, que seguirán siendo viejos errores aunque los rebauticen con nombres revolucionarios. Celebramos, por supuesto, que determinadas acciones logren reducir las cifras actuales de pobreza y desigualdad; pero la alegría dura poco cuando constatamos que son logros tan frágiles que no aguantarán una eventual caída de los precios del petróleo…pan para hoy y hambre para mañana.

Afortunadamente, ni el mundo ni Venezuela tienen hoy las condiciones necesarias para que se impongan con éxito los que pretenden construir realidades por decreto desde el poder. Quienes así actúan, irrespetan la inteligencia del pueblo y echan las bases de su derrota. Las realidades, hoy más que nunca, se construyen con hechos cumplidos y no con meras palabras; con gobiernos claramente orientados a las soluciones concretas para problemas concretos, con políticas que además de distribuir inviertan e inviten a invertir, con el pensamiento puesto en desplegar las capacidades de cada individuo y familia para su progreso, y sobre todo con democracia de verdad: la que a nadie excluye ni discrimina, la que convoca a todos porque de todos es el futuro.

¡Ah! Por cierto, el personaje de la anécdota no se murió “en perfecto estado de salud”. Cambió de médico y está en franca mejoría.

Columna 22 de mayo

Hace 12 años, nos encontramos frente a un modelo político que ha decidido hacerse cada vez más poderoso, favoreciendo sólo a unos y dejando por fuera a muchos. Un modelo agotado que se ha basado en la concentración de poder y la estrangulación de los sectores privados y en el emprendimiento de los venezolanos. El estado, sus instituciones y sus gobernantes tienen la responsabilidad trabajar con el sector privado para lograr un acuerdo entre todos los venezolanos para construir progreso y garantizar el orden, la seguridad y el crecimiento económico que nuestro pueblo merece. Pero por el contrario, estamos frente a un modelo todopoderoso que, en el sector alimentario, participa directamente en la provisión de servicios básicos y que ha monopolizado las redes de distribución. Basta con salir a la calle para darnos cuenta del deterioro de nuestra calidad de vida… basta con ir al supermercado y no conseguir todos los alimentos que necesitamos ¿realmente el pueblo tiene más poder cuando ni siquiera se le está garantizando el abastecimiento de alimentos? No. Día a día los venezolanos tienen que realizar recorridos interminables por cadenas de supermercados para conseguir alimentos tan elementales como pan, azúcar, harina o leche. Lamentablemente el desabastecimiento se ha convertido para el gobierno en una ecuación política donde expropia, controla y maneja los recursos para posteriormente, culpar a quienes no lo apoyan políticamente por el incumplimiento producto de su misma incapacidad, porque esa es una responsabilidad que no puede recaer única y exclusivamente sobre sus hombros sino que debe ser el resultado de un trabajo articulado entre los diferentes sectores del país. Hoy, nos enfrentamos a un modelo que culpa a las cadenas de supermercados privadas y los productores de alimentos de acaparamiento, de saboteo, de especulación cuando en realidad, es un sector que está colapsado frente a un gobierno que no facilita el acceso a los recursos y utiliza un sistema de amenazas permanentes para buscar llevarlos a sumisión al sistema. Nosotros aplaudimos iniciativas desarrolladas por el gobierno como lo son Mercal, Pdval y los Abastos Bicentenarios. Sin embargo, el problema es que no funcionan, muestran fallas que abarcan: la escasez, las largas colas que deben realizarse para adquirir los bienes a bajo costo, la venta de productos en condiciones inadecuadas, y la corrupción dentro de las mismas redes de distribución. ¿Qué falte azúcar o que devalúen es culpa de un vendedor en el mercado? No. En Venezuela el desabastecimiento se debe a una serie de políticas erradas que han estrangulado la producción nacional a través de regulaciones de precios, desincentivos y controles de cambio. Esto puede ser diferente, en Miranda utilizamos el poder como herramienta para que muchas vidas se conviertan en historias de progreso personal y familiar. Si el pueblo progresa, el país progresa. EJEMPLOS DE PLANES EN MIRANDA relacionados con tema alimentos Debemos dejar a un lado las ideologías y las artimañanas políticas y ante todo debemos proveer al pueblo venezolano con soluciones concretas a sus problemas como hoy lo es el abastecimiento de alimentos. Estoy convencido de que llegó el momento de cerrar el ciclo, llegó el momento de construir la Nueva Venezuela, una Venezuela para todos por igual donde no importa credo, raza, género y menos la orientación política.